¿Nostalgia decembrina? No dejes que la tristeza te controle

Quizás estás atravesando un momento difícil y la fiesta no te emociona. Respira, no estás sola.

Por Karen Hernández

La Navidad es tiempo de alegría, regalos, buenos deseos y unión familiar. Por donde vayas, hay decoraciones, luces de mil colores y un montón de gente riendo y disfrutando de cada momento. En diciembre, los rostros de todos parecieran estar tatuados de forma permanente, aún cuando tengan que ver frente a frente con la suegra o tengan que soportar el tráfico de los mil demonios, camino a casa.

¿Pero qué pasa cuando, por más felicidad que haya en el aire, no sientes emoción alguna? Pasa, y nos pasa a todos.

Quizá te encuentres en un panorama difícil, en un año pudieron ocurrir muchas cosas, y aunque hayan muchos momentos de alegría, también hay situaciones que te llevan a temer por la noche de Navidad o Año Nuevo.

Y es que las fechas se prestan para ver sillas vacías, relaciones rotas o familias separadas; el aire se tiñe de nostalgia, angustia, tristeza e incertidumbre y lo último en lo que piensas, es en contemplar con ilusión el árbol de Navidad. Es entonces cuando muchos optan por evadir la celebración, pero la verdad es que, la mayor parte del tiempo resulta imposible ignorarla.

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A pesar de que es un sufrimiento eminente, no tiene por qué ser permanente, sólo hay que buscar la forma de anesteciarlo para que no nos destruya. Sí, las sillas vacías y las ausencias duelen, pero no tienen por qué ser el eje de nuestra noche ni de nuestra vida. 

Aprovechando la magia de la época, todos tenemos una varita que nos permite tener de una u otra forma, todo aquello que nos falta esa noche. Una varita que nos ayuda a recordar los momentos vividos, las risas y las lecciones aprendidas. No tienes que gritarlas a los cuatro vientos, ni tampoco tiene que convertirse en el tema de conversación de la noche, basta con recordar y abrazarlo con el corazón. Quizá aún te sea muy difícil hablar de la ausencia, pero ignorarlo no es sano, debes aceptar para liberarte. Abrazar el dolor es parte del proceso de duelo.

No tienes que completar el proceso esta noche, pero hacer de lado la tristeza y el enojo, será una de las pruebas más importantes para hacerlo. Cuando menos lo pienses, estarás riendo mientras recuerdas las hazañas de tu ser querido y la cena Navideña volverá a ser una fiesta. Claro, a veces, por más que luchemos, la angustia y la tristeza no se van. No te juzgues y no reprimeas tus sentir, sólo no dejes que te controle ni que se convierta en tu martirio.

Quizá sea un buen momento para cambiar las tradiciones; un viaje, cenar en otro lugar, invitar a alguien nuevo o rearmar el menú te dará otra perspectiva.

Es horrible que te lo digan, pero el cliché de frases como "hay que animarse" y "él/ella hubiera querido que estuvieras bien", es muy cierto. Nadie te lo tiene que decir, pero tú misma debes grabártelo en la cabeza. Piensa que, así como hay sillas vacías, también ha sillas ocupadas por personas que te quieren y que siguen a tu lado a pesar de todo. Sé comprensible, es seguro que a tu lado hay otros que están pasando por tu mismo dolor, pero no juzgues si ríen en vez de llorar, no todos viven el duelo de la misma forma y eso no significa que importe menos. Aprovecha para rodearte de quienes amas, tu corazón lo agradecerá.

Piensa que las sillas ocupadas son oportunidades para reír y levantar la copa por todos los triunfos y éxitos obtenidos. Házlo también por tu ser querido y piensa que este fue cómplice de tus logros. Date la oportunidad para respirar y sonreír. Visualiza tus metas y decreta amor y felicidad para el año que comienza, verás que con el tiempo, la temporada volverá a llenarte de ilusión.  

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