Conoce la historia de Pía Salas: la mujer que lucha por transformar la vida de niños en situación de calle

Con generosidad y amor, esta actriz, bailarina, directora de la Fundación Abrazarte y ganadora del Premio Mujer Impacta 2015, lucha hace 13 años por transformar la vida de niños y jóvenes que duermen bajo los puentes del río Mapocho.

Fotos Fernando Gutiérrez Aliaga. @fernando.fotografias

El invierno es especialmente crudo para las personas en situación de calle. “Muchos hoy tienen familia, hijos y están trabajando”, cuenta orgullosa Pía Salas, pero sabe que aún queda bastante por hacer.

La historia se repite cada invierno: menores en situación de calle no encuentran albergues para cobijarse de las bajas temperaturas, ya que los espacios habilitados suelen ser sólo para adultos. “Durante todo el tiempo que lleva la fundación he vivido el frío, la lluvia, la nieve, junto a mis niños, cambiando su ropa, trabajando con ellos, incluso los fines de semana”, dice Pía Salas, quien cuenta que este año, la institución que dirige se unió a otras tres organizaciones (Don Bosco, Serpaj y Achnu) para lograr que el Ministerio de Desarrollo Social pudiera facilitar un recinto de emergencia durante la ola de frío que afectó a Santiago a comienzos de junio. “Se abrió un albergue en un colegio, llegaron todos nuestros niños, la Seremi Catherine Rodríguez, una mujer maravillosa, cocinó para ellos, yo me fui a dormir allá. Fue una experiencia de amor tan poderosa, que nunca más quisieron irse a la calle”. El problema, añade, es que fue una posibilidad temporal.

Pía se ha puesto como objetivo poder abrir una casa para darles el abrigo necesario y que no sigan en las calles protegidos sólo con frazadas, plásticos y colchones. En la actualidad, la Fundación Abrazarte les ofrece un acompañamiento psicosocial riguroso. “Hay un compromiso muy grande –explica la directora–. Vemos la parte legal para que ellos vayan limpiando sus antecedentes, dejen el pasado atrás y que no les perjudique para su presente y futuro. Trabajamos con el arte y el deporte, aunque los recursos que tenemos se destinan principalmente al área de nivelación de estudios. Los preparamos y acompañamos para que den exámenes libres y vayan pasando de curso. Nunca están solos, hasta que ellos por sí mismos empiezan a sentirse listos para seguir de manera independiente”.

“Trabajamos desde el alma –continúa emocionada–, conectándonos con ellos de igual a igual. A nuestros sicólogos y trabajadores sociales siempre les digo: la profesión en la espalda y el corazón por delante. Porque tu profesión es una herramienta, pero nadie te va a enseñar cómo amar al otro. Y esta es una experiencia donde todos nos transformamos. Hemos logrado cambiar vidas, muchos de nuestros niños hoy tienen familia, hijos y están trabajando”.

Recuerda como si fuera ayer aquel 12 de octubre de 2005, cuando decidió salir a buscar a los niños y jóvenes bajo los puentes del río Mapocho. Tenía todo: una linda familia, una casa cómoda, un trabajo que le permitía vivir tranquilamente. Pero la preocupación por los más necesitados, que desarrolló desde pequeña, aún no estaba satisfecha. Hasta que un reportaje en la televisión la impulsó a decidirse: “No podía seguir llorando frente a un televisor sin hacer nada. Así es que partí. Cuídese, me dijo mi ahora exmarido. Y pensé: por qué me voy a cuidar, si voy con todo el amor del mundo”. Al verla aparecer, los niños bajo el puente Bulnes la recibieron felices: “Tía, ¿nos viene a ayudar?”. Pía los abrazó y nunca más se separó de ellos.

“Lo mejor que me ha pasado en todo este tiempo es que mis cuatro hijos maravillosos entregaron a su madre al mundo –reflexiona–. Entienden lo que hago y me permitieron comprender el amor incondicional. Gracias a ellos puedo dar un mensaje positivo para todos, rompiendo paradigmas y estructuras, viviendo la enseñanza real del cielo”.

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