Admira la belleza de los demás sin cuestionar que eres hermosa

Es difícil amar tu propio reflejo si no se parece a lo que te enseñan debería ser.

La sociedad nos bombardea con miles de estímulos sobre aquello que se considera bello y perfecto. Simplemente, al salir a la calle encontrarás espectaculares con inalcanzables modelos, si revisas tu celular habrá otra docena de éstas mismas, y al prender tu monitor sucederá lo mismo.

Apenas se está intentando diversificar las opciones de lo que es considerado bello, pero parece que el camino aún es largo. Cuando es el entretenimiento el que enseña, el libre albedrío para elegir parece perderse.

La presión que hay sobre nuestros hombros es inmensa, y es nuestro amor propio quien termina pagando las consecuencias. Es difícil amar tu propio reflejo si no se parece a lo que te enseñan debería ser.

amor propio

Este sentimiento empaña hasta el apreciar las bellezas externas a la nuestra. Comienzas a admirar a mujeres; pero inmediatamente sientes como el torbellino de inseguridades te consume sintiendo envidia, enalteciendo tus defectos, y haciendo que tu imagen se disuelva en tus mayores miedos: no ser suficiente. 

Por otra parte, tenemos a las otras enseñanzas sociales (también demasiado tóxicas) que nos dictan que la belleza es nuestro único atributo valioso. Nos dicen que las mujeres necesitan pelearse por la validación de los hombres, y que solo la más bella prevalecerá.

amigas

Solo la más bella es la que…¿vale la pena? ?¿Qué pasa con las otras características que de verdad importan? Somos mucho más que una cara bonita, que un cuerpo delgado, que un cabello sedoso.

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Cuando entendamos que está bien contemplar bellezas sin compararnos, que está bien no parecerse a la modelo de Instagram, y que nuestro físico es una mínima parte de quién somos seremos libres. Porque no hay mayor libertad que amarse, y cuando lo comenzamos a hacer empieza nuestra vida en verdad.

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