Pilar Sordo: “Las redes sociales refuerzan la hipocresÍa”

La destacada sicóloga lanzó este año su último libro, La libertad de ser quien soy, en el que hace una invitación a detenernos, cuestionarnos y liberarnos de los antiguos mandatos y prejuicios que nos impiden ser libres

 

 

En su último libro, La libertad de ser quien soy, Pilar Sordo (53) hace una invitación a cuestionarnos. Un proceso que ella misma vivió cuando comenzó a juntar la información para escribirlo. “Fui educada en una idealización del dolor como única forma de aprendizaje. Hoy no creo para nada en eso”.

Espera que su más reciente trabajo llegue a las personas en el momento en que necesiten detenerse un rato, que les permita resetearse. Anular su programación y reprogramar miradas nuevas del ser humano. El libro llega desde lo más íntimo, desde las emociones.

“Parte desde lo más privado que se relaciona con la educación familiar, con el tema de las emociones, con que no se puede llorar, con que no se puede reír fuerte, con que no se puede decir que uno tiene miedo. Con esta sobrevaloración de la rabia, al estar tan sobrevendida. Y termino con un tema más sociológico y político, la eliminación del patriarcado, como sistema que también inhibe lo que somos”, explica.

¿Cómo crees que ha sido para tu generación la transición de una sociedad machista a una más feminista e inclusiva?

Ha sido un aprendizaje, porque siento que he tenido que reformular un montón de cosas que para mí eran naturales y que me encanta que para mi hija, que tiene 25 años, ya no lo sean. Uno tiene que hacer el ejercicio de cambiar palabras y de estar alerta. Estar consciente de eso, es lo que permite que este libro pueda funcionar, tiene que ver con un ejercicio de conciencia. Te invita a la pregunta continua, constante, perseverante. A no dar nada por sentado, a cuestionarlo todo y desde ahí definir mi propia verdad en relación a lo que yo soy, a lo que quiero ser como mi mejor versión.

Pilar Sordo

 

¿Cómo se puede evitar vivir de las apariencias en un mundo lleno de estímulos?

Siempre hemos vivido en base a las apariencias, y las redes sociales son una forma más. Mostrar el auto, la ropa o un determinado estatus se relaciona con un modelo que incentiva el capitalismo, que te hace mantener esta presunción de que, en la medida que muestres, eres. Y eres más en la medida que muestres más. Las redes sociales refuerzan la hipocresía. En eso siento que la gente es bastante más inteligente de lo que uno supone, y sabe reconocer qué es verdad y que no, cuánto hay de mostrar una imagen y cuánto de honestidad.

En tu libro hablas sobre el miedo a disfrutar, porque creemos que después vendrá algo malo. ¿Por qué nos pasa eso?

Fuimos colonizados mayoritariamente por los judeo cristianos, y ellos enseñan que sólo se aprende con el dolor, que pasarlo bien es un signo de superficialidad, de liviandad, de falta de contenido. Tenemos cero valor al descanso o al ocio, que es algo que nos están enseñando las nuevas generaciones. Hay un tema de juicio frente al disfrute, como si a través de él no se aprendieran cosas importantes. Somos pueblos que llamamos al sufrimiento, porque es la única forma que nos enseñaron para aprender a ser mejores personas.

Cuesta reconocer que estamos bien…

Cuando alguien está teniendo un buen momento, automáticamente aparece el miedo, porque te enseñaron que lo bueno dura poco, que se acaba. Existen cientos de códigos en el inconsciente colectivo que están permanentemente amenazando tu estado de bienestar, y por eso da mucho susto decir que uno está bien, porque siente que se acabará y por eso siempre nivelamos para abajo. Cuando nos preguntan cómo estamos, decimos ‘aquí, pasándola’. Decir “me siento demasiado bien” da mucho miedo, porque debes hacerte cargo de esa realidad.

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Re-entender el éxito, reconocer el cansancio, aprender a dormir. La responsable de Norma está en una vereda brillante en la que se permite pensar en la maternidad, valorar a sus amigas y aplaudir las redes de mujeres en la música.

En tu caso, ¿cómo fue el proceso para liberarte de los prejuicios y mandatos?

Me formatearon de forma conservadora, con muchos miedos, con esta idea de ser precavida, del que guarda siempre tiene. Me tuve que empezar a reprogramar y lo hice con terapia, no pude hacerlo sola. Transité por cada uno de los capítulos, preguntándome cómo estaba anestesiando mis emociones, cuáles eran los mandatos que determinaban ciertas situaciones, como, por ejemplo, la idealización del dolor. Fui educada en una idealización del dolor como única forma de aprendizaje. Ahora no creo para nada en eso. En el disfrute también se aprenden cosas súper importantes de la vida.

A veces somos muy culposos. ¿Cómo nos podemos liberar de ese sentimiento?

Hay que tener la capacidad de aceptación de lo que te está tocando vivir. No significa resignación ni estar de acuerdo, sino que sólo eso, aceptar. Lo otro que ayuda es conectarse con el presente, porque generalmente la culpa tiene que ver con factores del pasado. En este presente estamos llamados a modificar ese error, a asumir que podemos haber sido responsables y, en esa responsabilidad, seremos capaces de modificar nuestra historia. Cuando logramos encontrar un aprendizaje, la culpa desaparece.

Y eso nos ayudará a tener mejores relaciones con otros también…

Estamos entrenados para autodestruirnos. En vez de hacer cosas que nos hacen bien, a veces tomamos decisiones que nos hacen mal. En la medida en que empezamos a generar el amor propio, cuando nos relacionamos con otros, entregamos el máximo, porque lo estamos haciendo libremente. Mi calidad de amor, de entrega, no puede ser buena si es que no estoy bien internamente. Tenemos la hermosa posibilidad de reinventarnos, pero desde la libertad.

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