Giorgio Jackson puertas adentro: "Crecer con puras mujeres te hace comprenderlas"

El diputado de Revolución Democrática, quien logró la mejor evaluación entre sus pares en la última encuesta CEP, no se detiene. Entre múltiples ocupaciones parlamentarias se da tiempo para sus pasiones: ama ver series y películas, así como inventar recetas y cocinar con su polola. Creció rodeado de mujeres y en su equipo de trabajo los hombres son minoría. “he aprendido a ser feminista”, confiesa.

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Por: Jessica Celis Aburto. Fotografías: Manuel Villar.

Aunque mide 1,83 m, cuando jugaba vóleibol, Giorgio Jackson (28) se sentía pequeño frente a sus compañeros. Su altura imponente llama la atención en persona, al igual que su look informal de camisa de jeans celeste, denim negro y jockey. Podría pasar perfectamente por el líder de una banda musical.

El ex dirigente estudiantil y actual diputado de Revolución Democrática (RD) aparece puntual a la hora pactada en el frontis del ex Congreso. Su agenda está copada y la hace funcionar como reloj, para que el día le rinda. Hoy se mueve entre Santiago y Valparaíso, donde pasa algunos días a la semana por trabajo.

En su departamento capitalino, que comparte hace poco más de un año con su polola, la periodista Emilia Malig (26), disfruta cada momento que su agenda laboral le deja libre. Juntos arman panoramas para cocinar o salir a comer, pero también se reparten las tareas de la casa porque no tienen ayuda.

Emilia es una de las mujeres fundamentales en su vida, junto a su madre y 4 hermanas. Trabajó en un importante diario nacional y actualmente lo hace en el Centro de Políticas Públicas en la gestión de proyectos. Se conocieron el 2011. Ella era Presidenta de los Estudiantes de Periodismo de la UC y él, Presidente de la FEUC. "En ese tiempo no pasó nada, porque los dos teníamos pareja. Un año después recién empezamos a salir", cuenta.

¿Qué lugar ocupan las mujeres en tu vida?
¡Son todo! (risas). No tengo hermanos y mi papá (quien padecía de una tetraplejia desde antes que Giorgio naciera) murió el año pasado. Están mis 4 hermanas, una mayor y 3 chicas, y mi madre, quien es uno de los pilares más grandes en mi vida. Y por supuesto, Emilia. Nuestra relación es muy importante. Mi equipo de trabajo también está conformado mayoritariamente por mujeres: 6 de 9 personas. Diría que he aprendido a ser feminista (risas).

¿Tienes desarrollado tu lado femenino?
Habría que preguntarle a la gente que se relaciona conmigo, pero inevitablemente crecer con puras mujeres te hace comprenderlas mejor.

¿Eres bueno para el pololeo? ¿A qué edad empezaste a pololear?
Sí, me gusta (risas). El primero fue en octavo básico, pero duré un mes. Fue un desastre. No sabía lo que era pololear. Era básicamente como una amistad.

¿Y habías besado ya?
Sí, pero no (piensa y se ríe)… yo era muy de pololeo, bien conservador en el tema. Muy serio. Luego pololeé una segunda vez y duré como dos meses también. Otro desastre (risas). Luego tuve otro pololeo que duró un poco más, pero menos de un año. Y ya después tuve uno largo, de varios años.

 

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Te gusta estar en una relación de pareja.
Sí. Me siento cómodo. Lo paso bien cuando estoy soltero, no soy amargo en ese sentido, pero es mucho más rico establecer una relación con otra persona: tienes temas, puedes hacer cosas en conjunto. No se trata de estar siempre al acecho.

¿Eres más conquistador o conquistado?
Se me han dado las cosas.

¿Qué atributos o actitudes de una mujer hacen que para ti sea totalmente irresistible?
(Piensa) Primero, que tenga buen sentido del humor. Para mí eso es fundamental, que puedas reírte con la otra persona. La risa es algo con lo que conectas muy fuertemente. Lo otro es la complicidad implícita, que no tengas la necesidad de darle explicaciones, porque hay algo de base que hace que se confíe y se entienda en qué está cada uno. Que sea alguien a quien eches de menos, que te haga necesitarla sin que te lo esté pidiendo. Eso es rico.

¿Cómo eres en tu faceta romántica, con qué sorprendes?
Me gusta salir a comer, pero no es la puesta en escena, es algo constante: buscar panoramas, darme el tiempo para eso. Creo que me preocupo de los detalles y también soy mucho de escuchar y tratar de interpretar en qué está mi pareja para saber cuál es su estado de ánimo, para buscar un panorama de acuerdo a eso. Trato de ser asertivo conociendo a la otra persona. Es parte del desafío para que una relación viva.

Con Emilia, ¿qué actividades les gusta hacer juntos?
A ver… de las cosas que se pueden contar en una revista (risas)… Nos gusta mucho cocinar juntos.

¿Cuál es tu plato estrella?
El risotto. Ahora tengo un desafío, que es crear un risotto de lomo salteado. Lo comimos en un restaurante y dijimos que teníamos que hacerlo.

¿Eres de buscar recetas?
Sí. Cuando se me mete una idea en la cabeza, la busco en internet. Tenemos un libro de recetas, pero no lo ocupamos mucho. También me gusta cocinar pastas y estamos aprendiendo a preparar carne. A Emilia le gusta mucho hacer ensaladas exóticas. Le encantan las plantas, las flores y el tema de los almácigos. Tenemos muchos maceteros y cultiva para poner lo que cosecha a las ensaladas. Le he agarrado el gusto a la cocina. Poner buena música, tomarse un vinito y cocinar: riiiico… Lo disfrutamos mucho.

¿Invitan a amigos?
Sí, cocinamos solos o con amigos.

Y los fines de semana, ¿qué les gusta hacer?
A mí me gusta hacer las compras del supermercado, escoger las cosas para cocinar, porque me imagino altiro cocinando. Lo que sí, me tengo que disfrazar un poco para pasar un poco piola (risas). A Emilia le gusta mucho ir a La Vega. Vivimos al lado y a veces la acompaño, cuando puedo. También tenemos nuestros espacios propios y eso es muy bueno, porque hace que la relación no sea asfixiante, que nos necesitemos.

¿Es celosa?
No.

Tienes fans que te piropeen en redes sociales…
(Risas) Emilia ya superó eso de sentir celos si alguien me dice algo por redes sociales. En todo caso, es buena una cuota de celos para sentir que al otro le importas (risas). Pero el factor celos no es un tema en nuestra relación.

¿Hay alguna admiradora que se haya pasado de la raya?
Nooo. Me pasan cosas como que en la feria me piden fotos, y eso sería.

Y tú, ¿eres celoso?
Pocas veces.

¿En qué situaciones?
La norma es que no me ponga celoso…

Pero…
(Risas) Más que celoso, me intriga cuando otro hombre tiene estrategias para ir a conquistar a una mujer. Por ejemplo, me ha pasado en casos como cuando Emilia ha salido a bailar con sus amigas y me ha contado que la han sacado caleta a bailar. Yo la miro y le digo: "Ahh, ¿sí? ¡Qué buena!" (risas). No es algo que me produzca celos de verdad, porque tenemos una confianza que nos permite contarnos esas cosas y reírnos.

Y en el ajetreo doméstico, ¿eres aplicado?
Sí, y tengo que serlo. No tenemos ayuda, hacemos todo entre los dos. Hemos pensado en tener ayuda unas dos veces al mes, pero llevamos un año viviendo juntos y no ha pasado. Sí debo reconocer que la Emilia se lleva el mayor peso, porque yo paso varios días de la semana fuera.

Santa Emilia.
(Risas) Pero yo, al reconocer eso, llego con la mejor disposición para hacer cosas, antes de que ella me diga algo. Me entrego. ¡Algo se aprende en política! (risas).

 

EL DIPUTADO
¿Cuál de todos los temas políticos en los que trabajas, te preocupan más en la actualidad?
Son 2 desafíos. Uno, el tema de la educación superior, que se tiene que resolver este año. Fue por lo que salimos a las calles el 2011, queremos que sea justo y gratuito. Eso va a ser durísimo, porque habrá que ver cómo se aglutinan diversas voluntades para que salga un buen proyecto. Voté a favor de "la ley corta", ya que consideraba que no podemos ser indolentes frente a la necesidad urgente de las personas para acceder a la gratuidad, pero soy muy crítico de la forma en la que se está implementando. El otro aspecto que me interesa mucho es algo que no me imaginé nunca que me iba a preocupar tanto, y tiene que ver con la seguridad ciudadana, las cárceles, las policías. En general, con el tratamiento de la persecución penal del Estado, cómo éste produce desigualdades, cómo excluye, cómo se invisibiliza a los niños en el Sename desde muy chicos; cómo no se toman medidas para que ellos tengan las herramientas para que puedan enfrentar las vicisitudes de la vida y cómo nos olvidamos del sistema de cárceles. Así es obvio que van a reincidir, porque no hacemos nada por evitarlo. Se están aprobando leyes que no mejoran la seguridad de las personas y agravan la exclusión de ciertos grupos sociales.

Has hablado de promover la creación de círculos virtuosos en lugar de círculos viciosos.
Sí, creo que hoy se dan círculos viciosos con las leyes que se están dando en materia de delincuencia. Obviamente, la delincuencia siempre será un problema pero en lugar de olvidarnos de él, metiendo a la gente en la cárcel, que es una solución simplista, deberíamos preocuparnos porque no haya más personas que delincan y saber cómo ayudar a quien lo ha hecho para que se reinserte en la sociedad.

¿Cuál es tu opinión sobre el proyecto de control preventivo de identidad, que se busca aprobar?
Me parece que es una medida que no va a tener ninguna efectividad y que hará además que ciertas personas, sobre todo aquellas con ciertos rasgos raciales o sociales, puedan ser prejuzgadas como delincuentes. Eso le hace un daño invisible a la sociedad, ya que a las personas rubias, de Las Condes y Vitacura, no les van a hacer el control de identidad. Se lo van a hacer a las personas con pómulos abultados, morenas y con ropa en desuso. Eso refleja una sociedad muy clasista y debemos luchar contra eso, sin desconocer los delitos que se hagan. Es una medida que pretende dar seguridad a la gente, pero se va a jugar a la pesca milagrosa.

¿Cómo evalúas la labor del Gobierno y la Presidenta, su caída en la adhesión?
El impulso inicial fue algo que vi con buenos ojos, incluso con una línea clara hacia reformas, más allá de sus detalles. Había una idea de transformación, de enarbolar las banderas de las luchas sociales de la educación como un derecho, de una reforma tributaria para mitigar la desigualdad, de hacer una nueva Constitución. Y creo que con el paso del tiempo se han evidenciado diferencias en el bloque de Gobierno, la Nueva Mayoría, los partidos y los candidatos, con todas estas crisis de financiamientos. Siento que además de perder ese impulso, el Gobierno ha terminado siendo ni chicha ni limonada. Es difícil que la gente sienta adhesión cuando se eleva una expectativa en la campaña y luego se empieza a dudar en el camino. Eso no se puede: hay que elegir. Si vas a hacer reformas, hazlas. Seguramente habrá gente en contra, pero te las tienes que jugar. No se pueden hacer tortillas sin quebrar huevos.

¿Qué peso le das a la Democracia Cristiana en las decisiones de la Nueva Mayoría y el Gobierno?
Muy grande, y es un peso que quizás no se hace tan explícito ni en los cargos ni en la conformación de los equipos de Gobierno. Creo que es mucho más importante lo comunicacional. La DC pone en duda permanentemente lo que hace el Gobierno, amenaza con la posibilidad de quiebre y han abusado de esa herramienta, al punto que ya no es creíble. Como cuando dijeron que nunca harían Gobierno con el PC y sí lo hicieron. Lo mismo hacen con las reformas y a veces les resulta. Inciden en el debate, porque son parte de la coalición de Gobierno, pero hacen mucho daño, cuando se supone que con tus amigos vas para el mismo lado. Si no quieren ser parte del Gobierno, deberían decirlo, tener un poco más de lealtad. A veces nos pasa a quienes estamos afuera, que defendemos más las reformas que quienes salieron en la foto con la candidata.

¿Qué te pareció salir el político mejor evaluado en la última encuesta CEP?
No me imaginaba ese resultado y quiero decir que nuestro resultado se ve positivo porque todos los partidos están muy mal. A Revolución Democrática nos conoce poquita gente todavía, falta mucho por crecer. No hay ningún partido o movimiento que tenga sobre el 50%, por lo tanto tampoco es que digamos que lo hemos hecho espectacular y estamos listos. Estas alternativas que emergen, como RD y otras, muchas veces nacen en contraposición a las malas prácticas que los propios partidos han generado frente a la ciudadanía.

¿Es realmente posible que los actores políticos más clásicos den paso a las nuevas generaciones?
Para que haya un recambio real debe haber personas dispuestas a ser una alternativa, que es lo que estamos haciendo nosotros y otros grupos. También se necesita que las personas digan quieran que haya nuevas figuras o colectividades. Lo más cómodo es quedarse en la casa y quejarse diciendo que todos los políticos son lo mismo de siempre. No es que no entienda la rabia de la persona que se queja, pero sólo con la queja, lamentablemente, no vamos a cambiar las cosas. Hay que encontrar la forma en que, junto a la crítica, se diga cómo nos ponemos a disposición para un cambio.

¿Cómo clasificarías al votante chileno?
De partida, como no-votante, porque la gran mayoría no vota. Es doloroso, ya que en una democracia todos deberíamos participar. Probablemente, no hay credibilidad en el sistema para que la gente participe y es como un círculo vicioso: si no hay credibilidad la gente no participa y si la gente no participa, tampoco va a ver credibilidad. Hay que ver cómo cambiamos a las instituciones para que la gente se sienta atraída a participar y también la gente debe enganchar para organizarse y actuar. Si no te gusta alguna alternativa, vota aunque sea blanco. Es la única manera de mostrar y decir algo.

De 1 a 10, ¿cuál es tu nivel de apoyo al Gobierno?
En área de Seguridad Ciudadana le daría un 1 o 2, máximo 3. En Educación sobre un 5, pero no más, porque siento que ha faltado convocar a los actores sociales para tenerlos como aliados, más que verlos como amenaza. En Salud muy mal, un 3 o 4. Hay personas del Gobierno con un discurso súper nítido en cuanto a un diágnostico, que uno sabe que tienen propuestas importantes de cambios y transformación, pero algo hay en el anillo de toma de decisiones de La Moneda que impide que eso se materialice en reformas y que el Congreso las apruebe rápido.

¿Dónde se pierden?
En la Nueva Mayoría. Hay mucho poder de los empresarios, que es uno de los factores para tener cierto temor a las reformas desde el Gobierno. Los empresarios tienen un poder gigantesco y no sólo a través del financiamiento de las campañas, sino como poder fáctico de la economía, de los medios de comunicación y de cómo se construye un imaginario colectivo de las cosas. La capacidad que han tenido los empresarios en incidir en la agenda de Gobierno ha sido muy potente.

Y en materia de derechos de la mujer, ¿cómo evalúas lo que se ha hecho?
Aunque se haya creado un Ministerio de la Mujer, tengo la impresión de que su rol no se manifiesta en lo concreto. Un ejemplo es que se entrampe un tema como el aborto terapéutico, que tiene que ver directamente con los derechos de las mujeres. Los 3 aspectos que contempla la ley son causantes de grandes traumas, de mucha desprotección por parte de la mujer frente al sistema. Nadie te dice que lo promuevas. Lo que uno dice es que la mujer pueda tomar una decisión de manera segura, que no se sienta una criminal ni delincuente. La sociedad debe entender que la mujer tiene derechos primordiales y eso no se ha visto con fuerza. Vamos a ver si ahora se aprueba el proyecto con las modificaciones. Somos uno de los 4 países en el mundo que aún no logra resolver esto. Y esa no es la única discriminación: también se da en las pensiones, los sueldos, isapres, en política… A eso se suma lo relacionado a la maternidad y paternidad. Más que una agenda pro mujer, hay que hacer una pro paternidad, que finalmente es para apoyar a la mujer en su igualdad de trato. Por ejemplo, en los malls y aeropuertos generalmente no encuentras mudadores en las baños de los hombres. Es un detalle, pero que muestra lo machista que es nuestra sociedad. Hay que entender a las parejas como tales: parejas. Escucho a la Ministra del Sernam que tiene ese discurso, y bien, pero no puede ser política de un ministerio, sino transversal, en todos. Así se impulsa el rol de la mujer. Se sigue con la maldita práctica de que las decisiones importantes sean tomadas por los hombres. Eso es muy malo.

El estilo Jackson
Tu look me llamó la atención. ¿Te ocupas, eres muy vanidoso?
Creo que me preocupo, pero como podrás ver, ¡con estos zapatos…! (risas).

Igual tienen un buen diseño.
Son de retail. ¡Mira cómo están de gastados! Toda mi ropa la compro ahí, pero trato de cultivar un estilo. Antes era más preocupado. Cuando empecé a quedar pelado fue un tema, pero de un día para otro me rapé y superé el problema.

¿Te acompleja?
Diría que me acomplejaba más cuando tenía pelo y estaba naciendo el estadio (risas). De repente no me afeito en varias semanas y me da lo mismo, pero trato de estar siempre aseado, ducharme harto y echarme un perfumito para estar bien (risas).

¿Compras tu ropa solo?
Sí, pero aprendí. Hace 5 años era un desastre. Me ponía puras cuestiones que no tenían que ver con la otra. Pero como todo, se aprende. Creo que lo asimilé.

Y de la piel, ¿te preocupas?
Mi piel es terrible, porque tengo debilidad capilar, un poco de rosácea. Me pongo bloqueador sólo a veces y porque Emilia me obliga a usarlo. Soy muy irresponsable, aunque sé que debo cuidarme, porque tengo antecedentes de cáncer de piel. Por eso ando con jockey. Me preocupa que me aparezcan manchas permanentes por la falta de cuidado.