La inmortalidad del cangrejo, graffitis y under bajo las estrellas

En filosofía este dicho se basa en que como el cangrejo no tiene conciencia de sí mismo, todos son, desde el punto de vista de quien los ve, el mismo.

El sábado comenzó cerca de la medianoche en la casa de mi amiga Rita junto a un par de vodkas con tónica y limón. Cerca de las 02:00 am, partimos a nuestro primer destino de la noche: Santería. Ubicado a los pies del Cerro San Cristóbal -en Santiago de Chile- y a unos pasos de la casa que el poeta Pablo Neruda le construyó a su amante ‘La Chascona’.

El club Santería es uno de esos típicos lugares que tienen todo el potencial para ser muy buenos, pero no lo son. Una gran terraza semi cubierta ideal para fumar, bonitos muebles en la zona del bar y en el subterráneo un espacio perfecto para bailar, sin embargo algo no cuaja. No sé si será la música, la gente o quizá que el lugar ya cumplió su ciclo de vida. Nada que no pueda arreglarse con un poco de visión, marketing y branding. Pese a todo fuimos porque Rita me había pedido que pasáramos a saludar a un compañero de su oficina que se estaba celebrando su cumpleaños ahí. Yo también lo conocía por lo que me pareció bien, pero además me enteré que se trataba de una fiesta ‘Liquid’ y me bajó una especie de nostalgia.

Por el año 2004 la noche gay santiaguina se movía entre 3 o 4 clubes en los que semana a semana te encontrabas con la misma gente y escuchabas -casi en el mismo orden- las mismas canciones, hasta que un día Liquid irrumpió con un formato de fiestas itinerantes en lugares fuera de lo común y en barrios distintos al circuito habitual. Al principio llegabas por el boca a boca de tus amigos más taquillas y una vez adentro te encontrabas con gente nueva, muy guapa y prendida, porque acá el estilo de DJ de discoteca que ponía todas las canciones sobre esa basecita dance del terror había quedado atrás. Con el tiempo, y como es el ciclo natural, lo indie pasó a ser mainstream y el modelo de negocio se imitó hasta saturarlo. Hoy, a casi a 10 años, este tipo de fiestas ya no tienen novedad alguna, se hacen semana a semana, itineran por los mismos clubes, ves a la misma gente y bailas las mismas canciones -casi- en el mismo orden.

Después de bailar algunos one hit wonder noventeros, partimos rumbo al centro de la capital en busca de Cielito Lindo, un estilo de fiestas house/electro/acid en la que encuentras gente distinta y alcohol a precio justo. El lugar elegido es un local de 3 pisos que en el día funciona como bar cervecero universitario. Harto ladrillo al aire, harto hormigón, grafiti y stickers le dan una onda bien under y está buena. Llegamos pasadas las 3am, justo para el turno del DJ argentino invitado: Terry Strip Disc. Todo iba bien hasta que mezcló la primera canción con la siguiente. No soy experto en mezclas, pero les puedo asegurar que la hija de 8 años de mi amigo Pink lo hace mucho mejor. Después de un rato de canciones disco, Terry dejó sus fonos al lado, se sacó la polera y al nano segundo después ya no tenía pantalones, solo una sunga de leopardo que movía a lo horny bitch style prendiendo el lugar y ganándose los gritos de las chicas y los gays.

Rita me llevó a conocer el tercer piso, ahí era donde guardaban el cielito lindo. La noche estaba estrellada y la azotea rodeada de torres en construcción de veinte pisos y alrededor de 20 departamentos por cada uno, que cuando se terminen de ocupar serán 400 llamados por torre a seguridad ciudadana reclamando por el ruido que meten en aquel antro con azotea de más abajo. Así es el plan de ‘re urbanización’ del centro de Santiago. Saturado, masivo.

Volvimos a la pista cuando comenzó a pinchar Miklos Tercero. Buena performance, buena música. Impecable. Caliente. El resto de la noche me la pasé bailando house, pegado tratando de descifrar grafitis y pensando en la inmortalidad del cangrejo. ¿Será que ante los ojos de otra especie nos veremos iguales, haciendo lo mismo, moviéndonos hacia la misma dirección? ¿Será por eso que tratamos de ser distintos, de salirnos de la masa, de lo saturado? ¿Será lo que nos  lleva a disfrutar más de aquella canción cuando aún no es tan conocida por el resto o a sentirnos más taquillas por ir a esa fiesta que nadie conoce? Al final del día todos llevamos una sunga de leopardo y esperamos el momento ideal para mostrársela al resto y ser distintos.