Pilar Sordo sobre lanzamiento de su último libro: “Estoy con depresión post parto”

Acaba de lanzar su nuevo libro, donde destaca la importancia de la estimulación de las emociones en la formación de los seres humanos.

La mediática sicóloga no descansa; trabaja en la Fundación Cáncer Vida, organiza seminarios, viaja cada 15 días fuera de Chile para dar sus conferencias por toda América Latina, y aún así se dio el tiempo de escribir y lanzar su nuevo libro, “Educar para sentir, sentir para educar: Una mirada para entender la educación desde lo familiar hacia lo social”. “En este momento estoy con depresión post parto, acabo de parir, estoy presentando a este niño en sociedad. Es el libro más difícil que he escrito, siento que es el que más coraje de mí requirió, donde tuve que tener posturas definidas y sacar una Pilar Sordo que a mí me cuesta mucho, que es la Pilar enojada; incluso fue tema con mi terapeuta, de cómo lograba manifestar una postura definida frente a ciertas cosas que el estudio me estaba mostrando”, cuenta.

Mientras realizaba sus talleres y trabajaba con empresas se dio cuenta de que había una contradicción: las organizaciones están solicitando personas con competencias personales, que tienen que ver con la empatía, con la solución de conflictos, con expresar sentimientos, tener la capacidad para tolerar la frustración y desarrollar trabajos en equipo. Pero ese ser humano, con ese tipo de habilidades, no está siendo formado en ninguna parte. Hoy lo que se educan son las habilidades cognitivas, donde lo importante son los números, el éxito y tener un buen rendimiento para dar una buena PSU. “Decidí ponerme a investigar qué pasa con la educación en América Latina, haciendo un recorrido desde la familia hasta la empresa, mostrando esta incongruencia de una educación que no incluye las emociones, donde el ser fuerte tiene que ver con el no llorar, donde los niños no pueden reír desde los cuatro años porque es un signo de inmadurez, donde el miedo tampoco es algo que se puede expresar y, sin embargo, después queremos gente que tenga inteligencia emocional. Es todo muy absurdo”.

¿Por qué las empresas requieren personas con este tipo de características?

Porque aportan mucho a las organizaciones, al trabajo en equipo, a la solución de conflictos. Antes era muy difícil estudiar, casi nadie llegaba a la universidad. Hoy está más al alcance de todos, por lo tanto es copiable; hay profesionales que cuentan con las mismas características, pero lo que no es copiable es lo que soy como persona, que tiene que ver con las competencias personales. Esas que se debieran educar desde la casa, como el respeto por el otro, la expresión emocional, etcétera.

Nos han enseñado a bloquear las emociones…

Sí. Es muy loco que no podamos llorar, que cuando alguien llora lo primero que escucha es “no llores”, que ni si quiera se puede llorar de alegría porque simplemente no está permitido. De ahí que haya sobremedicación o que la gente se drogue para los funerales, porque el objetivo es no llorar. Si lloráramos más habría menos jaquecas, menos colon irritable, estaríamos más sanos, pero esto se interpreta como debilidad o manipulación, entonces te lo castigan desde el año y medio de vida, de acuerdo al estudio. Si un niñito se cae y llora, la familia entera llega a decirle que no puede llorar, que los valientes no lloran; con la risa pasa lo mismo. Entonces, cuando esto ocurre desde la primera infancia, todo lo que vas a elaborar emocionalmente después es heavy, porque no está la base.

Ya que la educación actual no incorpora la estimulación de competencias personales, es difícil encontrar personas con estas características. ¿Qué ocurre frente a este escenario? La sicóloga señala que lo primero que se genera es estrés individual; segundo, las empresas se están haciendo cargo de educar esas habilidades que no se educaron en ninguna parte; también agrega que está todo el boom de las capacitaciones. “Incluso en mis charlas, que tienen que ver con educar a gente que por mutuo propio decide capacitarse por sí sola a través de procesos terapéutico o con algún coach para poder desarrollar esas habilidades. El boom de los coach tiene que ver justamente con eso, con personas que llegaron a un punto profesional, con habilidades técnicas, pero que no tienen idea de las habilidades emocionales, y hay un montón de organizaciones donde te contratan por tener habilidades técnicas o un currículum determinado, y te despiden por no tener desarrolladas las blandas”.

¿Qué rol juegan las emociones en nuestra vida?

Es lo más importante, lo único que nos diferencia; en la medida que yo puedo lograr sacar emociones hacia delante, voy a procesar mejor cognitivamente la información que recibo, pensar mejor, tomar mejores decisiones, porque voy a ser mucho más integral en la forma de tomarlas, porque tomo aspectos cognitivos que no pueden ir secos, tienen que ir húmedos, con las emociones, que revitalizan, energizan y de alguna manera predeterminan eso.

En el libro mencionas que se ha perdido la conexión con nosotros mismos. ¿Cómo se manifiesta?

Toda la conexión está afuera. Si le preguntas a las personas cómo están hoy, no saben. Probablemente en todo el día la gente no se pregunta cómo está, cómo se siente con la vida, si está contenta o no con lo que está haciendo; estamos funcionando en automático y no expresamos emociones. Las expresan con emoticones; en vez de reírme mando un emoticón riéndose, en vez de llorar mando uno que llora, pero yo no lloro. Esa disociación entre lo que estoy mostrando hacia fuera y lo que estoy viviendo internamente es brutal.

¿Esa disociación tiene relación con la angustia y depresión?

La angustia se genera porque no estoy concentrado, no estoy centrado en mí; esta desconexión tiende a generar la gran mayoría de los problemas de salud físicos que tenemos, y también los problemas relacionales con los otros, porque yo me relaciono con ellos desconectado, entonces tampoco llego a la conexión con el otro. Nos relacionamos en un plano, no sé si la palabra es “superficial”, pero no pendiente de conectarme desde mi verdad hacia la verdad del otro. Al final nos estamos mintiendo todo el tiempo producto de esta desconexión interna. Creo que pasa porque la gente no sabe cómo conectarse, lo que me parece gravísimo. Eso es lo que fundamenta y justifica el libro. Hoy la persona no sabe que tiene que estar en silencio, comer sano para estar mejor de ánimo, no hay conciencia de que el aumento de las preguntas cotidianas es un ejercicio de libertad. Otro motivo para esta desconexión  es que al sistema económico que tenemos no le conviene que haya demasiada gente pensante, porque consumiríamos mucho menos. Desde lo externo tampoco hay estimulación que ayude a que seamos más reflexivos. Por ejemplo, el tema de la PSU, me produce mucha preocupación que todos los artículos muestran la empleabilidad, los trabajos con mejores sueldos, pero nadie habla de la vocación, de cómo se le enseña a un niño a buscar por sí mismo para qué está acá. Eso dejó de ser una pregunta, lo que importa es ganar plata. Y ahí entramos a la tercera razón, que tiene que ver con la búsqueda de este supuesto “éxito” que significa tener plata, y claramente no pasa por ahí.

¿A quién está dirigido este libro?

A todos. No tiene un público en especial, es de lo más heterogéneo. Además es una forma de pedirle disculpas a los niños. Cuando lo terminé sentí que le estaba pidiendo perdón a los niños en Latinoamérica, más en unos países que en otros, por no ayudarlos a sentir, por tener jornadas escolares larguísimas, llenas de tareas; por llegar a sus casas a seguir estudiando, por haberles prohibido jugar, por esta dificultad para que no pueda sentir, llorar o reír desde tan pequeños, por llenarlos de mandatos culturales que al final le impiden un desarrollo mucho más completo.

Pilar plantea que educar para sentir y sentir para educar es el único camino posible para formar los seres humanos que el futuro necesita. Para conseguir aquello “tenemos que volver a conectarnos con las emociones desde el mundo adulto, volver a reír a carcajadas, a llorar sin que nadie nos diga que no lo hagamos, volver a decir que uno tiene miedo, poder expresar tranquilamente cuando estamos enojados respecto a algo. Debemos tener la capacidad de hacernos preguntas cotidianas, de desarrollar conciencia de muerte, de saberse finito; en la medida que me sé finito cuido más el presente, la vida, voy a ser mejor persona porque no tengo tiempo para perder el tiempo. En la medida que los adultos nos reconectemos con nuestras emociones los niños lo harán por consecuencia natural. Pero si nosotros no lo hacemos es muy difícil que ellos lo hagan, por eso tenemos grupos de jóvenes que tienen que estar borrachos para reírse a carcajadas.