El riesgo de comer por ansiedad y no por hambre

Cuando la ansiedad ataca es muy fácil caer en atracones innecesarios de comida

Piensa en la última vez que te sentiste angustiada, preocupada o nerviosa por algo. ¿Respiraste profundo? ¿saliste a correr?o quizá, ¿fuiste a la tienda para comprar un paquete de galletas? Cuando la ansiedad ataca puede sentirse de diferente maneras: en la cabeza, sin un bombardeo de ideas sin sentido; en el pecho con una falta de aire tremenda o en el estómago, con unas ganas insaciables de comer.

Todos encontramos diferentes maneras de calmar esos momentos de ansiedad, lo difícil es cuando la mente y el estómago se mezclan pues podemos caer en prácticas que dañan nuestra salud como lo es el comer en exceso. Y es que muchas veces, sin darnos cuenta, caemos en el hábito de comer cuando estamos preocupados, nerviosos, estresados o incluso aburridos.

¿Qué tiene que ver comer con reducir la ansiedad? La comida puede cumplir una función de reducción de la ansiedad de muchas formas pero es importante distinguir cuándo recurrimos a ésta por culpa de nuestro estrés o preocupaciones ya que puede incluso terminar en un trastorno por atracón.

La necesidad de comer para sanar episodios de ansiedad aparece de manera imprevista y repentina, no se origina como tal en el estómago, sino que nuestra mente genera una serie de imágenes mentales y representaciones de la comida que nos hace creer que la necesitamos.

La distracción y aburrimiento también son factores que afectan ya que comemos de manera automática, sin ser conscientes del tiempo ni de las cantidades que consumimos. El problema es que casi siempre buscamos grasas o comida basura y al final, no nos sentimos saciados.

¿Cómo lidiar con el hambre emocional? 

Identifica las situaciones o momentos en los que aparece el hambre

Quizá estés en un periodo de estrés laboral o estás en una reunión en la que te sientes incómoda. También puede ser que se deba a cambios hormonales o síndrome premenstrual. Lo importante es que detectes qué es lo que puede estar detonando tu ansiedad para que puedas pensar en otras soluciones como respirar, caminar o hacer cualquier otra actividad.

Aprende a gestionar las emociones

No reprimas ni guardes tus emociones negativas. Tampoco dejes que éstas te consuman. Si dejas ir tus emociones en vez de bloquearte, dejarás de sentirte ansiosa o nerviosa y podrás pensar con claridad.

Busca alternativas de comida

Está bien, si sientes que no puedes evitar las ganas de comer cuando estás nerviosa, será mejor que recurras a alternativas más saludables como las manzanas o verduras picadas. Hay muchos alimentos que tienen nutrientes que calman al organismo y que además, aportan grandes beneficios.

Respira

Busca ejercicios y técnicas de relajación que te ayuden a disminuir la tensión. Intenta este ejercicio:

(1) Apoya las palmas de las manos en los extremos de una barra de más o menos un metro (puede servirte el palo de un recogedor o escoba corta). (2) Súbelo por encima de la cabeza abriendo bien tu pecho y vuelve a bajar lentamente. Haz 10 repeticiones. (3) Con el palo elevado por encima de tu cabeza ladea el tronco hacia un lado y el otro de forma suave, sin desplazar las caderas. Siente cómo se movilizan las costillas y relaja.

Mejora tus hábitos de sueño

Cuando no duermes, tus niveles de ansiedad y estrés se elevan y con ello, tu hambre. Así que si combinas un día estresante con falta de sueño, entonces entras en un ciclo vicioso de comida.

¡Muévete!

El ejercicio físico te ayuda a aumentar los niveles de dopamina, relaja tu cuerpo y libera la tensión acumulada.Además, es una gran forma de mantenerte ocupada y sana en muchos otros aspectos de tu vida.

Toma agua

El agua natural es tu mejor aliada cuando sientes hambre. Ayuda a mantener la sensación de saciedad además de que mejora tu concentración y libera las toxinas de tu cuerpo.

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