(120) La evolución de la educación superior femenina

Desde la educación para el hogar hasta la paridad en número de hombres y mujeres inscritos en la universidad.

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La enseñanza del siglo XIX en América Latina, estaba muy influenciada por España y ellos, por la Iglesia. Los católicos tenían a la mujer en un papel secundario y bajo un concepto cohesionador al interior de la familia, por lo tanto su educación y desarrollo, no estaba en discusión. Debían estar casadas, ser las reinas del hogar, piadosas, buenas madres y excelentes esposas. Sí estudiaban, pero siempre bajo el discurso de la iglesia: “formación de mujeres piadosas, sabias en lo doméstico y expertas en trabajo de aguas”. Para eso acudían a establecimientos educativos preferentemente privados.

Según la Iglesia, la incorporación de la mujer al sistema educativo era una forma de modelarla en principios y valores cristianos, su acceso a estos centros no buscaba, bajo ningún punto de vista, alterar su función social. Sólo pretendía alfabetizarla y adiestrarla en algunos quehaceres domésticos para el mejor funcionamiento del hogar y de la familia.

En 1876 José Romero, obispo colombiano, decía, refiriéndose a las mujeres que vivían en la ignorancia, por falta total o parcial de instrucción: “La que no conoce sus deberes religiosos, la que no comprende el mérito de la virtud, ¿cómo podrá ser buena esposa y educar a sus hijos, inculcándoles sentimientos verdaderamente cristianos, indispensables para que más tarde, sirvan como de núcleo a las obligaciones que tendrán que cumplir en la escala social?”.