Enfermo y solo

Los contra de vivir solo.

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Hay quienes dicen que lo peor de ser soltero y vivir sin compañía es llegar a casa después del trabajo y encontrarse con el hogar vacío. La verdad, eso para mí es un placer. Uno de los mejores momentos del día, sin lugar a dudas. Ahora, si me preguntan qué es lo peor de vivir solo, la cosa yo la tengo clara: enfermarse.

Me pasó un par de semanas atrás. Era domingo por la noche y me fui a la cama sintiéndome muy mal. Tuve fuertes dolores estomacales e incluso vómitos. A eso de las tres de la mañana logré dormido y al día siguiente –como no me sentía tan mal- me levanté y partí al trabajo. Sin embargo, a medida que pasaba el día me fui sintiendo cada vez peor, por lo que a media tarde no me quedó otra que irme a casa y –en el camino- pasar por un centro médico en el que, curiosamente, siempre se consigue hora con algún doctor. Para hacerles el cuento corto, el médico me dijo que tenía una gastroenteritis leve y que debía guardar reposo por dos días, tomar algunos medicamentos y comer liviano. Así las cosas, avisé en mi trabajo lo que me pasaba y en el camino a casa compré los remedios que me recetaron más algunos alimentos para esta dieta liviana.

Hasta ahí, todo bien. Sin embargo, estando en casa la cosa se puso algo peor. Me tiré en la cama y vi la televisión por un rato. Hasta que llegó la hora de tomarme el remedio que me indicó el médico. Por lo mismo, tuve que levantarme, ir a buscar la bolsa de la farmacia que había dejado en la mesa del comedor y luego ir a la cocina por el agua mineral sin gas que compré en el supermercado. Finalmente volví a la cama, me tomé el remedio y –al poco rato- me dormí. Cerca de la medianoche desperté con algo de hambre. Nuevamente, tuve que levantarme e ir a la cocina. Por lo mismo, terminé tomándome la sopa que me preparé prácticamente de madrugada, con frío y sintiéndome casi tan enfermo como la noche anterior.

No es fácil estar enfermo y más encima solo en una casa. Al final, el reposo no es tal, porque si no es por el baño, la comida, los remedios o porque llega hasta el cartero; el asunto es que uno no hace nada de reposo. Sin embargo, los solteros tampoco tenemos demasiadas opciones cuando caemos en esta situación. O sea, salvo que sea algo de verdadera gravedad –y con larga convalecencia- llamar a la madre está fuera de discusión. En cuanto a las ex, estas son eso: ex. Por lo mismo, no están dispuestas a cuidarlo a uno, ni aunque nos estemos muriendo. Y en cuanto a las amigas con ventaja, la verdad es que mejor ni hablar, porque esas jamás lo cuidarán a uno, porque ellas están para la parte entretenida, no para los cachos (lo digo por experiencia propia).

Al final, pasé los dos días de reposo en casa, aunque levantándome de la cama en innumerables ocasiones. Además, constaté empíricamente que –durante el día- si el teléfono residencial suena, seguro que es porque a uno lo llaman para venderle algo de un banco, una compañía de seguros o, incluso, una tumba.

Lo único de verdad bueno de mi convalecencia fue la última tarde que pasé en casa. Esto, porque mi hija Sofía se enteró de mi estado y le pidió a su abuela que la llevara a mi casa a pasar la tarde. Es verdad. No me cuidó ni nada. Es más, fui yo el que tuvo que atenderla. Sin embargo, fue por lejos una gran tarde. Porque al final, la compañía –y sobre todo- el cariño son el mejor remedio que existe.