El tiempo juega en contra de los brigadistas para encontrar personas con vida

Una carrera contrareloj a la que se enfrentan los brigadistas donde cada segundo cuenta entre la vida y la muerte

Las operaciones de rescate que se ponen en marcha después de terremotos o de desmoronamientos de edificios se convierten en minuciosas cirugías donde cada segundo cuenta. Aunque el protocolo internacional indica que, tras una catástrofe donde se derrumben edificios y queden personas atrapadas, se debe cancelar las misiones de rescate a las 72 horas, es sabido que hay casos extraordinarios en los que se llega a sacar gente con vida, más de una semana después.

Tras el sismo ocurrido en la zona centro de México, civiles y brigadistas, además de miembros de la marina y el ejército, (¡los perros rescatistas, por supuesto!)  han dedicado todos sus esfuerzos en sacar a la mayor cantidad de gente posible de entre la decena de edificios que colapsaron aquel 19 de septiembre de 2017.

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Durante las labores de rescate, todos esperan ver ese puño en alto que representa "silencio, hemos encontrado a alguien" para después escuchar los aplausos y los gritos de júbilo al ver a alguien ser sacado con vida de entre los escombros.

Hay quienes pasaron cinco horas bajo las edificaciones colapsadas, otros 12 y otros más de 30 sin embargo, resulta inimaginable pensar en no poder mover ni un músculo, el no saber si es de día o de noche e incluso, la incertidumbre de que un respiro podría ser el último.

Sin embargo algo que es muy real y afecta a estas personas, además del trauma psicológico, es el llamado "síndrome del aplastado", en el cual, al no poder moverse, la sangre deja de circular a las extremidades y cuando el peso es retirado, las toxinas acumuladas invaden el cuerpo y éste no puede reaccionar. Esto provoca daño renal y un estado de shock. Por ello, es muy importante recibir ayuda médica cuanto antes.

La probabilidad de hallar gente con vida bajo los escombros de las decenas de edificios colapsados en la capital disminuye con el paso de las horas, pero las labores de rescate lideradas por la Marina no cesan. Aún cuando se asegura que una persona puede sobrevivir hasta siete días, nuestro cuerpo "guarda energía de reserva" a la hora de alimentarnos para que en caso de surgir alguna situación extrema en la que no podamos comer, reparta energía y nutrientes por todas partes.

 

Pero el cuerpo humano es una máquina impresionante y ante el famoso dicho "la fe mueve montañas", es imposible pensar en rendirse frente al desastre. Basta con recordar a los bebés que vivieron sin comida, agua ni calor durante siete días entre los escombros el terremoto que cimbró al país hace 32 años. Y sí, los rescatistas mismos se vieron sorprendidos al encontrar supervivientes que tenían más de una semana debajo del concreto.

Hoy podemos decir que la labor de los llamados Topos, grupo de brigadistas surgidos en 1985, es digna de una ovación de pie.  Su valor, determinación y precisión, evidencia el coraje y el compromiso de los mexicanos ante la tragedia y de un modo un otro, obliga cambiar necesidades y atender prioridades como la unión y cooperación del pueblo.