¡Arriba del arcoíris la vida es más sabrosa!: Orgullo gay en Chile

Manutime debuta en Belelú, con una excelente columna sobre el dìa de la Marcha por la Igualdad. ¡Bienvenido!

Sin ser tan sinónimo de carnaval, pero tampoco dejando atrás el brillo, glamour y creatividad de una verdadera fiesta, miles de personas marcharon el sábado pasado con motivo de la segunda Marcha por la Igualdad y la Diversidad Sexual. Familias enteras apoyando a sus miembros, muchos de ellos pertenecientes a minorías sexuales. El apoyo era la clave, y el sol hizo que la tarde fuese aún más perfecta.

Desde Plaza Italia al Paseo Bulnes, los guiños del verano hicieron más placentera una movilización que en su segundo año buscaba reunir a gran parte de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales), pero esta vez no tan solos. La consigna era que las familias formaran parte de una marcha de festejos, colores, esencia y conciencia de diversidad sexual. Acá el tema era aceptar y respetar, algo que claramente no debe quedar en una tarde y que por estos días debería ser más que un eslogan.

No obstante, el motivo es increíble cuando se trata de aceptar al otro tal cual es. En medio de la caminata todos los entendían así. Desde Lady Gaga convertida al transformismo, y misses en cuerpos de hombre que no le temen a nada, ni a los reinados ni a vivir travestidos. Y acá es donde es bueno detenerse un segundo: en el coraje, en la pasión y en el desenfado. Piezas claves para mirar con más felicidad el mundo.

La gran parte de las minorías sexuales en nuestro país no ha vivido en la comodidad absoluta una vez que “hacen pública” su opción. La valentía para algunos es una forma de enfrentar cada paso que se da en una selva capitalina que asusta, intimida, enjuicia, golpea, discrimina, atemoriza e incluso mata.

Esto último, lo conocimos hace meses atrás con la historia que existió tras el fallecimiento, -deleznable y cobarde-, de Daniel Zamudio. Un relato de vida marcado por amenazas una vez que de manera fehaciente dio a conocer su condición. Por ello, es bajo esta premisa que cada uno de los golpes, insultos y descriterios que este joven de 24 años recibió, se vieron reflejados el sábado en cada una de las historias personales de homosexuales, lesbianas, travestis, transformistas, bisexuales y quienes aún viven temerosos de solo exigir respeto.

Ver desfilar cientos de anhelos, de experiencias, de gestos, de sonrisas y de emociones es impagable cuando se pide una sociedad más íntegra. Sin embargo, estamos a años luz de entendernos con los códigos, -a mi parecer normales-, de respeto hacia el otro. Se transgrede no sólo en colegios, universidades, trabajos e instituciones, sino que a nivel personal, familiar e incluso emocional. Si no, es cosa de mirar como a ratos hasta en los propios homosexuales cuesta entender que darse la mano en la calle no es pecar.

Gracias a al arduo trabajo que por años ha realizado el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH), lucha a la que se unieron también la Fundación Iguales y el proyecto Todo Mejora, la población homosexual ha aprendido a vivir sin temor. Se ha generado un ambiente de mayor aceptación, que de todas formas está mermado por políticas públicas que aún no dejan de sorprender. Y para mal, ya que están fundadas en la desintegración y en una especie de feudalismo, donde las autoridades buscan callar temas realmente trascendentales para una sociedad.

Acá en Chile los estigmas y prejuicios aún toman una fuerza insospechada, y no dejan avanzar. Pero la cosa es simple. No somos infrahumanos, no somos soberbios, no somos “tirados de las mechas”, no somos locas, no somos vulnerables, no somos activistas, no somos cómodos, no somos facilistas, ni somos tan empoderados tampoco. ¿Qué somos entonces? Personas, primero. Conscientes, segundo. Y quizás lo más importante, felices con cada una de nuestras luchas personales, que si las logramos unir, no dejan indiferente a nadie.

El rechazo a las minorías sexuales es un puro y arraigado absurdo histórico que ya no encuentra argumentos válidos para seguir actuando. Poner a la homosexualidad como tema país no debería ser materia de discusión en ninguna parte. Hoy el debate apunta a la vulnerabilidad de derechos, inalienables y consagrados, que necesitan de un apoyo a nivel social, pero que cada vez encuentran menos adeptos, incluso en la propia familia. Es ahí donde el punto de inflexión se debe hacer. A veces un abrazo y un te amo, hacen de la vida algo mucho más sabroso.

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