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Hablar con tus mascotas es signo de inteligencia y creatividad

Y no sólo con ellas, también hablarle a tu auto nuevo o a la computadora

Por Karen Hernández

Cualquiera que tenga mascotas sabrá que tener conversaciones sin vergüenza con estas es algo de todos los días, a todas horas. Y no es que esperen a que sus perros, gatos o pericos les respondand, simplemente es una especie de alivio el sentir que cuentas con sus orejas como un filtro “sanador” para todos los problemas de la vida. Mientras tanto, aquellos que no tienen un compañero peludo, plumífero o escamoso, verán a aquellos que sí los tienen como un loco o un foreveralone.

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Pero también ocurre que cuando acabas de comprar un auto o cuando este se descompone, uno tiende a gritar o a hablarle como si nos escuchara. “¡No me hagas esto por favor, no ahora!” es también una conversación típica cuando falla la computadora ¿te ha pasado?.

Lo más seguro es que sí y que los que están a tu alrededor te vean como alguien desquiciado o extraño. Lo que estos no saben es que en realidad hablar con objetos inanimados o no humanos es símbolo de inteligencia y de creatividad.

En un ensayo para Quartz, el profesor e investigador experto en antropoformismo, Nicholas Epley de la Universidad de Chicago y autor de Mindwise: How We Understand What Others Think, Believe, Feel, and Wanel (Cómo entendemos lo que otros piensan, creen, sienten y Wanel) explicó que esto se trata un proceso llamado antropomorfización (dar forma humana o atributos a un animal, planta, material u objeto), una habilidad única del ser humano que denota su capacidad de pensamiento. 

La antropomorfización es una condición natural que nos permite encontrar amigos o una amenaza en objetos como cuando ponemos nombres a los huracanes, cuando Tom Hanks en la película “Náufrago” pinta una cara en un balón de voleyball llamado “Wilson” o Bella, la heroína de “La Bella y la Bestia”, conocida por hablar con objetos inanimados con “atributos humanos”.

Sin embargo, cuando encontramos ojos en los objetos, podemos sentirnos amenazados por estos ya que no da la sensación de que literalemente, nos observan. Esto es común en cuadros, estatuas o juguetes y para comprobarlo, en 2010 se realizó un estudio en la Universidad Newcastle en el cual se colocó un poster con la imagen de unos ojos en la cafetería del lugar, provocando que los alumnos se sintieran intimidados, en comparación de un cuadro con flores en el mismo lugar. 

Hay tres razones innatas por las que hacemos todo esto: la primera es que tenemos la capacidad para ver rostros en todas partes; la segunda es que atribuimos mentes pensantes a cosas que nos gustan y la tercera es que tendemos a asociar lo inesperado e impredecible con la humanidad. 

El hecho de trasladar una conciencia humana a una cosa que no la tiene y ser capaz de intuir sus “supuestos” pensamientos requiere de una gran cantidad de procesos mentales. “Cuando encontramos a otros con los cuales conectar, terminamos tratando de descifrar lo que están pensando o van a hacer”, explica Epley.

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