El agua que se nos va entre los dedos

Chile y otros países latinoamericanos pierden billones de litros de agua dulce en manos de las destructivas mineras.

El ser humano siempre ha sabido que el alimento y el agua son los elementos esenciales para su sobrevivencia, pero recién ahora está entendiendo que recursos como el agua no son inagotables.

En el afán de extraer sistemáticamente todos los recursos minerales como el cobre, el carbón, el oro, los diamantes, etc. Ya sea para la fabricación de joyas o como materia prima para tecnologías u energías, está haciendo que el agua dulce se contamine o desaparezca de lugares que antes eran ricos en pozos hídricos para el consumo humano o desarrollo de la agricultura.

Sin agricultura no hay alimentos para nosotros, no hay con que alimentar a los animales y mientras las mineras se llenan los bolsillos los primeros en sufrir las causas de la sobreexplotación son los lugareños de los yacimientos mineros que al ser generalmente pueblos pequeños no son escuchados hasta cuando ya crisis medioambiental es evidente. Sin embargo, la problemática de estos pueblos es solo el primer síntoma de lo que después vivirá toda la humanidad si no comprende que el agua es un recurso mucho más valioso que una mina de oro. Caso que evidencia con Pascua Lama minera ubicada en la cordillera de los Andes entre Chile y Argentina que actualmente tiene en una grave crisis hídrica en el Valle de Huasco y que contaminó glaciares milenarios de agua dulce que eran un invaluable tesoro para el planeta y para nosotros mismos cuando ya nos quedemos sin agua.

Argentina, Perú, Chile y Bolivia son países ricos en minería que están viendo sus recursos hídricos muy afectados con la avasalladora industria minera y las centrales eléctricas que se apodera de un derecho que es de todos. Lo peor es que las compensaciones económicas no son equiparables a la extracción que se llevan las transnacionales. Es por eso que cada vez son más las marchas y movilizaciones que se hacen por el agua. Aunque por lo general al principio son pequeñas comunidades indígenas o pueblos los primeros afectados se están dando a conocer varias de las malas practicas delas empresas que supuestamente deben cumplir ciertos “compromisos” ambientales. Por eso a la hora de levantar la voz no es raro que todo el país se movilice en solidaridad.

Pero aunque ya hay más conciencia de la importancia del agua faltan políticas públicas que cuiden estos recursos y velen por el bienestar del pueblo y no por los intereses de multimillonarias mineras, que si bien traen empleo también significan destrucción y sequía.

En Chile, por ejemplo, “el Código de Aguas que se formuló durante la dictadura en 1981 –y que sigue vigente–, considera a las aguas como un bien social, pero también como un bien económico. Separa la propiedad del agua del dominio de la tierra y le transfiere la prerrogativa al Estado de que sea éste quien concede los derechos de aprovechamiento de aguas a privados de forma gratuita y a perpetuidad, dando origen al mercado de las aguas”. Cuando el destino del agua de todos ya esta vendido en la Constitución de un país no escucho más lo que las movilizaciones pueden hacer, salvo que se pida una nueva Constitución.

Aunque Chile es el único país capaz de tener las aguas privatizadas, son varias las naciones latinoamericanas que ven como sus indígenas son pasados a llevar por proyectos millonarios y al parecer la máquina solo se detendrá cuando los afectados no sean solo algunas comunidades sino que grandes urbes enteras. El problema de esto es que ya podría ser demasiado tarde.

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Fuente: La privatización de las aguas en Chile viola los derechos humanos (Ciper Chile)