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Amar y vivir queriendo cambiar al otro

El amor es uno de los sentimientos más diversos y complejos que hay. Podemos amar a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestras mascotas e incluso, y gua

El amor es uno de los sentimientos más diversos y complejos que hay. Podemos amar a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestras mascotas e incluso, y guardando las proporciones, a nuestras cosas. Podemos amar con pasión, con entrega absoluta, con egoísmo, con miedo, con incondicionalidad o lleno de condiciones y de millones y millones de formas.

Llegar a amar a alguien puede tomar mucho tiempo o puede ser instantáneo. Podemos amar a un desconocido en poco tiempo sin tener muy claro por qué. Amamos a nuestra madre desde el momento que nacemos, y sin lugar a dudas ese amor durara para siempre.

Pero hay algo que pasa en el amar que es transversal a todos los tipos de amor. Y es el deseo de cambiar al otro. Nos gustaría que nuestros padres cambiaran ciertas actitudes, que nuestra pareja dejara de hacer tal o cual cosa, o incluso que dejara de ser de determinada manera. ¿De dónde nace esa necesidad constante de cambiar aquello que se supone llegamos a amar o amamos por lo que es? ¿Si cambiara, seguiríamos amándolo/la?

En el artículo “La relación perfecta” tocamos el tema de cómo vamos construyendo la idea de la pareja perfecta, así mismo pasa demás amores. Aquella imagen idealizada que intentamos proyectar el la persona que tenemos en frente, llegando al punto de pedirle que cambie para que se convierta en eso que nosotros esperamos que sea. El amante perfecto, la pareja perfecta, el padre perfecto, la madre perfecta, el hijo perfecto, el amigo perfecto, etc. La idealización de la idealización.

¿Perfecto para quién? ¿Perfecto para qué? Evitando entrar en el cliché de que la belleza radica precisamente en la imperfección, o que hay que amar con defectos y virtudes. Claramente amar implica a un otro, y ese otro, como legítimo ser humano tiene características y conductas heredadas genética, emocional y transgeneracionalmente. Viene de y con una historia. Y, si bien hay muchas cosas que ira modulando y aprendiendo al estar siendo en el mundo, hay otras que ¡NO VA A CAMBIAR! Así como hay ciertas cosas que por más esfuerzo que hagamos y por más que intentemos, nosotros tampoco vamos a cambiar, y ahí el trabajo esta en reconocerlas y aceptarlas. Entonces, por qué le pedimos al otro que haga algo que ni siquiera nosotros podemos hacer para y por nosotros mismos.

Aprendamos a valorarnos y a amarnos por lo somos, no por lo que nos gustaría ser. A vernos, a conocernos a nosotros mismos primero, con nuestras posibilidades y limitaciones. Luego, conozcamos y valoremos a nuestros amores tal como son, sin adornos ni potenciales escondidos.

Esto que a primera vista resulta tan simple y obvio, es tan difícil de entender y más aun de practicar. Requiere mas esfuerzo, o al menos el mismo, aceptar y amar a determinada persona que vivir tratando de cambiarla por su supuesto bien. Amarlo como es implica hacerse cargo que hay cosas de el que no nos gustan y que aun así queremos que siga con nosotros, aprender a convivir con eso que no nos gusta en el caso de los padres; o bien, aceptar la dolorosa realidad de tener que, a lo mejor, separase en el caso de la pareja.

No siempre elegimos a las personas que amamos, el amor es algo que simple y complejamente nos pasa. Lo que si podemos al menos es intentar elegir como vamos a amarlo.

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