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6 razones por las que es difícil encontrar el verdadero amor

Las relaciones no son tan complicadas, lo somos nosotros.

En estos tiempos la soltería no es lo mismo que estar solo, sin embargo varios solteros esperan enamorarse, cambiar su estatus y no lo logran. La sentencia ‘relación de pareja’ suena tan complicada como una ecuación infinita en el pizarrón de la preparatoria: nuestra bastante peculiar generación y la presente cultura hook up hacen que encontrar el amor sea menos sencillo de lo que parece, según Elite Daily, por las siguientes razones:

1. Lo que definimos por amor

Habría que partir de la concepción que prevalece del amor verdadero. Hace algunas décadas esa idea se materializaba en una boda, una familia y un “juntos hasta la muerte”. Otra se forjó a base de películas en el que un hombre hace lo posible por obtener como premio el amor de una mujer, acrobacias si era necesario. Otra puede ser por las historias que escuchamos de personas enamoradas o de los padres, y tu idea seguramente no es la misma que cuando tenías 17 años.

Sin embargo, la mejor definición de amor es la que cada quien forja, dependiendo de sus aspiraciones y necesidades afectivas. Por ejemplo: para algunos es una cárcel, una donde son felices y es válido, para otros es uno donde su libertad permanece intacta, para los escépticos lo encuentran en la antítesis del romance aprendido.

Incluso el amor verdadero puede ser muy finito y haber varios en la vida, la relación más satisfactoria podría ser menos intensa y apasionada que una anterior, a estas alturas ¿qué es el amor? A cada quién nos toca construir la idea y lo siguiente es encontrar alguien que más o menos encaje o nos deslumbre inesperadamente.

2. Miedo al compromiso

Salir con alguien, engancharse, compañía agradable, la felicidad espontánea, en fin: enamorarse, siempre lleva a otro nivel y luego a otro y a otro más. Ser “algo” oficialmente te priva, por supuesto voluntariamente, de ciertos privilegios que brinda la soltería: poder de decisión absoluto, libertad sexual. La misma etiqueta “pareja” asigna roles que la expectativa social impone desempeñar.

De ahí a vivir juntos y compartir espacio, a intentar perpetuarlo en una boda o cualquier tipo de unión o juramento. Y aunque no siempre es así y no es necesario obedecer a una convención social, para muchas personas esta escalonada de estereotipos les aterra suficiente para dar el mínimo paso.

3. Miedo a fallar

Muchas relaciones acaban mal. Es difícil sortear cierto pesimismo, pero también hay parejas que les va bastante bien, ¿cómo saberlo? Intentándolo. Me uno al club de los que tienen como barrera el miedo al fracaso.

4. No estar dispuesto a esforzarse

Una de las idealizaciones más traicioneras es aquella en que se cree que el amor es sólo dejar fluir, que las cosas se dan por sí solas, que del cielo caerán las bondades de estar en pareja, un mínimo esfuerzo. La verdad es que requiere tiempo, espacio, voluntad, esfuerzo y luchar un poco, algo que no muchos están dispuestos a dar y hacer.

5. Altas expectativas

Es natural que conforme crecemos moldeamos un estándar de lo que pedimos de una relación. A veces poner uno muy alto es reflejo inconsciente de autoboicot. La lista de requisitos para cumplir un perfil aumenta conforme pasan los años y en la medida en que eres exigente contigo misma: edad, profesión, genética, gustos musicales, literarios, de cine, personalidad, estabilidad, decorativos atributos, valores deseables (fiel, caballero, honrado, buen amante, feminista). Pero si te excedes al poner una expectativa tan alta que ningún humano podría cumplir, da por hecho que la búsqueda resultará inútil.

6. Otras prioridades

Anteponer tu desarrollo profesional, metas, estudios, recreación, etcétera, a una relación de pareja no es malo. Pero si amar a una persona, con todo lo que implica, no comparte un espacio entre tus prioridades entonces sí que te estás dedicando a alejar toda posibilidad, neosoltero a la vista.

Como ven, cada vez tenemos más indicios de qué pieza nos está fallando para encontrar la experiencia compartida del amor, que irremediablemente llegará si sabemos reconocerlo.

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