La belleza física es efímera, la belleza interior es eterna

Hay que preocuparnos por nutrir nuestro espíritu

Es inevitable mirarnos en el espejo y enfocarnos en todas las cosas que han cambiado en nuestro rostro. Crecemos con la idea de que el paso de los años provoca "estragos" en nosotras y que las manchas y arrugas significa que ya no somos hermosas o deseables.

La sociedad nos ha hecho creer que la belleza física es más importante que nada después de todo, es lo primero que ven los demás. Mientras los hombres que envejecen son calificados como "los buenos vinos", las mujeres somos "viejas" o "acabadas".

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Pero las arrugas no deberían ser un motivo para sentirnos avergonzadas. Al contrario, hay que verlas como una huella de lo mucho que hemos sonreído o de lo bien que hemos vivido. Lo importante es que recordar que el tiempo nos ha dejado valiosas lecciones y que con ello, hemos nutrido nuestra alma.

Porque en la vida lo importante es crecer en el interior. Después de todo, la belleza física es efímera pero la belleza del alma, perdura por siempre.

Al natural, sin filtros y sin miedo al qué dirán, no hay por qué sentirnos avergonzadas de las marcas en nuestra piel. Las mujeres no tenemos que tenerle miedo a los años y mucho menos vivir con la idea de satisfacer lo que los demás esperan de nosotras .

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Envejecer es inevitable y las arrugas llegan con el paso del tiempo.  Llega un momento en el que al sonreír se nos forman las llamadas patas de gallo y ocultarlas se convierte en una misión imposible. El paso de los años es inevitable pero si nos concentramos en nutrir nuestra belleza interior, habremos ganado.  

Es momento de dejar de vivir presionadas por cumplir con los estándares de belleza que la sociedad nos impone. Es momento de dejar de creer que cuando llegamos a cierta edad dejamos de ser hermosas o deseables. Hoy más que nunca, debemos aprender a aceptar los cambios en nuestro cuerpo y ver todas esas marcas como un símbolo de los buenos recuerdos que vamos acumulando.

 

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