Si “eres lo que comes”, no seas crueldad

A veces es momento de cuestionar todo aquello que nos han enseñado.

Quizá no tenga yo los argumentos “válidos” para convencer a todo el mundo de que sean veganos tan sólo por leer esta publicación, quizá no tenga la información que ustedes buscan, quizá lo que yo pueda decirles con respecto al veganismo no sea razón suficiente como para intentarlo, quizá piensan que es una buena causa aunque no para ustedes, quizá realmente disfruten el sabor jugoso de la carne entre sus papilas gustativas, y quizá estén acostumbradas (y acostumbrados) a la “proteína” que les incluye en su dieta.

No les hablo por mí al incitarles a no comer carne, les hablo por los protagonistas de este cortometraje que fue filmado durante enero y agosto de 2012 en los distintos mataderos del centro-sur de Chile.

(Para mayor información sobre esta investigación/cortometraje favor de dar click aquí, en el sitio de Mataderos: un reporte especial 100% chileno realizado por la ONG, también chilena, llamada Elige Veganismo.)

Además, la Declaración de Cambridge comprobó ante el gobierno europeo, con más de un centenar de estudios hechos por neurobiólogos profesionales, que las terminales nerviosas de cualquier animal perciben señales similares a las de nosotros los humanos cuando presentamos el fenómeno de las emociones. Según la propia declaración: “Los sustratos neurales de las emociones no parecen estar restringidos a estructuras corticales. De hecho, redes neurales subcorticales excitadas durante estados afectivos en los seres humanos también tienen una importancia crítica en la generación de estados emocionales en animales no humanos. La excitación artificial de las mismas regiones cerebrales generan conductas y estados emocionales correspondientes tanto en animales humanos como no humanos. En dondequiera que sea que el cerebro suscite comportamientos emocionales instintivos en animales no humanos, muchos de los comportamientos que resultan son consistentes con estados de sentimientos experimentados, incluso aquellos estados internos que recompensan o castigan. La estimulación cerebral profunda de estos sistemas en seres humanos también pueden generar estados afectivos semejantes. Los sistemas asociados con [las emociones y a los sentimientos] están concentrados en regiones subcorticales donde abundan homologías neurales. Seres humanos jóvenes y animales no humanos sin neocórtices retienen estas funciones cerebro-mentales. Inclusive, circuitos neurales que apoyan los estados conductuales y electrofisiológicos de atención, sueño y toma de decisiones parecen haber surgido en la evolución”.

No obstante, en su libro Matadero: La impactante historia de la codicia, negligencia, y trato inhumano dentro de la industria de la carne, Gail A. Eisnitz tuvo la oportunidad de entrevistar personalmente a varios trabajadores de distintos mataderos a lo largo del país primermundista de América y, conforme a las respuestas que obtuvo, se pudo dar cuenta no sólo de la crueldad inhumana y el abuso con los que estas personas trataban día a día a lo animales, sino también de las neglicencias de higiene presentes en estos mataderos:

  • “Los cerdos, aturdidos, se me acercan en el piso como si fueran perritos y, dos minutos más tarde, yo debo matarlos a golpes con una pipa”.
  • “Es que no sólo lo matas; se lo clavas hasta el fondo, empujas la pipa y lo haces ahogarse en su propia sangre”.
  • “Te podría contar muchas historias de terror, de animales de ganado que se quedan atorados debajo de las puertas de guardia. Y la única forma de liberarlos es cortándoles la cabeza. Mientras siguen vivos”.
  • “He golpeado vacas hasta que sus huesos se rompen, mientras siguen vivas: arrastrándolas por el piso y, cuando se atoran en las puertas, las jalo hasta que su piel se rasga y hasta que la sangre gotea en el concreto y en el acero; rompiendo sus piernas. Y la vaca llora con la lengua de fuera. La jalan hasta que su cuello se rompe”.
  • He visto a animales vivos ser aturdidos, sacudidos, golpeados y despellejados. Demasiados, como para llevar la cuenta”.
  • “He visto a tipos agarrar escobas y clavarlas en los traseros de las vacas. Cogiéndoselas con un puto palo de escoba”.
  • “Una vez tomé un cuchillo, lo suficientemente filoso, y le rebané la nariz a un cerdo como si fuera un trozo de salami. ¡El cerdo se puso loco! Después se quedó ahí sentado unos segundos, como estúpido. Tomé un poco de ácido, lo puse en lo que quedaba de su nariz, ¡y entonces sí que se puso loco! Y luego, como traía guantes puestos y aún me quedaba ácido en la palma de la mano, metí el brazo en su ano. ¡Y entonces sí que se puso loco! El pobre cerdo no sabía si quedarse sentado o ciego”.
  • “Nadie corrige el abuso a los animales dentro de la planta. Y te aseguro que al gobierno no le interesa”.
  • He visto cucarachas, moscas, y ratas de hasta 10 centímetros en el piso y en las paredes”.
  • “Después de ser colgados, los pollos casi siempre resbalan de la línea de producción y caen a la alcantarilla que corre a pocos centímetros debajo de ella; allí es donde se encuentran los intestinos podridos, partes infectadas, contaminación fecal, sangre, vómito y orina de los animales y también de los trabajadores. Y los supervisores nos ordenan que todo pollo que cae allí, debe de ser regresado a la línea inmediatamente”.
  • Muchas veces nos venden caballos infectados, y los mezclamos todo junto con la carne. Se supone que están infectados, ya sea por una parte suya o por la neumonía que está en todos lados, pero igualmente mi jefe me dice que se tiene que procesar su carne”.
  • Yo personalmente he visto carne podrida, se reconoce por el olor. Esta carne se mezcla con la carne fresca y la venden como comida para bebé, incluso”.

Por si fuera poco, estudios mundiales por parte de El nuevo diario de medicina y El diario de la nutrición en Inglaterra, certifican científicamente que al comer carne: engordas sin un control metabólico definido y, por tanto, corres riesgo de padecer obesidad; incrementas los riesgos de padecer cáncer, hipertensión, diabetes, y entre otras enfermedades mortales; tus huesos se descalcifican, y a la larga contraes osteoporósis; padeces de insomnio y gatritis gracias a la indigestión provacada por el tiempo y la cantidad de ácido que tu estómago necesita producir para digerirla; descontrolas tu ciclo menstrual y crecimiento del vello por las hormonas que le introducen a los cadáveres de los animales para su conservación; te da menos sed, por lo que consumes menos agua y esto te provoca insuficiencias renales, además de complicaciones al no poder eliminar la grasa y las toxinas que tu cuerpo almacena de estos productos; la digestión acídica y tardía consume tus antioxidantes y energía, por lo que estás cansado todo el tiempo y la salud de tu piel empeora al presentarse arrugas y ojeras con mayor facilidad en ella; y sufres disfunción erectil o pierdes fertilidad en tus ovarios y trompas de falopio.

Además, si bien somos lo que comemos, ¿qué somos al comer carne? ¿Qué nos estamos llevando a la boca? Angustia, miedo, lágrimas, tristeza. Hormonas, muchas hormonas. Suciedad, virus, enfermedades, heces, desechos que nadie limpia en un matadero porque nadie limpia en un matadero, créanme.

Y si una vez más los insito a no comer carne, créanme que no lo hago por mí. Si los insito a no comer carne, lo hago por ellos: porque ellos no pueden.