¿Quieres pedir un aumento? Estas claves te ayudarán a lograrlo

Sigue estos consejos que te ayudarán a ser empático con tu jefe y lograr tus objetivos

Por DPA

Hablar con el jefe pone nervioso a más de uno. Sin embargo, nunca es bueno transmitirle al otro ese estado de nerviosismo. ¿Qué puede ayudar en esas situaciones?

¿Tengo una postura erguida? ¿Parezco abierto e interesado? Prestar demasiada atención a la postura corporal y a lo que se irradia en la conversación puede provocar más nervios todavía. Al final, uno parece demasiado "duro". Lo mejor es actuar de un modo natural, presentarse como uno suele ser.

Algunos se ponen nerviosos de sólo pensar que hablarán con el jefe. En esas situaciones, es difícil mostrarse suelto y natural. Una posibilidad es tratar de desentrañar los motivos del nerviosismo: ¿Qué es lo que genera temor? ¿Tiene que ver con el trabajo de uno o con una actitud del jefe? Es importante construir activamente la relación con los superiores, y parte de esa tarea consiste en despejar las tensiones que pudieran existir.

La cercanía con un superior no siempre es suficiente para construir una relación directa. En las empresas más grandes, uno se topa pocas veces con el director. Por eso siempre sirve confiar en uno mismo, sin que eso signifique sonreír todo el tiempo o ser sumiso.

El principio dice que aquel que solicita la conversación debería ser quien la guíe. Es decir: si cita el jefe, es él quien definirá el tema y la dirección de la charla. Si la conversación la pide uno, las cosas marcharán a la inversa. Por eso es conveniente mantenerse centrado y tener muy claro qué es lo que uno quiere plantear.

En todas las empresas hay un código de vestimenta. En algunas es más casual, en otras hay que llevar traje o algo formal. Lo recomendable es respetar estas convenciones. La ropa por si sola ya le transmite al jefe la idea de que las partes están "en el mismo barco".

DESCUBRE MÁS: