Amor cibernético y un poco de poesía

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Es increíble que te puedas enamorar por la red. Es que el intercambio de palabras, de imágenes, de ideas puede ser infinitamente seductor.

He conocido a un hombre maravilloso, lejano pero al mismo tiempo mágicamente cercano… los mismos lugares, las mismas borracheras, reflexiones sincrónicas…  pero como dice el sentido común,  no todo es perfecto… ¡tiene novia!

Eso es un mal presagio… aunque, perfectamente este “pero” podría estar en la nebulosa del personaje inventado, y no haber sido declarado… al menos, eso hace no desconfiar.

Tratando de hacerme cargo de esta extraña aventura he llegado a hablar horas con una amiga, mina alfa,  segura, bella y la única que no cree que estoy absolutamente loca, que me ha contado una hermosa historia de amor…de encuentros infinitos, de pasión surreal.  Y he llegado a creer que puede haber poesía en la red, y no sólo digitalizaciones de otrora impresos poemas de Oliverio Girondo.

No sólo sirve para armar revoluciones en un tiempo/espacio distinto. También es posible re/vivir la magia de los amores epistolares de pasados que pueblan  libros de amor. Recordar  ese amor subversivo de Sartre y Beauvoir, que a fuerza de cartas, encuentros, filosofía y rebeldía, se muestra como un buen lugar primavera.

¿Y qué hago con la novia? Nada, solo solidaridad de género. También para ella debe ser una historia de puchos nostálgicos y desesperados.

En fin, enamorarse va a ser siempre un lanzarse por el precipicio, para tratar de hacernos de lo bello que podamos atrapar en la caída.

Para acompañar las soledades del amor no posible, además de los 10 cigarros de en un par de horas, Ismael Serrano y su Ya Vez.