Colecciones

¡Hay de todo!

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Comencé cuando chica. Mis compañeras comenzaron coleccionando esquelitas de todos los monos y figuras Disney habidas y por haber. Yo también quise tener. Así que comencé hinchando las pelotas a todo el mundo. Mi hermana me pasó de mala gana las de ella, la polola de mi hermano en ese tiempo juntó puntos pasándome varias cajas y casa que iba le pedía a la mujer joven que encontrara que me diera las esquelas que tenía.

Establecí una alcancía para juntar plata para comprar esquelas, exigí que sólo eso se me diera de regalo de cumpleaños y ahí partí. Como todas mis compañeras juntaban esquelas, uno podía cambiarlas o hasta comprar la que uno quisiera a quien tuviera un block de las mismas. Esto se paralelizó junto a la colección de servilletas de todos los restaurantes, bares, y eventos alrededor del mundo. Lo segundo era más fácil, las servilletas son gratis en muchos lados y no cuesta nada apartar una del paquete principal.

Con unos compañeros de oficina ayer conversábamos sobre las diferentes colecciones que cada uno tenía. Algunos coleccionaban libros, otros vinilos y una confesó tener más de 200 pares de anteojos de sol. Recordamos las diferentes colecciones de cucharitas, dedales, cajas, muñecas, monitos, relojes, botellas, adornos varios, piedras y de todo lo que se ocurre.

Pero yo no soy una verdadera coleccionista. Primero, porque no exhibo. mis colecciones muy bien guardadas en una caja en el clóset; nunca encontré la forma perfecta de guardarlas para la exibición y aunque ya me aburrí de coleccionar, me da pena botarlas. Segundo, nunca gasté demasiado en cada una de ellas. Sólo me importaba la cantidad y belleza, pero jamás pensé en comprar a un precio exorbitante la servilleta del OktoberFest de 1987, por dar algún ejemplo.

Se supone que el verdadero coleccionista, además de amar su colección, no deja que nadie la toque, no prestarle ningún elemento a nadie, gastarse la vida en comprar la edición gringa, la inglesa y la latinoamericana del vinilo de los Beatles de 1967, y no usarlas.

No usarlas. Así tal cual. Si colecciona aros, no se los pone; si colecciona autos de verdad como Elvis Presley, no anda en ellos. Si colecciona vinos, no se los toma. Si colecciona fósforos, no prende la cocina  con ellos. Una tía mía colecciona cucharas, miniaturas de perfumes, fósforos, figuras de gallinas y no me acuerdo qué más. No usa nada de eso, aunque hace poco se aburrió de los fósforos (por un tema de seguridad) y comenzó a usarlos.

Aunque hay colecciones algo más económicas, como aquellas de cosas encontradas en la naturaleza, tales como piedras, caracolas, conchitas, hojas, tierra de diferentes lugares, etc. Creo que esas son las que realmente valen, ya que teniendo plata, cualquiera colecciona cualquier cosa. Mi pololo colecciona chanchos, cómics y juegos; aunque sí lee los comics, sí le echa monedas a los chanchos y sí juega los juegos.

Lo cierto es que los coleccionistas a veces pueden volverse obsesivos con sus colecciones, y tener varias; pasarse los fines de semana enteros en ferias persas y no dormir por las noches buscándolas en Internet. Dan lo que sea por ediciones especiales, ocupan mucho espacio en sus casas exponiendo sus cosas e incluso tienen problemas de plata por lo mismo. Además, nadie los salva de volverse candidatos para síndrome de Diógenes.

Ustedes, ¿Tienen alguna colección?¿La usan?

Les dejo una galería con colecciones varias.