Cómo el porno en línea está destruyendo las relaciones

Más de la mitad de los divorcios de hoy en día, tienen que ver con el porno.

Hay muchos tipos de relaciones con el porno en pareja. Están los que lo comparten, están los que lo esconden, están los que lo recrean y, finalmente, los que se obsesionan con ello.

Debemos de reconocer que las épocas donde nuestros abuelos se escapan por un ejemplar de la Playboy, ¡se han acabado! Todos los estilos de coito se encuentran al alcance de tus dedos en la red.

Dale Lach, abogado matrimonial, afirma:

Es muy conveniente ahora. No tienen que decir: ‘Voy a salir a los bolos esta noche.’ Sólo van al estudio de la casa y cierran la puerta.

El abogado señala que cada vez más y más mujeres buscan dejar a sus maridos por culpa del porno. Convirtiéndose así en un verdadero problema para la pareja.

Por si fuera poco, en 2003, un estudio de la Academia Americana de Abogados Matrimoniales demostró que más de la mitad de los divorcios señaló a la pornografía en línea como una de las causas principales de la separación. Fue señalado, además, como un rol significativo en el caso.

Para NY Mag, 2 mujeres de diferentes edades compartieron la historia de cómo el porno arruinó sus relaciones:

Renata, 39

La mujer era una editora en una relación formal con un músico. Cuando Renata descubrió el pasatiempo de su novio, lo dejó pasar aunque se quedara intranquila. Sin embargo, su novio poco a poco demostraba ciertas actitudes poco convencionales en el sexo.

Renata recuerda cómo cada vez le pedía más y más sexo oral, junto con la ausencia de juego previo en sus encuentros. Finalmente, reconoce:

Era como “ponte los zapatos altos y báilame.” Él diría cosas directas de un vídeo. Era como tener sexo con un chico de 14 años.

Ahora, no tengo problema en conseguir la atención de un hombre, pero si estás lidiando con una chica en un traje de cuero entallado y brilloso con unos senos tremendos y la habilidad de una contorsionista, no puedes competir.

Renata, entonces, demostró que se sentía incómoda al respecto, por lo que el sexo comenzó a desistir: no más de 6 veces al año. Así que, con mayor razón, su novio no se separaría de su computadora: la llevaría al baño, la llevaría de vacaciones e incluso al cuarto.

Un día, Renata descubrió una conversación pícara entre su novio y otra mujer en una sala de chat “caliente.” Renata le dijo que era ella o el porno. Finalmente, luego de unos días, Renata lo descubrió mirando otro vídeo bastante comprometedor.

Parte de su enojo, era más que nada incomprensión. ¿Cómo podía preferir un vídeo antes que a ella?

Ni siquiera era otra persona. Él tuvo la opción de masturbarse enfrente de la computadora o tener sexo conmigo, y escogió la computadora.

Linda, 29

Linda lleva año y medio de noviazgo con Steven, un adicto al porno. Pero en su caso, Steve tenía el efecto contrario en cuanto al sexo. Steve no tardaba ni un segundo en terminar de ver el vídeo porno en turno y, de inmediato, quería montarla como a un toro.

Llegaron a tener sexo hasta 4 veces en una noche.

Linda llegaba bastante cansada del trabajo y Steve editaba la escena como si se tratase del guión de una película porno que, durante gran parte de la tarde, se había dispuesto a planear. Steve guardaba clips en su computadora para mostrárselos a su novia y, finalmente, llevarlos a cabo durante la noche.

Podía estar practicándole sexo oral y él hubiera dicho: “Esto es genial, pero así estaría mejor,” y entonces, sacaría su laptop.

Antes de conocer a Steve, Linda disfrutaba de ver porno con sus ex parejas, e incluso se disponía a mirar cierta acción de mujer-mujer. Sin embargo, lo que más le agradaba a Steve, era tenerla de rodillas y dirigirla para hacer cosas que, a su criterio, le resultaban humillantes (como cuando intentaba nuevas técnicas para eyacularle en la cara, que le provocaron sarpullido).

Pero si ella rechazaba tener sexo, él tomaría su laptop y se masturbaría enfrente de ella. Linda confiesa que, conforme pasaba el tiempo, ella sentía incluso asco por él.

Esta relación me hizo pensar: “¿Seré tan mala en el sexo?” Pero luego me di cuenta: yo no era una estrella porno, yo era sólo una chica en una relación con alguien a quien amaba.

El artículo afirma que, en épocas pasadas, el terror de toda mujer enamorada era un chica voluptuosa de cabello rubio y un largo escote. Pero ahora, son muchas chicas en cabello rubio y sin ropa alguna.