Todo esto hace Juanita Ringeling para ayudar a tener un planeta más verde

Aunque Donald Trump porfíe y siga sosteniendo lo contrario, atravesamos un periodo crucial para la tierra. De nosotros depende la conservación de bosques, ríos y montañas para que, ojalá, las futuras generaciones puedan también contemplarlos. ¿Estás haciendo lo que pide el planeta a gritos?

Greenpeace Chile prendió las alarmas cuando confirmó que la cantidad de basura por persona ronda los 456 kilos anuales, convirtiéndonos en los que más residuos per cápita generamos en la región. Según el organismo Waste Atlas, las ciudades chilenas con mayor basura generada por año y por persona son Arica (616,9 kilos), Iquique (613,2) y Puerto Montt (445,3), seguidas por Coyhaique (423,4) y Santiago (412).

No sólo eso. Estamos en los últimos lugares de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) en cuanto a reciclaje: sólo reutilizamos el 1% de la basura. Como comparación, Alemania reutiliza alrededor del 65% de sus desperdicios. Nuestros problemas no sólo se basan en la basura, también en el aire que nos “intoxica” a diario, y deja a Santiago como una de las ciudades más contaminadas del mundo.

Sí, el control de industrias, de medios de transporte y de cantidad de habitantes resulta urgente, y debido a esa realidad muchos jóvenes optan por reciclar, usar más la bicicleta o irse a vivir fuera de esta gran urbe. También no dudan en apoyar campañas que mantengan la naturaleza viva y que detengan la destrucción constante.

Estefanía González (28) es responsable de la campaña Océanos, de Greenpeace. Desde temprana edad mostró inquietud por cuidar el entorno, porque comprendió que resulta vital para que la especie humana sobreviva. “Me crié en la comuna de La Florida, donde la ciudad estaba más inserta en la naturaleza. Me relacioné con los bosques y ríos desde pequeña y siempre tuve la inquietud de resguardar los lugares para el futuro, porque fui viendo cómo la ciudad crecía en estos lugares”.

Con esa consciencia estudió Geografía, para poner el conocimiento al servicio de la defensa del medioambiente. Pero en sus primeros años trabajando como geógrafa se dio cuenta de que era difícil cumplir dicho objetivo. “El trabajo del geógrafo tenía más que ver con justificar la destrucción del medioambiente con argumentos técnicos y científicos. Ahí comencé una búsqueda en la cual pudiese dedicarme y poner al servicio de una causa mayor todo lo aprendido en la la universidad. Así llegué a Greenpeace que, al ser una organización completamente independiente, me ha dado la oportunidad de desarrollar esa inquietud, trabajar todos los días por un mundo mejor y por frenar los desastres ambientales, que son cada día más comunes”.

El rol de la mujer en este tema resulta bastante relevante. “Creo que mi generación, a diferencia de la de nuestros padres, ha tenido la posibilidad de tomar mucha más acción y ser parte del liderazgo de diferentes causas, como en el movimiento estudiantil o las AFP. El rol de las mujeres jóvenes liderando estas causas, no dejándolas en las manos del hombres, que tradicionalmente han sido vistos como líderes, aporta una visión más integral de lo que es el territorio, es la clave. Me enorgullece ver diferentes organizaciones de mujeres, como Woman4oceans, mujeres que protegen los océanos, y ver cómo crecen estos liderazgos femeninos. Estamos en la era que la mujer deja de estar tras bambalinas y empieza a tomar liderazgos de diferentes causas”, enfatiza Estefanía.

Cuando le preguntamos qué cambios realizar para vivir de forma más consciente, explica que se debe entender que el medioambiente no es solo un árbol, la montaña o el río, sino todas las interacciones que se dan en un territorio. “Las personas somos parte del medioambiente también, nos relacionamos con esos lugares. Uno de los grandes cambios que tuve, sobre todo trabajando en Greenpeace, fue mi acercamiento a las comunidades indígenas, a los pueblos originarios, a comunidades de agricultores, pescadores, que tienen un conocimiento súper antiguo y ancestral sobre cómo relacionarse con el planeta desde una manera más integral. Esos conocimientos no requieren más recursos ni comprarse la comida carísima del supermercado”.

Algunos cambios concretos que comparte son preferir verduras que provengan de productores que trabajan a menor escala, intentar entender de dónde viene lo que comes y de qué forma se produjo ese producto, y usar la bicicleta para moverse a distintos lugares. Un punto importante, y en el que muchos caemos, es “no juzgar tanto a las personas que no tienen un comportamiento medioambiental amigable, siempre tener aproximación primero. No criticar porque usa mucho plástico, sino intentar entender de dónde viene esa conducta, y ofrecer alternativas que estén al alcance de todos”, recomienda la integrante de Greenpeace.

Juanita Ringeling

Con 31 años, la actriz actualmente vive en Los Ángeles, Estados Unidos, pero su Instagram sigue marcado por hábitos saludables, fotos rodeadas de naturaleza y frases que permiten analizar temáticas verdes. “Todos los días intento hacer cambios en mis hábitos que estén a favor de una vida más sustentable. Además de reciclar, hago compost. Pero la primera medida es RECHAZAR, evitar todo lo que no necesito, para lo cual siempre llevo mis botellas reutilizables Klean Kanteen. Cuando compro café lo pongo en el termo y me dura por horas caliente, y la botella de agua que voy rellenando se mantiene fría. Así no ocupo vasos ni botellas que terminarían en el vertedero. También pido las bebidas sin bombilla, tengo una bolsa reutilizable de género para hacer las compras y en mi mochila llevo una cuchara y un tenedor para no aceptar los desechables. Busco los productos con empaque compostable, reutilizable o reciclable”.

Compra las frutas y verduras en mercados de barrio directamente al agricultor, y también en granjas locales sustentables; dejó de comer carne y leche “porque la industria vacuna, en su desmedido proceso de industrialización, se ha transformado en la más contaminante del mundo por su emisión de metano, por la deforestación que produce, por el sobreconsumo hídrico y la contaminación de aguas, entre otros infinitos factores. Como consumidores tenemos una tremenda oportunidad y responsabilidad de aceptar o rechazar cadenas de producción limpias y sustentables y/o condenar las dañinas. Cada compra es un acto político, social y medioambiental, no sólo económico. Compro poco, pero bueno. Si son alimentos procesados siempre leo las etiquetas, busco lo simple, ingredientes claros, sin aditivos ni palabras estrafalarias. No podemos seguir alegando contra los empresarios y las malas prácticas de la industria, si al final del día les golpeamos la espalda comprando sus productos. ¿Buenos documentales? “Just eat it” y “Cowspirancy”, y me gustan los Instagram @fundacionmingako y @mercadobirus”.

¿Te gusta usar la bici? ¿La puedes usar en Santiago o Los Ángeles?

¡Me encanta la bici! Movilización limpia, bastante rápida y cumple el doble propósito de transporte y deporte. Además te permite conocer las ciudades de una manera totalmente distinta, a un ritmo, escala y profundidad que el auto no deja. La capital me empezó a gustar gracias a la bicicleta. En Los Ángeles sólo tengo bici, hago todo en ella, sólo cuando las distancias son muy largas ocupo Uber o el tren.

Juanita es socia de Parque El Boldo, colabora con Reforestemos Patagonia, Fundación Altiplano, Late, Rios to Rivers, Futakeepers y Balloon Latam. “Creo que el eje central de la sustentabilidad, el calentamiento global y nuestra posibilidad de cambiar el destino del planeta está en la recuperación de los suelos mediante la agricultura y ganadería sustentable. Volver a tener un suelo sano significa volver a oxigenar el planeta”.