Un mantra para mi solita

Cuando me pierdo, recurro a esa frase que me conecta con mi yo interno y me permite energizarme.

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Muy principio de año será, pero esto igual o más agotada que al final. Cuento los días para salir de vacaciones y poder bajarme un rato de la vida, cargar pilas, leer a la orilla de algo, dormir siesta y hacer sobremesas eternas que duren hasta el amanecer.

Pero mientras eso no ocurra, hay que sobrevivir dignamente a cada día. Para ello busco distintas herramientas legales, idealmente lejos de las estrellas verdes y sin efectos secundarios que me permitan sacar energías donde no hay.

Entonces, me acuerdo de los mantras. En que los Budistas de tantos milenios no pueden estar equivocados y que por algo el Dalai Lama es tan top.

Es que para los budistas, los mantras son instrumentos “para liberar la mente del flujo constante de pensamientos que la confunden. Pueden ser una sílaba, una palabra, una frase o texto largo, que al ser recitado y repetido va llevando a la persona a un estado de profunda concentración”.

En el budismo tibetano, cada mantra se considera “el sonido correspondiente a un cierto aspecto de la iluminación y se recita para identificarse con ese aspecto de la mente iluminada”.

Sólo escribir un mantra te beneficia. Seguro has visto imágenes de las banderitas de colores escritas en sánscrito, con símbolos u otros caracteres en la totalidad de la tela, que van de un lado a otro de la casas. Las banderas además ayudan a la oración y, según tengo entendido, una vez colgadas hay que esperar hasta que se deshagan antes de sacarlas.

Busco entonces mi favorito, que también es el más conocido, lo repito en mi cabeza y en voz alta:

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Buscando su significado, me enteré que cada sílaba se considera un mantra por si sola.
Om: Purifica la mente y potencia la generosidad
Ma: Purifica el habla y aumenta la ética
Ni: Purifica la mente y potencia la paciencia
Pad: Purifica las emociones y nos hace más diligentes
Me: Purifica lo que nos condiciona y aumenta la concentración
Hung aumenta el conocimiento y la sabiduría.

De acuerdo a esto, se podría decir que Om Mani Padme Hung es algo así como: “Que los pétalos de esta flor se abran para que aparezca la joya de mi yo interior”.

Y me gusta. Me encanta creer que si lo repito lo suficiente podré rescatar ese yo interior tan perdido bajo el agotamiento, decepción, cansancio y rutina. Recuperarlo para que vuelva a escribir relatos extraordinarios, a caminar sin destino, a abrazar sin razón y a generar tranquilidad.

Algunos budistas dicen que el mantra se debe recitar consciente del significado de cada sílaba, en voz alta o mentalmente. Otros, que requiere la supervisión y autorización de un maestro calificado.

Yo prefiero pensar que como en toda creencia, basta creer. Confiar en que si creo en mi mantra y me concentro, entonces me brindará paz interior y la conexión con mi yo interno.

Entonces, espero el atardecer, voy a la terraza, prendo un incienso, cierro los ojos y creo ciegamente que la sola invocación de Om Mani Padme Hung puede cambiar el interior de las personas.