Arrogancia femenina: Desde la cuna hasta el trabajo

La arrogancia femenina es hoy una de las peores características que domina a la mujer triunfadora.

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Si fuiste a un colegio de mujeres conoces lo que es realmente una selva. Grupos, guerras por territorio, líderes de manada y toda las estructura de jerarquía animal. La más fuerte y “top” es la que sobrevive. Desde ese entonces supe que las mujeres éramos fatales, pero nunca pensé que al crecer esa característica mutaría a algo peor y con mejor ropa.

Entendiendo que la arrogancia es sinónimo de altanero y soberbio, quisiera poner en el tapete a este concepto tan criticado, pero a la vez tan común en nuestro querido chilito.

El caso más típico es cuando se habla de trabajo. Es cierto, estar frente a un par completamente desconocido para ti (dependiendo de la personalidad algunas veces) puede ser el blanco perfecto para realizar el viejo rito de “el que tiene el curriculum más bacán”. En Chile esta situación es mucho más común de lo que muchos desearíamos y confieso, que también he caído en ese laberinto de egocentrismo.

Será un pretexto para satisfacer tu ego o una crisis de amor propio, pero muchas veces me he pillado, que más que contar tu historia, la idea es vomitar lo bacán que eres. Y es más, siento que en el mundo de las mujeres esa arrogancia se potencia, porque para algunas, hasta como respiras es sinónimo de crítica y competencia con el otro.

¿Es necesario que nos quebremos hasta por la última adquisición de ropa? Es cuestión de ver algunas reuniones sociales. Todas saben que habrá para comer, pero algunas por mantener la línea o conservar el color rojo en los labios no comen nada, pero si preocuparon lucir su mejor facha. Verse bonita es esencial, pero ¿buscamos hacerlo para sentir bellas o para tener la aprobación en nuestro mismo sexo? Ambas y no vengan con que la mayoría de ustedes algunas no se ha sentido así.

La arrogancia también siento que más que actitud para algunas mujeres es una forma de vida; una competencia constante por ser la mejor y recordarse a los integrantes de tu equipo de trabajo. Lo peor, es que ese estilo de mujer tiende a confundir “creerse el cuento” con soberbio. Cómo hacerles entender a estas comadres, que la idea es valorarse y no compararse todo el tiempo con el resto.

Es una misión imposible, pero también va en decisión de una si quiere aguantar a estas chiquillas tan ególatras. ¿Qué hacen ustedes para combatir este actitud?