Energía eólica en México, en manos de la iniciativa privada

En Oaxaca, México, 78% de los parques eólicos están en manos de las empresas.

En un país en el que el gobierno mira predominantemente hacia los hidrocarburos, es esencial que las energías renovables ganen espacios. En México, el potencial de la energía eólica es impresionante. Se espera, por ejemplo, que para 2035 esta fuente de energía sustentable represente 35% de la electricidad que se genera en la nación. Sin embargo, hay que preguntarnos si la explotación de este recursos está en las manos adecuadas.

Ana Paula de la Torre, editora de Pijama Surf, revela una cifra para pensarse: 78% de las plantas de energía eólica de Oaxaca (México) están en manos de la iniciativa privada. Es decir, apenas 22% está en control del Estado. Las compañías son quienes se han percatado del inmenso potencial que esta energía sustentable, pero la electricidad que generan se aprovecha en su propia producción o en la de otras empresas.

Además, esto incluye un grave problema para las indígenas y comuneros de la región, quienes pierden sus tierras ante la llegada de estos proyectos. El problema no es la instalación de plantas de energía eólica, sino -como señala de la Torre- que se haga bajo una lógica meramente mercantil:

Los megaproyectos en pro de la energía verde (de pertinencia indiscutible), cuando se planean únicamente bajo criterios capitalistas, continúan explotando la energía del planeta con un sentido excluyente y sin compromisos con las comunidades y las mayorías. Estos recursos limpios a futuro serán cada vez más rentables, pero si se continúa con una visión que contemple exclusivamente el beneficio del sector empresarial, su lógica continuará siendo la explotación de recursos naturales, sin responsabilidad alguna de por medio: no bastan las energías verdes si van cargadas de injusticias para su explotación.

En México no existe la cultura de la consulta pública para proyectos energéticos (en general, para cualquier clase de proyecto). Basta recordar la pugna con el pueblo Yaqui por el Acueducto Independencia o la mina a cielo abierto en Tetela para ilustrar este punto. Otra veces, la bandera de la sustentabilidad se usa para maquillar los abusos a las comunidades o el daño ecológico previo, como con Dragon Mart en Cancún o el parque eólico Dzilam-Bravo en Yucatán.

No es reprobable que una industria busque aprovechar energías renovables para su producción, pues ayudan a reducir su huella de carbono. Lo cuestionable es que se lleven a cabo estos proyectos sin ética y sólo en la búsqueda de la reducción de costos, más allá del aprovechamiento colectivo y público.

Sin duda, es una llamada de atención para un gobierno ensimismado en el petróleo (a pesar de los múltiples daños ecológicos que conlleva su explotación); en lugar de concentrarse en las energías renovables y limpias como la eólica, la geotérmica o la solar. Ante esta ceguera, son las empresas las que han sabido sacar provecho -en sus propios términos-, cuando debería ser una estrategia nacional para reducir la dependencia del petróleo y apostar por un futuro sustentable.

Fuente: ¿Queremos que los parques eólicos sean para empresas transnacionales? (Pijama Surf)