El lado oscuro de la maternidad que nadie te cuenta

Enfrentarte a la realidad de la maternidad puede ser un golpe difícil

Las películas, las novelas románticas e incluso las redes sociales nos ponen la imagen de la maternidad como lo más hermoso del mundo. Es tan común ver mujeres con las pestañas perfectas cuando están a punto de dar a luz o que tienen todo un álbum de fotos donde aparecen sonrientes mientras le dan pecho a su bebé.

Y mientras que traer hijos al mundo es un verdadero milagro de la naturaleza, la maternidad no es tan glamorosa como la pintan. Sí, tiene su magia. El simple hecho de crear vida es sorprendente y lo es aún más cuando sale de tus entrañas para sostenerlo en tus brazos.

Pero hay algo que todas esas historias no cuentan. Las cicatrices, las noches sin dormir, los dolores, los cambios en tu cuerpo y de humor también son parte de ser mamá.

La maternidad te convierte en una mujer nueva. Tu cuerpo pasa a ser de ese hijo que crece en tu interior. Literalmente depende de ti y no importa cuántos años pasen, seguirá siendo tu más grande preocupación.

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Maternidad

El significado de ser madre es prácticamente infinito. Una madre es protectora y entregada en cuerpo y alma. Los primeros meses no hay manera de tener un respiro. porque de ti depende que tu pequeño viva. Una madre es un humano desinteresado y amoroso que debe sacrificar muchos de sus deseos y necesidades por los deseos y necesidades de sus hijos.

Una madre trabaja duro para asegurarse de que su hijo esté listo con el conocimiento, las habilidades y las herramientas necesarias para convertirse en un ser humano competente y de bien. No existe un manual sobre cómo ser buena madre, pero es algo que vas aprendiendo sobre la marcha. Te pueden dar un sin fin de consejos para ser la mejor pero al final del día, la única que conoce a sus hijos eres tú.

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Ser mamá es quizás el trabajo más difícil y también el más gratificante que una mujer pueda experimentar.

No, la maternidad no es glamorosa. Es dura y a menudo huele a saliva y a vómito. Terminas manchada de fluidos apestosos que se impregnan en tu ropa y en tu piel.  Y no sólo cuando estás dando a luz, sino cuando amamantas, cuando le das su primer papilla a tu bebé o cuando se enferma.

Tu cuerpo es zona de guerra, entre manchas, cicatrices y piel colgante.  Hay días que sólo quieres llorar y gritar, tener un respiro o un momento de silencio. Pero sabes que no puede flagelarte. La maternidad te hacer entender que eres una mujer más fuerte de lo que cualquiera imagina. 

conmovedor policía amamantar bebe

 

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La maternidad es una batalla. Una batalla para reemplazar tu yo anterior con desinterés y sacrificio, todo mientras intentas mantener tu identidad, tu feminidad, tu humor y tu alegría.

La maternidad es sucia y agotadora. A veces es exasperante. A veces es fea y a veces te encuentras con un lado de ti mismo que no sabías que existía.

Las mujeres siempre hemos vivido sometidas a los estándares que nos impone la sociedad. Todo el mundo asume que pueden tener una opinión sobre nuestra vida y cómo nos movemos en ella. Pero la maternidad no es una invitación abierta a comentar, y mientras que los consejos de quienes ya tienen experiencia pueden ser útiles, ninguna quiere escuchar que "no están haciendo un buen trabajo" y cómo es que "deberían hacerlo".

Cada mujer es diferente y es momento de dejar atrás la idea de que debe tener cierto tipo de vida para considerarse "suficiente". Criar un hijo no es un trabajo fácil pero tampoco es una condena. Ninguna tiene un manual para ser perfecta. No eres mala madre ni tampoco mala mujer por hacer el trabajo sucio.

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