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Deseo Sexual II

El sexólogo Rodrigo Jarpa nos cuenta la Ley de Fisher: Mientras más sexo tienes, más necesitas y así a la inversa.

Fisher plantea que si una persona mantiene, por ejemplo dos coitos por semana; cuando disminuye su frecuencia a una o a ninguna, sentirá un aumento en el deseo sexual que lo insta a satisfacerlo. Pero si el individuo no retoma las relaciones sexuales por un período prolongado de tiempo, el deseo disminuye y puede llegar hasta a desaparecer.

También ocurre la ecuación inversa: Cuando una persona tiene una frecuencia X, de por ejemplo, dos veces por semana y aumenta a siete por semana; luego sentirá una saciedad sexual. Sin embargo, si continua con esa frecuencia, el cuerpo no solo se adapta sino que hasta le pide más.

Así, según Fisher: mientras más relaciones sexuales mantenga una pareja, más relaciones sexuales le pedirá su cuerpo.

Así como cada pareja define su grado óptimo de distancia/cercanía, debiera hacer lo mismo en relación a la frecuencia sexual y no obligarse a cumplir con lo que se ve en los medios, lo que hace el vecino, lo que hacía esa misma pareja en otro momento de la relación ni lo que pueda decirnos una estadística de algun estudio que hemos visto por ahí.

Una estadistica o un promedio, es precisamente eso: una estadistica o un promedio. Millones de personas en el mundo tienen una frecuencia más alta y millones, a su vez, tienen una frecuencia inferior. De este modo, personas que consideran que tienen problemas relacionados a un bajo deseo sexual, no lo tienen realmente. El verdadero problema, puede ser el tener expectativas altas y poco realistas. ¿Qué pasaría entonces, si les decimos a esas personas que su nivel de frecuencia sexual es absolutamente normal? ¿Querrían todavía aumentar su frecuencia?

Una reacción muy frecuente al notar que se ha perdido el deseo o que ha disminuido significativamente y que se preferiría hacer 100 cosas antes que tener sexo, es concluir que algo anda mal. Con esto, naturalmente viene el deseo de querer “arreglar” el problema, y se trata cada vez más, se planea tiempo para hacerlo o se tiene sexo porque se cree que se debería hacerlo, a pesar de que realmente no se quiera. El sexo se transforma en una meta estresante y angustiante. Entonces, es esperable que el deseo en vez de aumentar, llegue a bajar aún más, generando un efecto de bola de nieve que deja a las parejas todavía más confundidas, enrabiadas, frustradas y con miedo.

Para llegar a comprender y mejorar cualquier dificultad sexual, hay que comenzar por tener la información adecuada. Es importante el poder llegar a reconocer que la causa y que la mantiene. Hay que abrir la mente y dejar fuera todos los mitos e ideas erróneas con las que hemos crecido. Muchas veces es difícil lograrlo sin ayuda de un especialista, por que buscamos soluciones que son peores que el problema, porque no sabemos como, porque hay cosas que no estamos viendo y hacemos que la bola de nieve siga creciendo.

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