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Los primos tóxicos existen, y son los que siempre se están comparando contigo

Cuando los éxitos se convierten en una forma de hacer sentir mal al otro.

Nuestros primos son las primeras personas –de nuestra edad– con los que convivimos. Se convierten en nuestros primeros amigos, los cómplices de todas nuestras travesuras, y los conocedores de todo nuestro contexto familiar.

Sin embargo, el tiempo hace que los caminos (en algunas ocasiones) comiencen a separarse. Muchas veces nos convertimos o se convierten en un agente muy tóxico que limita nuestra vida. 

De forma casi inevitable surgen las comparaciones, y no hay nada más tóxico que esto. Los primos comienzan a verse como una competencia, y esto los empieza a enemistar.

Cuando los éxitos se vuelven un vehículo para hacer sentir mal a otros –y sobretodo a nuestra familia– es momento de parar. Si esta persona con la que creciste está constantemente compitiendo, no es necesario seguir ahí.

Tenemos todo el derecho de alejarnos aunque sea nuestra familia. Es muy común que los primos se vuelvan esta presión sobre cómo estamos llevando nuestras vidas, y es muy deprimente que te hagan querer hacer lo mismo que otros. 

No importa en qué momento estés, al final es tu vida y nadie tiene derecho de juzgarla o decir si es mejor o peor. Lamentablemente, estos cómplices de vida se pueden tornar muy tóxicos, y aunque triste, no es sano quedarse a esta absurda competencia.

La comunicación, el decir qué te molesta, o el alejarte siempre podrán ser algunas de las soluciones para no sufrir de estas situaciones.

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