Cuando el matrimonio termina: ¿Qué tipo de ex quieres ser?

La familia actual incluye hijos, madres, padres, pero también ex maridos con los que sí podemos pasar Navidad y Año Nuevo, poniendo todos un grano de arena. Las cosas cambiaron, y la adaptación es clave para una vida sana para nosotras y nuestros hijos.

Por: Carla Ingus M.

"¿Tu ex marido? No entiendo. Ese que lleva a tu hija al colegio casi todos los días no es tu marido, ¿es tu ex?", me decía estupefacta una apoderada del colegio hace menos de una semana. Por más de tres años ha visto que junto a mi ex marido hemos acompañado siempre a mi hija, que él viaja de Providencia a Colina para llevarla al colegio, y no sólo eso; también lleva algunos días a mi hijo pequeño, fruto de mi actual matrimonio. Si miro un poco más allá, me encuentro con una de mis mejores amigas, separada con dos hijos y vuelta a casar. Cada cumpleaños infantil cuenta con su ex, la señora de éste y la hija de ambos. Todo muy normal y civilizado. Parece increíble para muchos, pero finalmente son los nuevos tiempos, donde el acento está en los niños por sobre el ego, rabias y desaveniencias de los adultos. La gran dificultad radica en que nadie nos enseñó cómo ser ex, y cómo tratar a un ex.

Hasta hace unas generaciones la figura del ex marido no existía. O por lo menos no tan masivamente como hoy. Las separaciones son cada vez más comunes y los matrimonios de larga duración, más escasos. Emergió, entonces, una nueva figura, "el ex", quien –sobre todo cuando hay hijos de por medio– se convierte en un personaje muy presente en la vida de las mujeres… El punto es que no tenemos el consejo de nuestras madres o abuelas para vivir con esta nueva realidad.

Naturalmente los errores que cometemos en este tipo de relación son muchos. Y es que tal como nadie nos enseñó a ser madres, hijas, hermanas, lo mismo corre a la hora de ser "la ex".

Desenmascarando al ex

Desde una perspectiva sicológica podemos decir que hay dos figuras muy marcadas de ex, las que se dan dependiendo de quién decidió romper con el matrimonio. El sicólogo Christian Pablo Soto detalla cuáles son:

1) Cuando la mujer deja al hombre: El hombre se deprime, ya que su masculinidad se ve afectada. Ya no es deseado ni considerado. Siente que no fue capaz de lograr el afecto, reconocimiento y apego mínimos de su mujer, lo cual es altamente frustrante. Estos separados salen los fines de semana al mall con los niños (el mall se convierte en el living del hogar del separado), su apariencia no es muy buena, no se alimentan bien, etcétera. Es una situación más bien penosa.

2) Cuando el hombre se separó por otra mujer: El varón se siente libre, expande su quehacer, siente que finalmente ha dejado atrás un capítulo y que está abriendo otro mejor (al menos en la fantasía de su mundo interno). Se viste bien, se perfuma, ríe más frecuentemente y hasta es capaz de cambiar hábitos de vida que habrían sido imposibles en su matrimonio anterior. Por ejemplo, va al gimnasio, se compra ropa nueva y socializa con los demás. Es una situación más bien gozosa.

Por su parte, el libro "Desencantadas", escrito hace un tiempo por Lenka Carvallo, es una investigación acerca de los perfiles de ex maridos. Para la periodista la situación se resume de la siguiente manera:

1) Aquellos que desaparecen y nunca más dejan rastro (el fantasma), o que sólo se asoma cuando le toca llevarse a los niños, pero que se esfuma cuando le toca darte el cheque.

2) O el monstruo, ese que no tolera que hayas sido la de la genial idea de separarte; tiene el cerebro de un niño de ocho años pero un ego colosal, por lo que deduce que la separación de bueno para él no tiene nada, y se dedica a hacerte la vida imposible.

3) El víctima, que anda por todos lados lloriqueando porque lo dejaste; poco importa si lo pillaste con las manos en la masa de otra o tenías toda la razón, él se dedicará a decirle a todos que él es un santo y tú una prostituta.

4) O el detective, que ronda por las noches fuera de tu casa para saber si estás y con quién, que llama sin importar la hora, que se aparece cuando no estás para interrogar a la nana y hasta a sus propios hijos.

A los problemas propios de cada personalidad, se suman los económicos. "Vivimos en una sociedad que nos ha dejado prácticamente indefensos frente a necesidades esenciales como un fácil acceso a los servicios básicos, educación, salud y transporte. Así, el separarse rompe con la lógica del aporte, de la cooperación, del sumar y multiplicar. La separación nos lleva a la lógica del individualismo, del restar y dividir… Separarse suele ser el peor negocio que uno o ambos miembros de la pareja pueden hacer", asegura Christian Pablo Soto.

Mea culpa

Independiente de que sea un azar, siempre hay algo que podemos hacer. "Uno de los criterios para evaluar 'madurez emocional' en adultos es la capacidad de llevarse bien con el o la ex. Hoy esto es mucho más frecuente que antes, sobre todo en las nuevas generaciones de separados (personas de entre 25 y 35 años), quienes muchas veces son a su vez hijos de padres separados", plantea el experto.

De vez en cuando ver qué es lo que nosotras estamos haciendo equivocadamente también puede contribuir a mejorar el escenario. Uno de los principales errores que cometemos es creernos irreemplazables o, como dice Carvallo, "únicas, omnipotentes, que somos capaces de hacer todo solas. Y en el trayecto nos damos cuenta que de la omnipotencia a la impotencia hay un solo paso. Lo bueno es que aprendes a cortar el pasto, acarrear las bolsas del supermercado, destapar el baño, poner las ampolletas, ¡y hasta a descorchar tu propia botella de vino! Y aunque a veces te deprimas y te equivoques, tus hijos siempre te van a querer igual. Si nuestro matrimonio no fue perfecto, ¿por qué debiéramos serlo nosotras?".

El duelo y después

Teniendo claros los personajes, podemos avanzar, pero no tan rápido. Todas queremos volver a ser felices, tener una vida plena y normal pero, ¿cuánto demoraremos? "Normalmente toma no menos de 2 años dar por cerrado el capítulo de manera madura, adulta y reposada. Esto es cuando las iras o las lágrimas han desaparecido. Sin embargo, esto dependerá, en primer lugar, de que AMBOS ya no se amen. Posteriormente incide el que no existan grandes diferencias por temas de las relaciones con los niños, la administración del dinero, así como asuntos territoriales", opina el experto.

La separada…

Si bien nos hemos referido al nuevo personaje en la sociedad, no debemos olvidar que paralelamente creamos otro: la separada. ¿Cómo es? Desde la perspectiva de Christian Pablo Soto, "la describiría como una mujer que se ha ido masculinizando y perdiendo su esencia femenina. Por la carencia de afecto se ve defendida frente al mundo, con temor de no ser capaz de autosustentarse y con miedo, casi fóbico, a la pobreza. Se encuentra desilusionada de los hombres y de las historias de amor que le contaron en la infancia y que tantas veces vio en televisión. Suele escudarse en los hijos para hacer o decir cosas que ya está suficientemente madura para decir o hacer a título personal. Ambivalente sobre rehacer o no su vida de pareja, con un grado notable de inconciencia, similar a las adolescentes, en temas clave como son el contraer enfermedades de transmisión sexual e incluso embarazarse. Algunas optan por una vida sin pareja estable, con contactos ocasionales, que sólo van reforzando en ellas una sensación de vacío interno, de 'mujer objeto', de que los hombres son niños, todos iguales, incapaces de comprometerse y perseverar en un vínculo más allá del sexo. Otras optan por la vida familiar, por integrar a sus amigos y amigas al seno hogareño. Son acogedoras, abnegadas y desinteresadas. Esperan, en su corazón, que la vida les de la oportunidad de conocer a un alma gemela, ojala no muy dañada, que las acepte con su mochila (niños, deudas, el ex, etcétera), las corteje y regalonee. Alguien que las desee, pero por sobre todo con qu¿