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Jóvenes enviagrados

Fiestas, alcohol y viagra, la cada vez más común mezcla, puede ser mortal.

En mis últimas dos columnas he hablado sobre el tema específico del deseo sexual -tema que no dejaré de lado- y como siempre he hecho referencia a un modelo externo, ajeno a lo que realmente queremos y necesitamos, que nos dice cómo tenemos que vivir nuestra sexualidad. Como parte central de éste, está la expectativa del hombre de alcanzar el prototipo de macho omnipotente sexual, factor que en sí mismo afecta muchas veces en forma negativa el desempeño sexual, lo cual es entendible con tanta presión sobre nuestros hombros. O en este caso, sobre nuestro pene.

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Esto lleva muchas veces a que hombres jóvenes, saludables y sin disfunciones sexuales lleguen a tomar Viagra (sildenafil) de manera automedicada. Más de 300 mil jóvenes chilenos consumen este medicamento sin indicación de un especialista.

Más de una vez, al entrar a la farmacia, le he preguntado a la persona que atiende por quiénes compran más Viagra, si adultos o jóvenes. Hasta el momento la respuesta es la misma: jóvenes.

Mi intención no es desprestigiar al Viagra en sí, ya que cuando es recetado e indicado por un médico, en casos de disfunción eréctil que realmente ameritan su uso, tiene resultados excelentes. Por otro lado, es una droga segura, altamente estudiada.

Escondido tras la competitividad, el miedo al fracaso y a no responder a la reivindicación del placer por parte de la mujer, reside el éxito de los usos no médicos del Viagra. En la clínica he visto el consumo en jóvenes para superar una disfunción eréctil de causas evidentemente sicológicas y donde no hay indicación del fármaco; también es muy frecuente en pacientes jóvenes que padecen de eyaculación precoz (esta es la disfunción masculina que más me toca ver), ya que piensan que con esto van a tener mayor control sobre su eyaculación. Eso no es así.

Lo que me parece más grave, y no menos frecuente, es que jóvenes sin ningún tipo de disfunción usen la mágica pastillita azul para contrarrestar los efectos del carrete. Ésta los libera de las consecuencias no deseadas del alcohol y las drogas en su desempeño sexual, una mezcla que puede ser mortal.

La gran mayoría de estos jóvenes no le comentan a sus parejas acerca del consumo de la mágica píldora, ya sean estas parejas estables o simples encuentros de una noche; así todo el desempeño gimnástico será atribuido a la capacidad del macho, sin saber que cada vez más, las mujeres están reconociendo con relativa facilidad a los hombres que se han tomado “algo”, como ellas mismas me lo han comentado.

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En general, el uso es mayor en relaciones ocasionales que en parejas estables, esto porque la ansiedad de un encuentro sexual con una persona desconocida, junto con la posibilidad de no rendir como se espera, puede ser mitigada con este “as bajo la manga”, haciendo sentir a los machos mucho más seguros.

Las consecuencias de usar de esta forma el sildenafil van asociados a la dependencia sicológica. Si existen problemas al corazón y el joven está tomando nitritos y realiza una mezcla con el Viagra, puede traer consecuencias fatales. También es fatal la mezcla del frecuentemente usado cóctel de alcohol, cocaína y Viagra.

Pero yendo más allá, estamos avanzando cada vez más hacia la deshumanización del sexo, dejando fuera un espacio privilegiado de comunicación, expresión de afecto, ternura, sensibilidad y placer. Yo me pregunto: ¿Si saliera una pastilla que nos provocara orgasmos, la tomaríamos? Seguro que sí.

Estamos limitando cada vez más ese placer al esquema simplón de pene dentro de la vagina con erección pétrea hasta que ella llega al orgasmo, como de manera obsesivamente monotemática nos muestran el porno y los medios de comunicación en general. El sexo no es un examen, ni una competencia, ni algo con lo que haya que quedar bien. Ni siquiera es un tema para jactarse ante los amigos. El sexo se vive según cada individuo. Disfrútalo así tú también.

Para más información o consultas entra a Rodrigo Jarpa.

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