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Escápate de esa cita aburrida

-Cuando estamos solas, el mundo se confabula para que nos encontremos con esos hombres que no tienen nada en común con nosotras, los últimos con los que saldríamos. Pero en nuestra desesperación por ganarle a la soledad, aceptamos su invitación y cenamos con ellos. El problema aparece cuando estamos en plena comida y nos damos cuenta de que sólo queremos escapar, ¿cómo salimos de esa situación?

Verse cerca de tu casa. Le dices que tienes que dormirte temprano y que no se moleste en ir a dejarte porque estás cerca y puedes ir sola, así no tendrá ninguna opción de entrar contigo. Claro, tienes que ser firme en la decisión porque si el tipo es insistente, tu estrategia puede llevarte absolutamente a lo opuesto de tu objetivo. Este plan también funciona si estás en la situación contraria: tu cita es el hombre de tu vida y le dices que vives muy cerca de ahí.

La más típica: dile a alguien que te llame a mitad de la cita por una supuesta emergencia. Coordinas los códigos de la conversación y el resto es sólo actuación. Si te estás llevando bien, entonces sólo cortas con tu “socio” del móvil y sigues con la cita.

Cuando el teléfono no sirve, la presencia de alguien es tu salvación. Le dices a alguien que llegue hasta donde estás con tu cita. La idea es que tu “salvador” vaya con alguien más para que se sienten cerca tuyo y puedan ver los códigos que programaron: “todo bien, váyanse” o “por favor sáquenme de esto”. Si la segunda opción está por aparecer, lo mejor es que llegue tu “socio” con su pareja y simulen un encuentro para que se sienten con ustedes dos en la mesa.

Mensajes a @EscapeMyDate, sólo tienes que tener un móvil con Internet y enviar un mensaje directo vía Twitter a @EscapeMyDatem el sistema inmediatamente le mandará un aviso de auxilio a algunos amigos que hayas seleccionado previamente, ellos deciden si te llaman o no.

La más antigua: “me siento pésimo” o “muero se sueño”. Cuando es absolutamente necesario escapar, cualquier excusa vale por eso a veces caemos en mentiras tan baratas como “dejé la plancha enchufada” o “tengo que pasear al perro”. Sólo necesitas convicción y creértelo tu también.

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