Tener un hijo LGBTIQ+ no te hace un fracaso como madre, no aceptarlo sí

Es muy importante escuchar a tus hijos y dejar de culparte por algo que no es un error

El descubrimiento de la orientación sexual es un camino lleno de sentimientos intensos, confusos, a veces incluso abrumadores. Sentir atracción por "quien no deberían" es un golpe duro pero de nuevo, viene de todos los prejuicios que se nos inculcaron desde tiempos pasados. Es momento de acabar con eso.

Cuando encuentras que tus hijos tienen una orientación sexual diferente, puedes sentirte confundida, quizá incluso pienses que has fracasado como madre y te preguntas en qué momento cometiste un error.

No hay manual para ser una buena madre o un buen padre, así que deja de preguntarte qué hiciste mal con tu hijo porque ser lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti, intersexual, queer o asexual no es una enfermedad ni tampoco un error.

Todo lo que creemos que "es lo correcto" es en realidad una imposición de la sociedad. La realidad es que cada quien sabe lo que es mejor para los suyos, es algo prácticamente instintivo así que deja de presionarte por todos esos manuales de crianza que te dicen cómo ser perfecta. Por más consejos que recibas al final eres tú la encargada de tus hijos y lo que le funciona a una madre, no le funciona igual a otra. 

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La sociedad está evolucionando, los jóvenes se sienten más capaces de expresar su sexualidad y/o género con el que mejor se identifiquen. Ya no es algo que se pueda frenar pero tampoco es algo que se deba corregir. Al contrario, estamos en un momento en el que debemos aprender más para poder entender, respetar y ser más empáticos.  

El problemas no es que tu hijo se identifique con alguna de las siglas LGBTIQ+ sino que rompas la relación con él por ese hecho. Para muchos padres ésta no es una situación fácil, después de todo, seguimos con la idea de que nuestros hijos se casarán con alguien del sexo opuesto y formarán su familia feliz "como siempre ha sido". Pero de nuevo, éstas son sólo construcciones sociales bajo la que se ha vivido desde generaciones atrás por eso, no debes pensar que has fracasado.

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Déjalos liderar el camino. "Salir del clóset" es un momento decisivo, una gran liberación de miedo, esperanza, alivio, alegría e ira. Están sucediendo muchas cosas para ambas partes. Deja ver a tu hijo que tiene tu apoyo, que es posible tener una charla contigo y que no habrá juicios. Sin importar cuántas veces se hable sobre la libertad, el respeto y la tolerancia, la homofobia, el estigma y la discriminación siguen muy latentes y eso influye mucho en el sentir de las personas LGBTIQ+.

Tus hijos necesitan de tu comprensión y empatía. Si no eres tú quien los ame incondicionalmente, ¿quién más lo hará?

Sí, la sociedad ha cambiado poco a poco y cada vez hay más apertura en torno al tema pero aún hay un largo camino por recorrer. Lo más importante es que la comunidad se haga visible, pues mientras se mantenga oculta, la historia no va a cambiar. Todos tenemos el derecho de vivir como somos y ser felices así.

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Infórmate. Si bien se trata de seguir un manual sobre cómo ser una buena madre, sí es importante que conozcas el mundo de tu hijo. El que sea diferente al tuyo no es razón para minimizarlo ni invalidarlo. Para poder ser empática, debes comprender el contexto.  La homosexualidad, intersexualidad, transexualidad, pansexualidad y todo lo que es considerado "diferente", no debería ser etiquetado  como tal. Sí, es diferente a la idea con la que crecieron las generaciones del pasado pero no por eso está mal.

Los prejuicios vienen de la ignorancia y de esas ideas con las que de una u otra forma se nos impusieron desde niños y nunca cuestionamos.

El estandarte "amor es amor" aplica para todos, sin importar nuestra orientación sexual. ¿De verdad querrías menos a tus hijos si cambian las reglas del juego? Ser heterosexual, homosexual, bisexual o de cualquier otra inclinación no es algo que una persona pueda elegir o elegir cambiar. No hay modo de "programar" a alguien cuando de la atracción sexual se trata.

No es una condena que alguno de tus hijos ame a alguien de su mismo sexo, ni tampoco que decida adoptar un género con el que no nació biológicamente. La sexualidad de los hijos no debería definir el amor hacia ellos.

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