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Exigente con los pretendientes, ¿o miedo al compromiso?

Nadie es lo suficientemente interesante, guapo, simpático, cirujano, millonario, asesino de dragones…

Claro, no hay que aceptar cualquier cosa, si alguien no te conviene es mejor saberlo desde el principio, ¿no? Hace un tiempo me quejaba amargamente de que es imposible encontrar una pareja que fuera lo suficientemente inteligente, divertido, caballero y si fuera posible atractivo para gustarme. ¿Es mucho pedir? Mi madre me dijo que sí, un poco, y me ofendí muchísimo ¿qué no estoy yo para escoger? Pero he de aceptar que suelo ofenderme de todo lo que diga mi madre y que (¡sólo por esta vez!) tiene razón: soy muy exigente con los pretendientes. Al punto de referirme a ellos como “pretendejos”… ¡ups!

Creo que hay dos niveles en esto. Está lo que puedes exigir: que no te maltraten, que te guste, que haya “química”, que sea interesante y se vea interesado. Pero cuando encuentras todos los defectos posibles en cada persona con la que sales y como resultado no puedes tener una relación que dure más de un mes, quizá lo que estás haciendo es buscar pretextos para estar sola.

¿Por qué? Supongo que por miedo. O por lo menos en mi caso. Es más fácil decir que nadie “te prende lo suficiente intelectual y físicamente” a que temes que otra persona, quien admira tus cualidades, acabe descubriendo tus debilidades. Entonces descubres las suyas, lo haces menos y tan tan, mantuviste todo bajo control.

Todo sería negro o blanco si no fuera porque precisamente, no veo los pretextos de otra clase de hombres: los que me pretenden pero no me convienen. Sí, he sido “la otra” más de una vez y también estuve años en una relación imaginaria de larga distancia con alguien a quien no veía más que para tener sexo y pelear. ¿Por qué? Porque estos tipos pueden ser borrachos, inconstantes, inmaduros, violentos, pero no me ofrecen la terrible opción de la estabilidad.

El tedio de despertar por la mañana con un beso; la incomodidad de que alguien conozca mis defectos y no le importen; la tortura de querer; la vergüenza de sentirme dependiente. No, ni pensarlo, NEXT!

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