Maternidad

Decepciones que nos llevamos al convertirnos en mamás por culpa de la maternidad idealizada

Toda experiencia es individual, pero hay que empezar a hablar de este proceso como el verdadero reto que es.

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Mientras mayor es la ilusión, mayor es la decepción. Esa es una ley de vida que aplica en cualquier ámbito y si hablamos de la maternidad, romantizada desde hace tantos años, no es extraño que muchas queden lastimadas cuando les toca la oportunidad de ser mamás.

Porque como todo, tiene sus pros y sus contras, pero en un mundo donde impera la narrativa donde ser mamás es sinónimo de felicidad, las madres deben ser perfectas, es una obligación tener hijos y demás, es bueno comenzar a hablar de este proceso con menos adornos y más realismo.

Decepciones que atraviesan las mujeres por culpa de la maternidad idealizada

El valor de la crianza

En los muchos foros que abundan en internet donde mamás pueden volcar sus dudas, consejos y hasta debatir, se repite constantemente un sentimiento: el poco valor social que se da al trabajo que requiere la crianza.

Socialmente la maternidad no es reconocida como una labor difícil y las mujeres descubren el imponente reto cuando ya es demasiado tarde. Especialmente en términos de políticas y legislaciones que de verdad representen un beneficio para la mujer.

El cansancio de la maternidad

Asimismo, muchas tenían expectativas de que habría más energía durante el proceso pero se sorprendieron a sí mismas sin ganas de jugar y con la paciencia reducida por el estrés, lo que las lleva a sentirse decepcionadas consigo mismas por no sentirse ‘buenas madres’.

La culpa y el deseo de huir para muchas es recurrente, así como la molestia con sus parejas porque en una sociedad aún patriarcal el gran peso del cuidado recae en ellas. En ocasiones, ellos no se implican igual que ellas en las tareas del hogar o los deberes escolares del niño.

El poco tiempo para ti

De igual manera, para las mamás primerizas perder el tiempo para sí mismas ha sido un proceso de adaptación duro porque los niños tienen sus propias necesidades y temperamentos, y aunque reciban ayuda de familiares y amigos, la maternidad hace más cuesta arriba encontrar espacios para disfrutar de los viejos pasatiempos o enfocarse profesionalmente como antes.

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