Sensualidad a lo Miley Cyrus

Porque no le bastó con sobajearse con Robin Thicke en los VMA’s, Miley necesitaba más, mucho más…

Yo y mi sensualidad nunca nos hemos llevado bien. Tenemos una relación complicada, de esas que no coinciden en términos formales. Debe ser, quizá, porque la base del concepto está chacreada y tiene sus fundamentos en la más guachaca de las ideas: Flaviana, de Axé Bahía. La rubia curvilínea, cuyas cortinas difícilmente combinan con la alfombra, que sacudía su exuberante retaguardia mientras mordisqueaba una uña acrílica entre las paletas. Sin duda, una gran época. Un tiempo de samba chilensis donde nosotros, hijos ilustres de Mekano, intentábamos mover nuestros mini potitos y las caderas que aún no teníamos al ritmo de “Tapinha”; sin saber que la melodía, en un idioma que no cachábamos, pedía a gritos que nos dieran “nalgaditas”.

Y nadie decía nada, obviando la extrema sexualización adolescente. Porque, a pesar de todo, Axé Bahía era baile, era gimnasia y lograba incluso que los herederos del Ritalín nos concentráramos verdaderamente en algo. Bailar “Tchutchuca”, claramente, era trescientas veces más saludable que estar pegado construyendo casas para los Sims. Mekano era el Wii de antaño, la zumba del pueblo. Alta dosis de adrenalina encerrada en pantallas planas que recién comenzaban a aparecer. No sé si mi generación habrá salido más “caliente” por el índice en boca de Flaviana, pero lo cierto es que nos marco a fuego.

Ahora, miro para abajo y no sé si es que en la actualidad se pueda hacer una comparación tan sana con los recientes ídolos poperos. No tengo hijas, pero si hermana. Una que envidiaba los dos mundos de Hannah Montanna y se pasaba las tardes viendo las peripecias de la chiquilla que era escolar de día y súper estrella de noche. Una cabra, para variar, rubia; esclava de una peluca más falsa que Barbie del barrio Franklin. Tal vez sea por eso que se rebeló. Nadie quiere ser ícono de un canal infantil con chascas así de feas, o con una imagen tan prototípicamente armada. Dicen que ser joven y no ser rebelde es una contradicción hasta biológica, por lo que es natural que una niña que recién rompe el cascarón de Disney no quiera ser encasillada dentro de los estilos comúnmente aceptados, sino que pretenda ser “diferente”. Es solo que Miley Cyrus se fue a la chucha.

Me levanté una mañana y me topé con el nuevo video de la hija semirapada de Bill Ray Cyrus (Dios le ampare); uno que más que corto musical parece clip erótico casero de paupérrimo presupuesto. Lo observé y me desaté las pelusas del ombligo para meditar ¡¿quién coño le dijo a esa mina que eso es sexy?! Si fueron sus productores, si es una reacción a Sinead O’ Connor o será demasiada tele y mucho porno. Yo creo en la última opción; por experiencia propia. La primera vez que vi una película de Sasha Grey  -quien ahora escribió un libro, se lo recomiendo- creí que me iba a infartar, y no de ataque moral sino de plancha. Pensé “cresta, yo no podría hacer ni un cuarto de esas caras”. Me imaginé gimiendo como foca herida mientras Grey ponía la boca fruncida, como cuando Cruella de Vil exhala aire de su puro: circular y sensual. Claro, si es que el concepto que tienes de sensualidad es exageración. Esa es la única manera de pensar en que la pobre Destiny Hope (sí, así se llama Cyrus; Shakespeare Mozart no están solos en esto) es atractiva, porque nadie que vea “Adore you” puede motivarse con ella.

Vestida con ropa interior de preoperatorio, Miley se retuerce debajo de las sábanas de su cama mientras intenta agarrarlas con los dientes cual leona a su cachorro, para luego sobarse la palma completa contra el labio; acción que te hace rogar que se haya lavado las manos luego de ir al baño. Posteriormente, para completar la secuencia, mastica su brazo; así como si estuviera intentando ajustar una de esas tiras que te amarran para tomarte la presión. Después, se masturba. Fina. Y te preguntas si es que nadie le contó que insinuar era mejor que mostrar. Y no, Cyrus no se detiene ahí, luego nos knockea chupándose el dedo pulgar como guagua de pecho; esperando estar más rica que K. Moss para Playboy, pero sólo consigue concretar un parecido increíble con Lala de los Teletubbies.

Además, si usted entiende inglishky, comprenderá que la letra es una de las cosas más infantiles que Miley ha cantado hasta ahora: “Si tu dices que me amas, bueno… yo te amo más”. Es como cuando te joteas a alguien por teléfono a los quince y le dices “ay no, corta tú”. Y como ya no faltaba más, la ex Montanna termina encallada en una tina con uno de esos trajes de malla que venden en el Mall Chino, esos que ni siquiera a las modelos plásticas de la vitrina le quedan bien; porque tienes que ser fanático de los mariscos para que alguien encuentre regia tu red de pesca o groupie del Hombre Araña para gustarte envuelta en telar. Ahí mismo chapotea un rato intentando poner la cara de Pamela Anderson en Baywatch, pero solo nos encontramos con un par de cejas pavorosas que te hacen sentir que alguien no pagó la cuenta del agua caliente antes de hacer el video clip.

Pero sí, se agradece que no languetee un martillo en este video, sobre todo por la falta de higiene que deja al descubierto. No hay ninguna toma en “Wrecking Ball” donde su lengua salga rosada, sino que en todas blanca. Y si usted cree que eso es normal, por favor… cepíllese; que debajo de ese sarro hay una mucosidad coloradita que quiere salir. Un tema que no suena sexy, en lo absoluto. Pero podemos aprender de ella; sobre todos cosas como que si los trajes de baño de tiro alto ya pasaron de moda  es por algo, a nadie, ni siquiera a Miley Cyrus, le quedan bien. Pueden ser de osito, de Pascuero o de gato parlante en 3D, pero el tambembe igual se te ve como pollo procesado en criadero de guerra.

Algunos defienden a Miley diciendo que lo único que pretende es provocar. Y sí ese es el propósito, es evidente que lo ha logrado con creces; pero ¿qué hacemos con las cabras chicas que creen que la Cyrus es la Brigitte Bardot de su época? Audrey y Marilyn se sacuden en su cripta. Hasta Flaviana mostraba menos. Por último, el Axé tenía más estilo que el “twerking”. No hay que ponerse tonto grave sí. Yo también me las he dado de “Jana Pintana” bacilando a algún idiota con aires de Robin Thicke en ciertas fiestas; pero yo ya tengo el criterio formado (o al menos eso es lo que pretendo hacer creer).

Y estamos claros que nadie puede obligar a la adolescente con ínfulas de mujercita a hacer música infantil o con contenido, pero sí podemos instruirnos desde lo malo e invocar al gran Gonzalo Cáceres a modo de conclusión: Está IN hacer un clip en la cama con suspiros lastimosos para el pololo, pero está OUT grabar un video donde la protagonista se filma toqueteándose de forma profunda. Está IN realizar cortos con la tina como locación, pero está OUT hacerlo en una donde el agua, a todas luces, está llena de piñén. Está IN intentar bailar como negra del ghetto, pero está absolutamente OUT sobar tus partes íntimas con un dedo gigante en una premiación que todo el mundo ve; incluyendo las niñas que creían que Miley era una princesa. No todos queríamos enterarnos de los fetichismos de Cyrus.