Ser o no ser madre: Vale Ortega y otras mujeres nos dan su opinión

Nuestras sub 30 la tienen clara: la maternidad es un tema opcional y condicionado a factores sociales, culturales y económicos. La postergación, el uso de adelantos científicos o la decisión de no tener hijos son parte de una generación que, sin duda,  privilegia los proyectos propios.

Ya es un hecho. Las chilenas estamos teniendo menos hijos. Motivos hay muchos, desde postergar la maternidad para privilegiar la profesión u otros intereses, hasta aquellas que definitivamente deciden no ser madres, y lo reconocen públicamente. Las últimas cifras establecen 1,8 hijos por cada chilena, una de las más bajas de la región.

Siomara Chahuán es sicóloga de Clínica Tabancura, donde sus pacientes “señalan que no tienen tiempo para la maternidad, que tendrán hijos cuando terminen un proyecto determinado, o comentan, por ejemplo ‘primero quiero viajar con mi marido’”. Pero también se reitera otro motivo en su consulta: la dificultad de las mamás para adaptarse a su primer hijo, y a todo lo que han debido postergar desde el punto de vista profesional y personal. ¿Resumen? Una temática difícil y limitante para las chilenas de hoy…

Caída de un modelo

Sea el motivo que sea, el tema evidencia cómo ha cambiado el rol de las chilenas en la sociedad en las últimas décadas. Desde los años 60, con el uso del anticonceptivo, comenzamos a tener mayor libertad a la hora de decidir cuándo ser madre y cuántos hijos traer al mundo. Cada vez son más las mujeres que trabajan fuera del hogar, por lo que se casan a edades más tardías, son madres a mayor edad y tienen menos hijos. Para Chahuán la postergación tiene que ver con el aumento de la escolaridad y el acceso a la información, “lo cual es un principio de modernidad en la medida que dependemos menos de decisiones que eran tradicionales, ya que antes la identidad femenina estaba asociada al modelo ‘madre-esposa’”. Hoy ese modelo está lejos en la lista de “checks” de las nuevas generaciones.

La maternidad se pospone como consecuencia de lo que involucra el trabajar, estar vigente, mantenerse estudiando, estar disponible para viajar, hacer horas extras, preocuparse de la apariencia o dedicarse en tiempo completo a otros intereses. También porque vivimos en un mundo más individualista. “Hoy la femineidad se destaca por la autonomía y toma de decisiones vinculadas a los propios proyectos… Pero también está la experiencia de aquellas que han sido madres, lo disfrutan, se encantan con este nuevo rol y tratan de compatibilizar ambos mundos”, agrega.

La inmadurez o extensión de la adolescencia es otro concepto relevante. “Hay un tema de madurez: la adolescencia en Chile se ha alargado hasta los 25 años aproximadamente. Esto hace que los hijos, al casarse con más edad, dejen más tarde el hogar de sus padres, encontrándose hasta ese momento sin responsabilidades. En parte es ese bienestar el que no quieren perder. Hay miedo a enfrentar los cambios, desafíos y las responsabilidades que estos conllevan. La maternidad tardía va en aumento, y es una realidad en nuestra sociedad”, concluye Chahuán.

El acceso a la educación, al trabajo, a una mejor calidad de servicios de salud y la forma como la mujer decide vivir su sexualidad, con mayor libertad, son los principales factores que los especialistas asocian a una maternidad después de los 35 años.

Veamos un ejemplo de una mujer común y corriente. Claudia Fernández es abogada, tiene 28 años y está casada hace 2. Su relación de pareja comenzó cuando tenía 20. Terminada la carrera entró a trabajar a una empresa donde avanzó rápidamente y que la obliga a viajar de forma constante. Su trabajo la hace feliz. Se casó porque su novio insistió, ellos tenían el compromiso de hacerlo apenas ella se titulara, pero lo pospuso un tiempo para desarrollarse laboralmente. Ahora él quiere ser padre lo antes posible, y ella asegura que no es el momento adecuado. “Estoy en una excelente etapa profesional; quiero ser mamá, pero no todavía… Tengo mucho tiempo aún y quiero hacer mi vida. Sé que si me embarazo ahora perderé mucho de lo que he avanzado profesionalmente, ¿y cómo recupero ese tiempo? No se puede, necesito por lo menos un par de años más para consolidarme y estar segura. El problema es que mi marido no lo entiende y está casi obsesionado con el tema. Hemos tenido un par de peleas grandes y además nuestras familias presionan, ¡cada vez que nos ven!… Claro que quiero ser madre, pero definitivamente todavía tengo varios años, y mi prioridad hoy soy yo. Sólo me queda convencer a mi marido porque no quiero transar ahora y terminar arrepentida”.

Empoderamiento reproductivo

Hay otro factor que juega a favor de aquellas que posponen la maternidad: las posibilidades que otorga hoy la medicina han extendido notablemente los tiempos para ser madre. Los avances científicos permiten acciones impensadas un par de décadas atrás; habría sido ciencia ficción.

Los últimos datos publicados por el Registro Chileno de Medicina Reproductiva en el 2009, muestran que en ese año se iniciaron alrededor de 1.400 tratamientos de fecundación in vitro. Hoy no hay datos actualizados publicados, pero la cifra debe ser cercana a los 2.500 ciclos, asegura la doctora Francisca Jeria, embrióloga y directora del Laboratorio de Fertilización In Vitro de SG Fertility. “También se ha diversificado el tipo de tratamientos a realizar. Por ejemplo, se han hecho mucho más frecuentes los procedimientos con óvulos donados en pacientes que no pueden ser madres con sus propios óvulos (entre un 15% y un 30% del total), el congelamiento de óvulos en mujeres que quieren postergar su maternidad o están en tratamiento por un cáncer, y también los tratamientos en mujeres sin pareja o parejas homoparentales”, explica. Suele ser una decisión fuertemente centrada en la mujer, independientemente de que se encuentre o no en una relación de pareja. “La congelación de ovocitos permite que las mujeres se empoderen de su futuro reproductivo”.

A su juicio, el número de mujeres que congela sus ovocitos ha mostrado un progresivo aumento, “pero aún no existe un reporte oficial a nivel local sobre la frecuencia con la que las pacientes los utilizan para conseguir un embarazo en el futuro”.

Cifras y más

* Hay descenso de natalidad, pero en Chile los nacimientos en mujeres de 40 o más años va en aumento. En 1990, fueron 5.773 nacimientos en ese grupo; en 1999, 7.001. Entre el 2005 y el 2010, nacieron 52.800 bebés de chilenas que tuvieron su primer hijo después de los 45 años (3,6%) (Fuente: Instituto de Políticas Públicas en Salud, Universidad San Sebastián).

* De acuerdo a los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), entre 2003 y 2013, los hijos nacidos vivos de mujeres mayores de 40 años aumentaron en un 10%.

* En relación a los riesgos, el doctor Durruty, ginecólogo del Hospital Clínico de la Universidad Católica, homologa el tema al fútbol: “Si esto fuese fútbol, entre los 40 y los 42, es jugar los descuentos. El primer tiempo va de los 20 a los 30, ahí el cuerpo tiene toda su energía y la condición reproductiva funciona perfecto; en el segundo tiempo, de los 30 a los 40, a las mujeres empiezan a aparecerles enfermedades de los ovarios, del útero, metabólicas, y de los 40 a los 42, es la ventana del cierre reproductivo”.

“La maternidad se pospone como consecuencia de lo que involucra el trabajar, estar vigente, mantenerse estudiando, estar disponible para viajar o hacer horas extras”

Valeria Ortega: “Me faltan muchas cosas por hacer”

La periodista y conductora de Vía X , Valeria Ortega, tiene 31 años, y sostuvo en una entrevista para nuestra revista en abril pasado que no quería tener hijos. Nos volvimos a reunir con ella para ahondar un poco más sobre el tema, y saber si su postura seguía siendo la misma. “No fue una decisión repentina; fue alrededor de los 28 años, súper marcada por el tipo de vida de mi hermana, muy influenciada por el deber ser y el conducto regular… Y mi estilo de vida es súper contrario a eso, completamente distinto. Creo que me faltan muchas cosas por hacer, y simplemente me lo empecé a cuestionar y a darme cuenta que ser madre no es una obligación. Porque cuando uno es chica ni se lo plantea, es casi como por lo que viniste al mundo”.

Su posición no ha cambiado, pero tampoco se niega a la posibilidad. “Hoy no quiero tener hijos, pero tampoco voy a cerrar las puertas a que el día de mañana me den ganas. ¡Es que tampoco tengo un manual para hacer mi vida! Hasta ahora pienso igual, pero no descarto la posibilidad de cambiar”. Reconoce que su decisión para muchos ha sido tema. “Evidentemente me han catalogado de egoísta, pero creo que tiene que ver con los prejuicios que tiene la gente con respecto a alguien que piensa así… Pero si uno está preocupada de lo que piensa el resto, nunca va a tomar una decisión. Hace harto rato que decidí meterme todas esas opiniones al bolsillo porque, ¿de qué me sirven? No me suman en nada”.

¿Presión? “¡Sí!… Por todos, la sociedad en general, los amigos, la familia… Mucha gente lo considera como algo súper extraño. En todo caso mi familia ya dejó de hacerlo… La gente que te conoce, cuando ve que estás tranquila con las decisiones tomadas y con la postura que tienes, lo entiende”, señala.