La flojera personal

Cuando nos volvemos flojos.

(cc) Flickr.com/kirainet

Les he contado varias veces que la cocina es uno de mis temas favoritos. Y también he mencionado que ya llevo un tiempo en clases de cocina. No he puesto en práctica mucho de lo que he aprendido, principalmente porque este año, totalmente fuera de mis costumbres, he estado sumamente floja.

Primero con respecto a la cocina. He tenido ganas de hacer montones de cosas, cocinar para mis amigos y familia y mostrarles lo que he aprendido. Aunque harta culpa le atribuyo al hecho de que, lamentablemente, las cosas que he cocinado copiando de mis clases, no me han quedado bien. Hice una sopa de champiñones que me quedó pasada a hongos. Hice una creme brulee que parecía sopa dulce. Este fin de semana hice unos cinammon rolls que me quedaron duros como tejo, y ayer un mousse que fue una preparación desastrosa, pero que igual salvó… al menos.

Pero aparte de eso, siento que partí el año con un montón de cosas e ideas que quería realizar. Grandes “empresas” (no tan grandes, pero importantes para mí) que al parecer se fueron quedando en el camino. Mi flojera no sólo va por un tema físico (nunca más fui a yoga, nunca más me moví, soy oficialmente una ameba), sino sicológico. Me da lata hacer cosas, estoy con una inercia tan pero tan fuerte que hasta escribir me ha costado. Imagínense. Incluso me quedo dormida fijo para todas las películas. Increíble, pero cierto.

Igual creo que estoy a tiempo para que este 2010 no sea un año que pasó y que ni me di cuenta. Algunos días ando con el ánimo por el suelo, porque me siento en deuda conmigo misma, pero otros días despierto con la fuerte convicción de que las cosas van a cambiar y que me voy a poner más empeñosa. Creo que escribiéndolo puede hacerse más realidad. Cuántos de nosotros nos hundimos en un hoyo negro solitos para luego rescatarnos. Es como una lucha interna que puede durar días, semanas, incluso meses y años.

Quizás voy a hacer de nuevo una lista. “La lista” que tanto recomendé y que hice pero que nunca más volví a consultar. Soy un perfecto padre Gatica. ¡Pero no más! ¿Cierto? No dejaré que mi propia languidez me boicotee. Es el colmo de los colmos que uno mismo sea el enemigo de avanzar y de ser feliz.