La columna del Dr Valdés: "La ilusión de los concursos de belleza"

Esta semana no te pierdas la columna del cirujano Valdés que nos habla sobre los olvidados concursos de belleza.

La histórica plaza Baquedano, en el ombligo de nuestra capital, ha sido por años el centro neurálgico de las celebraciones nacionales cuando Chile obtiene algún reconocimiento mundial. Lo fue hace algunos días cuando nuestra Selección de Fútbol ganó la Copa América Bicentenario; también cuando Marcelo Ríos ascendió al Nº1 del ránking TopTen de la ATP en 1998, superando por primera vez a grandes estrellas del tenis, o cuando Cecilia Bolocco se convirtió en la mujer más linda del Universo en ese recordado concurso de belleza que dejó en la retina su icónica reacción al ser coronada.

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Sin embargo, si hoy le preguntamos a la gente por cuál de estos tres motivos saldría a celebrar, sin duda que la corona de "Miss Universo" quedaría en último lugar. Porque con los años el público ha terminado por realizar juicios superfluos, sin advertir el verdadero fin de estos certamenes.

Cabe recordar que antes que EE.UU se consagrara como el organizador emblema de este tipo de competencias, en 1854 el primer concurso de belleza en la historia fue cancelado por protestas populares en contra de éstos, lo que llevó a reforzar su validación como certamen de trascendencia mundial.

Es esto precisamente lo que hace recordar que si bien el leitmotiv de cada encuentro es coronar a una mujer integral –que además de belleza física tenga una belleza interior que contemple inteligencia, gracia y bondad, cual heroína– también se promueve una acción social donde la ganadora visita hogares de niños, hospitales u otros centros solidarios, actos que dejan de lado su posición de "mujer bonita" y la acercan a una comunidad más real, lo que finalmente deja en evidencia que la intención de cada concurso se aleja paradójicamente de la superficialidad.

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Asimismo, el auge de ciertas comunidades minoritarias que buscan constantemente la igualdad ante la sociedad ha promovido otro tipo de categorías que integran a mujeres y hombres de distintas orientaciones sexuales, religiones y tamaños, incentivándolos a sentirse tan valiosos y bellos como el resto del mundo. Sin ir más lejos, hace un par de meses una bailarina de danza árabe ganó el primer concurso de belleza transgénero de Israel, y representará a su país en el concurso de belleza Miss Trans Star Internacional que se realiza desde 2010 en Barcelona, España.

Como esa hay una serie de nuevas competencias que han sabido adaptarse al mundo actual, donde todo es altamente cuestionado, y resulta aún más difícil reinventarse ante las necesidades de una generación que busca alcanzar la belleza, pero que no se atreve a decirlo.

Todos necesitamos que nos reconozcan tanto virtudes como defectos y, si existen concursos donde incluso eso es premiado entonces, ¿por qué no? Hay que tener en cuenta, finalmente, que no es pecado querer sentirse más bello. El problema está cuando nos obsesionamos por alcanzar una belleza que se confunde con perfección, y ahí nos quedamos todos sin motivos para celebrar.

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