Cómo arruinar una relación que apenas comienza

A menos que quieras asustar al otro, hacer que salga huyendo, evitar caer en estos errores de las primeras citas.

Las primeras citas, las relaciones que comienzan, qué divertido, qué esperanzador, pero no siempre es fácil. Sobre todo cuando el sentido común nos falla, o cuando llevamos tanto tiempo sin pasar por ese proceso que nuestro instinto de las citas está empolvado. En esos fatídicos casos, terminamos cometiendo errores que funcionan como asesinos del porvenir.

Perdón que me ponga tan grave, tan solemne, pero a veces, sin darnos cuenta, pareciera que hacemos todo lo posible por que esa persona (que podría haberse enamorado de nosotros) salga huyendo despavorida, peor que si hubiera visto a un muerto.

Es poco probable que una nueva relación sobreviva a situaciones como las siguientes:

Enamorarse antes de tiempo

Yo le llamo síndrome del enamoramiento prematuro. Es esa desesperada necesidad de saberse enamorado (tanta y tan grande que se convierte en una forma de desesperación, y la desesperación espanta, te convierte en zombi).

Presionar al otro para que haga cosas que no quiere hacer

Irse a la cama, emborracharse, tomar drogas, saltar de un paracaídas… O simplemente comer tal o cual cosa, ver tal o cual película, ir a tal o cual lugar… No se necesita demasiado riesgo para que determinadas actividades resulten incómodas. Si las citas le parecen incómodas, ¿por qué querría seguir teniéndolas?

Mentir

Deja las mentiras piadosas para una etapa en que la relación esté más evolucionada. En cuanto a las mentiras de otras índoles (fortuitas, ególatras, inconscientes de sí mismas), también hay que evitarlas. En una de esas te agarran con medio cuerpo sumergido en la mentira… y qué situación tan poco afortunada.

Hablar de dinero

Personalmente este punto me hace huir de inmediato. Las conversaciones sobre dinero son aburridas y mezquinas, una pésima forma de romper el hielo. Una sale con gente en citas precisamente porque quiere pasarlo bien, dejar de pensar en las tarjetas, las deudas, etc. Es demasiado pronto para finanzas compartidas y poner sobre la mesa tus gastos, de pésimo gusto.

Cuando me doy cuenta de que la otra persona piensa todo el tiempo en dinero, me retiro cuanto antes. Habiendo tantas cosas de que hablar, tantas cosas en que pensar… qué desperdicio.

Hablar sólo de ti

Sí, hay que dejarle ver al otro quiénes somos, pero qué flojera el monólogo, el abuso de la primera persona del singular. Si la otra persona no te interesa lo suficiente como para escucharla, ¿qué sentido tiene seguir intentando?

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(cc) Jennifer Kelton / Flickr

Decir que quieres casarte y/o tener hijos

No creo que sea buena idea en la primera cita. Siempre hay excepciones de la regla, pero a mí me asusta mucho cuando alguien dice cosas como “es mi sueño formar una familia”. También suena a desesperación.

Hacer escenas de celos

Qué más da si la relación apenas comienza, si está evolucionada, si está por terminar. Los celos nunca son buena idea. Me queda claro que no es algo que se decida, sino que llega, que se siente, algo que algunos creen no poder controlar. Pero hay que hacerse de buenos hábitos mentales. Nadie quiere estar con personas inseguras y desgastantes.

Quejarte

Porque tuviste un mal día, porque hay demasiado tráfico, porque tienes muchas deudas, porque todos en el trabajo te parecen antipáticos… es cansadísimo estar con alguien que se queja todo el tiempo.

Obsesionarse con las redes sociales del otro

Una cosa es meterte a sus perfiles a ver lo mono/a que se ve en las fotos y otra llevar registros de qué hace, con quién, cuándo y dónde, indignarse por las conversaciones que tiene con otros, ver más de la cuenta. Que esa persona te interese no quiere decir que debas dejar de vivir tu propia vida.

Hablar de tu ex

No es que no puedas mencionarlo, pero ¿cuál es la necesidad de convertirlo en protagonista de la cita? Mira, si no has podido olvidarlo/a, si lo sigues amando u odiando, si el rencor te carcome, tienes dos opciones: dejar de salir en lo que se te pasa el mal de amores o disimular. Si eliges lo segundo, hazlo bien. De lo contrario, el otro saldrá corriendo.