#12añosNuevaMujer: Ana María Correa, economía equitativa

Con doce años de experiencia en gestión de proyectos, la sicóloga social y gerenta de Doble Impacto –iniciativa que busca crear una banca ética en Chile– comenta los desafíos en equidad de género en el ámbito financiero.

El techo de cristal en casi todas las áreas es una realidad a la que nos enfrentamos las mujeres a menudo. Más aún en el sector financiero, donde todavía existe una brecha en la representación en puestos de poder.

Según un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) de 2017 –que considera a 72 países en trece años–, la proporción de mujeres en los directorios de bancos, da cuenta de que corresponden a menos del 20% de los puestos y representan menos del 2% de los directores generales.

Romper con este tipo de prácticas es lo que busca la banca ética, un modelo económico que innova en temas financieros, volviéndolo más justo. Da un uso correcto al dinero, pero también incluye enfrentar desafíos en equidad de género.

Así lo explica Ana María Correa, sicóloga social y gerenta de Doble Impacto –un proyecto bancario pionero en Chile que se inspira en generar una banca ética–, quien se posiciona como una líder en su área de trabajo y cuestiona el modelo tradicional. “Para muchas mujeres, que se desenvuelven en mundos masculinizados, es complejo, porque de alguna manera se espera que tu liderazgo sea masculino también. En este proyecto buscamos todo lo contrario”, comenta.

En la banca tradicional todavía nos vemos enfrentadas, como en muchas otras áreas laborales, a escoger entre una carrera profesional o la vida de familia, precisamente porque se pone en duda el compromiso de la mujer, entre otras cosas.

En su experiencia, dedicarse a la banca con una mirada más justa ha sido agradable. No se ha enfrentado a un ambiente de amenaza y sus habilidades son absolutamente puestas en valor. “En esta empresa, de hecho, se busca que las personas tengamos un equilibrio entre lo laboral y lo personal. En mi caso, tengo un hijo pequeño y cuento con la posibilidad de trabajar con flexibilidad laboral”.

Tomando en cuenta la particularidad de su realidad, reconoce que es urgente cambiar paradigmas y que las tareas de cuidado deben ser compartidas. “Siempre la mujer termina ‘optando’ por su carrera o la familia, y no es así. El ideal es que el hombre también pueda elegir. Si tuvieran esa opción desde su empleador, todo cambiaría, y me parece que las generaciones nuevas tienen eso claro”, dice.

Según Ana María, el foco para contribuir a la equidad de género debe situarse en actualizar las lógicas empresariales. Para ella, las organizaciones deben mostrarse más horizontales y menos piramidales: “Pese a que todavía hay barreras, como la brecha salarial o la apertura a que las mujeres accedan a puestos de poder, esto nace del liderazgo femenino. Cuando las empresas se den cuenta de esto, entenderán los beneficios de tener una mujer a la cabeza”.

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