La razón por la que una decepción duele tanto

La decepción puede ser provocada por muchas situaciones que no esperábamos

La decepción, ya sea porque fallamos de alguna manera o porque alguien en quien confiabas, nos dio la espalda, duele…y mucho. Decepción por no sentirte apoyada, decepción por no haber logrado algo, decepción porque alguien no es como creías; hay pocos sentimientos más frustrantes que ésta, que te desmoronan lentamente y que te hacen dudar de todos y de ti misma. ¿Por qué nos afecta tanto?

La decepción puede venir acompañada de arrepentimiento y puede inmovilizarte por completo. Tu mente vislumbró algo mejor pero cuando las cosas no salieron como esperabas, se da cuenta de que las oportunidades ha cambiado permanentemente.

Los estudios nos dicen que muchos de nosotros tememos la decepción tanto que realmente cambiamos nuestro comportamiento para no tener que sentirla.

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¿Por qué le tenemos tanto miedo? La respuesta viene de que la decepción en sí misma, un sentimiento doloroso o triste que sucede cuando algo interrumpe nuestros sentimientos positivos y nuestras esperanzas. Esto puede traer sentimientos de vergüenza, lo que nos hace sentir mal por nosotros mismos. Creemos que de alguna manera tenemos la culpa, ya sea por provocar la falla o por haber tenido grandes esperanzas en primer lugar.

Los neurocientíficos explican que ante cada decepción se genera una especie de disparo neuronal con el que disminuyen los niveles de serotonina, dopamina y endorfinas, sustancias que nos traen la sensación de bienestar.  Cuando una persona se siente decepcionada, se libera de inmediato glutamato y GABA hacia la habénula (un grupo de células nerviosas). Si el cerebro envía una cantidad elevada de estos neurotransmisores, la sensación de decepción será mayor. Esto es que nuestro cerebro regula la intensidad de nuestro dolor emocional.

La decepción es enteramente una construcción de nuestras propias expectativas. Y no importa cuántas promesas nos haya hecho otra persona, la realidad no tiene la responsabilidad de cumplir lo que esperamos, en el momento en lo queremos y como lo queremos.

El problema con otras personas es que nunca nos entenderán tan intrincadamente como nos entendemos a nosotros mismos. Nos sentimos decepcionados con las personas que nos rodean porque no coinciden con nuestra definición de "amor", "amistad" o "apoyo". 

Algunas personas nunca van a aparecer exactamente cuando las necesitamos pero eso no significa que no sean buenas, amables o que no tengan buenas intenciones con nosotros. Tampoco significa que no nos quieran o que no tengan nada que bueno que ofrecer.

No podemos tener el control sobre la forma de pensar o actuar de otros pero sí tenemos control sobre nuestra reacciones. .Cuanto más nos damos cuenta de lo que tenemos sobre el control, más terminamos convirtiéndonos en versiones más grandes y fuertes de nosotros. Versiones que nunca defraudan.

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