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Amor propio versus narcisismo: conoce la diferencia

El amor propio y el narcisismo están separados por una línea muy delgada.

El amor propio es fundamental. Te ayuda a apreciarte a ti misma y a ser tu mejor amiga. Cuando te amas a ti misma, no necesitas que nadie más te ame. Y si bien no hay absolutamente nada de malo en esto, a veces la gente lo confunde con el narcisismo. Pero ¿cuál es la diferencia?

El narcisismo se traduce libremente como auto-obsesión. Te hace egoísta y vanidosa como persona y es muy diferente del amor propio. Para evitar esta confusión, sigue leyendo para que puedas comprender mejor lo distintas que son ambas definiciones.

Amor propio versus narcisismo: conoce la diferencia

Amor propio

Según reseña el portal Pinkvilla, el amor propio es priorizar y cuidar de ti misma. Significa tener un gran respeto por tu bienestar. Te convierte en una persona positiva y construye tu autoestima.

Cuando tienes una alta autoestima, se vuelve fácil para ti tratar a los demás como tus iguales. No miras a nadie por encima del hombro, sabes apreciar sus logros y celebrar su éxito. Cuando te amas a ti misma y estás cómoda y segura, al instante te vuelves humilde y empática como individuo. No tienes reparos en alentar a los demás y verlos tener éxito.

Cuando te amas a ti misma, estás conectado a tu yo. El amor propio te hace humilde. No tienes la necesidad de desfilar detrás de una fachada de falso orgullo. Tampoco te idealizas ni te engrandeces a ti misma ni niegas u ocultas tus debilidades y defectos. En cambio, abrazas toda tu humanidad.

Narcisismo

El narcisismo, por otro lado, se basa en tener un sentido exagerado de importancia. Implica tener un interés excesivo en ti misma. El narcisismo te pone celosa e insegura como persona. No te sientes feliz cuando otros tienen éxito y de alguna manera siempre estás tratando de encontrar maneras de derribarlos.

Tienes esta necesidad insaciable de ser mejor que otros, incluso si implica manipulación y optar por prácticas nada éticas. Anhelas aprecio y cumplidos. Te sientes incompleta y sin valor si no obtienes algún mérito y siempre estás buscando validación.

Siempre tienes que tener el control de las cosas. Tienes el deseo de ser siempre el centro de la atención de todos y estás dispuesta a hacer cualquier cosa por ello.

La arrogancia narcisista oculta el odio a sí mismo. Los narcisistas no pueden tolerar estar equivocados o criticados. Por eso son defensivos e hipersensibles. Pero cuando reciben admiración y atención, son felices, reflejando su inmadurez. Su vergüenza interior los hace implacablemente críticos con los demás. Sus alardes e ínfulas de grandeza revelan inseguridad.

Para compensar, embellecen la situación alegando que solo quieren asociarse con personas e instituciones de alto estatus y miran con desdén a aquellos considerados inferiores.

En el mundo de un narcisista, las cosas son en blanco y negro. Creen que siempre están teniendo éxito o fracasando, y su estado de ánimo fluctúa en consecuencia. No dejan lugar a errores ni a la mediocridad ya que esto los puede enfurecer.

Orígenes

Tanto el narcisismo como la autoestima comienzan a desarrollarse alrededor de los 7 años. A esta edad, los niños recurren en gran medida a las comparaciones sociales con los demás y comienzan a evaluarse a sí mismos en la línea de «soy un perdedor», «soy digno» o «soy especial».

Mientras que el amor propio tiende a estar en su nivel más bajo en la adolescencia, y aumenta lentamente a lo largo de la vida, el narcisismo alcanza su punto máximo en esta etapa y disminuye gradualmente.

El desarrollo de estos dos factores también están influenciados por diferentes estilos de crianza. Los padres que crían hijos que exhiben altos niveles de narcisismo tienden a sobreestimar el conocimiento de sus hijos, sobreestiman su coeficiente intelectual, sobrevaloran sus actuaciones e incluso tienden a darles un nombre único para destacar entre la multitud.

Por el contrario, el amor propio se desarrolla en conjunto con la calidez de los padres. Aquellos que crían niños que exhiben altos niveles de autoestima tienden a tratar a sus hijos con afecto, aprecio y cariño.

Con el tiempo, esta práctica de crianza conduce al niño a interiorizar el mensaje de que son individuos dignos, un aspecto central de la autoestima saludable.

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