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Cuando el clavo voluntariamente saca al otro clavo

Un clavo no saca a otro clavo. Pero, ¿y si ese clavo quiere sacar al otro por voluntad propia?

Cuando estás muy enamorado de alguien que por una u otra razón no está contigo, nos aprendemos de memoria este dicho:

Un clavo (no) saca a otro clavo.

Y, por supuesto, muchos de nosotros tratamos de evitar caer en aquella costumbre de querer olvidar a alguien a costa de la presencia de alguien más en tu vida. Porque, en mi opinión, no es justo ni para ti ni para la otra persona, pues finalmente es un engaño: una parte de ti sigue pensando en aquella otra persona, y nada ni nadie más que el tiempo y la decisión propia podrán sacarte a aquel clavo del pensamiento y del corazón.

Sin embargo, a veces las casualidades hacen de las suyas para que de una manera u otra sea alguien más quiene te libre de aquella relación destructiva de la que intentas salir sin conseguirlo del todo. Eso y que tal vez estés pasando por una mala racha en tu vida que, claro, puede ponerte un poco más vulnerable de lo normal y “ay, ¿qué pasó que ahora ya te veo más guapo?”. (Cabe mencionar esto porque también ocurre que hay ciertas personas listas que se aprovechan de esta etapa en la que te encuentras más susceptible ante las muestras de afecto.)

Detalles son los que hacen que de repente la distancia (con el clavo principal) se agrave de tal manera que el lazo se quiebre y, poco a poco, se rompa. Así, pues el otro clavo logra, al menos, que dejes de pensar en el clavo principal durante unos momentos.

Esto, desde luego, no es tarea sencilla. Debes demostrarle a persona otro modo de vida, una esperanza más ante aquellas fantasías amorosas que no vio concretadas con el clavo principal; debes ser paciente, además, porque ante mis breves y decadentes conocimientos de carpintería lo único que sé es que un clavo finalmente se coloca en el punto exacto y rara vez logra sacarse de ahí.

No obstante, quiero dejarles una reflexión. Está bien “clavarse” uno mismo con aquel clavo que logra llegar a lo más profundo de todas nuestras barreras que colocamos ante los demás como personas; sin embargo, si ven que este clavo lejos de clavarse tan sólo está destruyendo la pared (de su corazón, si es que quieren verlo de una manera muy romántica), lo mejor será dejar que esa pared sane y se restaure de aquel agujero que el clavo ha dejado. Y, digo, si es que otro clavo (que ha llegado a lo más profundo de todas nuestras barreras) quiere colocarse ahí para tapar el hueco, ¡qué mejor!

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