¿Cómo saber si tienes un exceso de ego?

Reconoce estas señales y mantén tu ego en equilibrio.

Siendo honesta, no tolero el egocentrismo de las personas, pero tampoco me salvo de tener el propio. El ego es un arma de doble filo que ni puede sobrarte, pero tampoco hacerte falta. El tema con esto, es que mantenerlo en equilibrio es un verdadero reto en la vida, porque de repente despegamos y no hay quien nos haga regresar los pies en la tierra.

Afortunadamente, cada vez somos más conscientes de las consecuencias tan horribles que implica vivir con un exceso de ego, pero como tampoco podemos hacer como que no existe, más nos vale entender cómo es la mejor manera de lidiar con él y en qué dosis.

¿Cómo me doy cuenta cuando me estoy pasando de ego?

Como te decía, no tiene nada de malo tener unas cuantas rayitas de ego, pero hay aguas, hay algunas señales de que ya nos estamos pasando.

  • Exceso de competitividad: la verdad nos encanta competir, y eso está increíble porque nos ayuda a detectar nuestras áreas de oportunidad y echarle ganas para mejorarlas. Pero cuando sólo estás pensando en eso y en quién será tu próxima víctima, se prende el foquito rojo de “alerta”.
  • Buscas la aceptación de otros: en lo personal, me cuesta mucho trabajo hacer algo sin que pase por el visto bueno de las personas más importantes para mí. Pero de eso a buscar que a toda costa la gente a mi alrededor se sienta complacida con lo que hago, es muy distinto. Las personas con ego bajito tienden a hacer lo que a todos hace feliz menos a ellos.
  • Estás a la defensiva: típico de las personas que no soportan que las corrijan o les hagan una observación respecto a cosa que están haciendo mal. Si eres de las personas que, en cuanto te empiezan a contradecir te ofuscas, es momento de bajarle dos rayitas a tu barrita de ego.

Es momento de confesar, ¿quién se identificó con una de estas tres? Bueno, ahora toca trabajar en eso para que todo vuelva a la normalidad y dejen de vernos como los pedantes ególatras en los que a veces nos convertimos.

¿Cómo regreso a la normalidad?

  • No todo depende de ti: tendemos a creer que si nosotros no hacemos todo, se cae el mundo y nadie más lo puede resolver. La incapacidad de delegar nos vuelve locos porque terminamos llenándonos de responsabilidades sólo porque no creemos que otros no nos apoyarán. Asume tu rol en todo momento y cede lo que no puedas.
  • Trabaja en la confianza: parte de la incapacidad de delegar es la falta de confianza que tenemos y que nos tienen. Para poder hacer cosas de valor y equilibrar nuestro ego, necesitamos ganarnos la confianza de la gente y que no les de miedo equivocarse frente a nosotros. Quítate tu disfraz de ogro y saca tu lado más amigable.
  • Acepta que también te equivocas: no importa si eres el más ilustre en la plática o en lo que haces, la experiencia no te garantiza que siempre estarás en lo correcto. Si te equivocas, reconócelo y enmiéndalo.

Lo contrario del ego es la humildad, y una persona que sabe perdonar y pedir perdón cuando se equivoca tiene un valor único en la percepción de los otros. Que el ego no te sobrepase, porque si lo dejas, entonces empieza a consumir todo lo que te rodea.