Esto es lo que toda bailarina extraña cuando deja de bailar (triste realidad)

Cuando la vida cambia y altera nuestro universo, hay que buscar la forma de hacer lo que más nos apasiona ¿Te identificas con estas situaciones?

Por Karen Hernández

No cabe duda que bailar es bueno para nuestra salud física y mental, y no sólo es que la ciencia lo tenga escrito, sino que una misma siente correr la felicidad por las venas. Desde escuchar la música hasta sentir la tela de un vestuario, el baile es la terapia perfecta para huir de la tristeza, el aburrimiento y el estrés. Pero, ¿qué pasa cuando dejamos de hacerlo?

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Todos necesitamos de movimiento para liberar toda la energía que acumulamos durante el día y cuando somos constantes en nuestras actividades físicas y de pronto, nos lesionamos o el trabajo o la escuela nos absorben de más y tenemos que renunciar a esto, las consecuencias físicas son inevitables. Pero más allá de enfocarnos en lo físico, la parte emocional también nos afecta. Estas son las cosas que más extrañamos cuando dejamos de bailar:

La adrenalina
¿Recuerdas la sensación de pararte en el escenario, frente a una gran multitud? No importa cuántas veces lo hiciste, hay algo irremplazable en ese palpitar que se produce en tu corazón al ver los reflectores y escuchar los aplausos. Es ese momento en que todo mundo te ve y no importa, porque te sientes hermosa y todopoderosa. Cuando dejas de bailar, es claro que esas oportunidades, son escasas o nulas.

La rutina
Hacer posiciones o movimientos extraños cada vez que ves la televisión, o estás eligiendo algún producto en el supermercado, contar 5, 6, 7, 8 todo el tiempo, sin importar lo que estés haciendo. No cabe duda que las posturas se nos quedan tatuadas en el cuerpo, por lo que es inevitable ponerse en posición, aunque estemos sacando dinero en el cajero automático, no importa lo extrañas que nos veamos.

Todas tardamos años en conseguir esa súper flexibilidad para lograr un split, un Grand Jeté o un Arabesque perfecto; incluso lograr el balance perfecto de tus pies en primera posición, no fue tarea fácil. Si eres de las que hace mucho ejercicio, sabrás que cuando dejas de correr una temporada y de pronto quieres subir las escaleras de tu casa, te das cuenta de que te llegas al final, prácticamente con el pulmón de fuera. Pues cuando bailas y dejas de hacerlo, lo primero que se va son la flexibilidad y el balance y pasas a sentirte como tronco hueco. 

El baile une y cada clase, ensayo o presentación, te obliga a convivir con un montón de desconocidos que se convierten en tu familia. Estas, son las personas con las que compartes pasiones (la música y el movimiento), angustias (si no te sale un paso), miedos (pánico escénico) y el tan preciado tiempo libre. Y claro, son las personas con las que superaras todos esos obstáculos. Seguro te ha pasado que cuando dejas la danza y te juntas con tus amigos "mortales", no entienden por qué te la pasas hablando de movimientos, vestuarios o presentaciones. Así que sí, la familia bailarina se extraña. 

Toda bailarina confeccionó, por lo menos una vez en su vida, un vestuario o algún elemento de éste, incluso su sólo tuvo que darle una puntadas en algun lado descosido. Seguramente dejaste tu casa llena de lentejuelas, o el camerino con brillantina por doquier y seguro que sabrás de lo que hablamos cuando decimos que los pinchazos más sabrosos son los que te diste arreglando tu hermoso vestuario (que seguro ni sentiste por los nervios y la adrenalina de dejarlo perfecto). 

No es lo mismo despertarse con achaques por desvelarnos o pasar la noche de fiesta (aún cuando bailes y brinques toda la noche), que hacerlo con dolor de espalda, brazos y piernas, después de una larga práctica. El dolor ocasionado por el baile, es tan reconfortante que hace que no te importe volver a sentirlo una y otra vez. No es que no nos sintamos mal, pero es la perfecta muestra de que hicimos algo productivo con nuestro cuerpo. Cuando dejas de bailar, lo ñunico que te duele es la parte trasera por estar tanto tiempo sentada en el trabajo. Triste realidad.  

Este viene acompañado de la adrenalina que te provoca el baile. ¿Quién no extraña estar corriendo de lado a lado, buscando los accesorios del vestuario, o ayudar a la compañera a abrochar su traje? ¡Y ni hablar del caos dentro del reducido espacio del camerino donde un montón de chicas están hablando y afinando detalles de su coreografía! Las vivencias en el salón de clase, los ensayos, sobre el escenario y fuera de este, son sin duda situaciones que se quedan en el corazón de toda bailarina, y aunque en la "vida real" podemos tener experiencias llenas de adrenalina, nada se comparará a sentir la aceleración del corazón cuando sabe que bailará.

 

 

 

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