Mujeres militares

Cuando ellas se hacen cargo de una guerra.

(cc) Flickr.com/Ronald Dueñas

-En la semana de celebración de nuestro bicentenario, les contamos de las primeras mujeres que tendrá el buque escuela Esmeralda. Para acoger a estas 40 señoritas, la marina tuvo que modificar los espacios compartidos del barco, le agregaron más baños, camarotes separados de los de hombres, casilleros más grandes para ellas, etc. Todo para que se sintieran cómodas en la travesía de seis meses que emprenderán en mayo de 2011. La frase “mujeres en un mundo de hombres”, como dijo el diario español El Mundo, suena a machismo y hacerlo noticia más todavía, pero es cierto que hay algunas carreras en las que es raro ver féminas, como las que ofrecen las fuerzas armadas.

Diferente es el caso de la primera gondoliera elegida, después de pasar varias pruebas, en agosto de 2010 para manejar el medio de transporte más típico de Venecia, las góndolas. Digo “diferente” porque en esa nota hablamos de oficios “masculinos” que hacíamos nosotras, como la jocketa chilena Cristina Pontigo o la graffitera Dana Punk, profesiones que perfectamente podemos hacer ambos sexos, pero estar a cargo de un regimiento en medio de una guerra, son palabras mayores.

La columna del diario El Mundo de la que les hablé, relata la experiencia de Sarah (20), una joven militar de 1.70 metros que le pide a al periodista que la acompañe al baño a cada instante porque su marido le advirtió que no anduviera sola por la base porque está llena de hombres. A ella y a las otras militares que están en Marjah, un pueblo de Afganistán que, como el resto del país, está en guerra, les pasaron cuchillos para defenderse de sus propios compañeros marines.

Afganistán es un país donde las mujeres no pueden hablar con un hombre a menos que su marido o el jefe de su familia lo autorice, por eso, en un sitio rodeado de hombres, es muy difícil ver mujeres en las calles. Sarah, que está desde febrero en la base, sólo ha visto a una durante toda su estadía, la teniente Nathalie Kronschnabel (26), en cambio, sí ha podido relacionarse con más afganas porque para eso fue a la base. Le dice al diario español que la idea de ingresar a mujeres marines a una base militar masculina viene desde Irak y lo hacen para poder comunicarse con las féminas del lugar y saber cuáles son sus necesidades.

Las reuniones que tienen con las mujeres afganas necesitan intérpretes, pero casi no hay traductores mujeres y cuando quien traduce es hombre, protagoniza la conversación y finalmente es él quien contesta y no la mujer a la que están entrevistando las marines. Al parecer el título de El Mundo no estaba tan mal porque ellas son “mujeres en un mundo de hombres”.