Hombres violentos: Rehabilitación, ¿sí o no?

La violencia contra la mujer se analiza hoy de forma integral, por lo que tanto entidades privadas como el propio Sernam incorporan el trabajo con hombres en el tratamiento del tema. ¿Los resultados? Agresores que han logrado cambiar la forma de relacionarse con las mujeres, des-aprendiendo ciertas costumbres y creencias.

Por Rebeca Ubilla M.

Si hay una cifra de la que como país no podemos sentirnos orgullosos son los femicidios anuales. De hecho, a la fecha ya han muerto 40 mujeres a manos de sus parejas, convivientes o ex maridos, siendo esta la forma más extrema de violencia contra las mujeres.

A ello se agrega que frecuentemente escuchamos de golpes físicos y maltrato sicológico al que están expuestas cientos de mujeres diariamente, de distintas clases sociales y edades. Según la Encuesta Nacional de Victimización del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), de Violencia Intrafamiliar y Delitos Sexuales 2012, el 35,7% de las mujeres entre 15 y 59 años que mantienen o han tenido una relación de pareja señalan haber sido víctimas de violencia intrafamiliar.

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En tanto, datos de ONU Mujeres dicen que hoy un 35% de las mujeres y niñas sufren de alguna forma de violencia –llegando al 70% en algunos países– la cual es ejercida principalmente por su compañero sentimental.

Hasta hace un par de años la mayoría de las políticas orientadas a tratar el tema se centraban en las mujeres, sesgando la visión de esta realidad desde las víctimas. No obstante hoy, tanto entidades privadas como el propio Sernam, han comenzado a trabajar con los hombres agresores. Es por ello que la pregunta que cabe hacerse es, ¿aquellos que ejercen la violencia contra las mujeres consiguen rehabilitarse y cambiar su conducta? La respuesta no es fácil, ya que como explican los especialistas, en su conducta inciden varios y complejos elementos.

Factores personales
Karina Cañas, especialista en sicología jurídica y forense del Centro de Sicoterapia a la Medida, explica que "en una relación en que hay violencia contra la mujer se conjugan múltiples factores, como estilos de crianza, creencia de lo que es una familia, bajo nivel de empatía y autoritarismo, entre otros". Pero además recalca que "estos hombres se vinculan con mujeres que complementan este circuito, mostrando un gran nivel de adaptación y sumisión. Además, hay dependencia económica, emocional y la necesidad de un padre para los hijos".

De esta manera, según explica la sicóloga, cuando se habla de un hombre violento, se consideran factores personales, donde los estilos de familia se perpetúan. "Si creció en un ambiente de violencia, ésta se valida, porque así crecieron. Son aprendizajes previos que se conjugan con personalidad", aclara.

Agrega que un hombre violento siente ira, rabia y frustración. "No puede manejar esas emociones sin perder el control". Añade que suelen culpar al otro de su conducta. Dicen, "me enojo, porque tú tienes la culpa", por lo que no se ven con un problema.

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Los agresores que llegan a pedir ayuda lo hacen generalmente impulsados por alguna situación, como el abandono de su pareja, pérdida de los hijos y/o trabajo, o derivados por algún tribunal tras ser denunciados. Según explican los especialistas, a ellos se les somete a una terapia que por lo general dura un año, tiempo en el cual se buscará que el afectado identifique el problema. "Se trata de terapias cognitivas que buscan analizar qué está influyendo en ellos a nivel de pensamiento. Luego, en una segunda etapa, se incorpora a los involucrados: pareja e hijos", explica Cañas.

Señala que los casos más difíciles corresponden a quienes minimizan absolutamente su responsabilidad, no asumen su participación en los hechos, cuentan con un muy bajo nivel de empatía, y poseen rasgos siquiátricos ligados a depresión y ansiedad. "En ellos la recuperación es más difícil".

Problema social
Trabajadores sociales de la Universidad del Pacífico, quisieron abocarse a analizar el tema, para lo cual –en el 2014– realizaron el estudio "Un nuevo comienzo: significados desde hombres que han ejercido violencia de pareja". En él señalan que "la violencia en contextos de pareja se ha transformado en un problema social relevante; sin embargo, existen programas de intervención que han demostrado ser efectivos en modificar este tipo de relaciones".

Según explicó María Constanza Campos, Trabajadora Social que participó en el estudio en el que analizaron un programa para hombres violentos realizado en la comuna de San Antonio, el trabajo que fue exitoso se centró en de-construir los patrones culturales que los agresores tenían, y en reeducar la relación violenta que ejercían con sus parejas. "Primero se trabajó en sesiones individuales a través de una introspección, para que vieran que cada resolución que hacían de un problema era de forma violenta. Luego, en el trabajo sociocomunitario, la terapia se enfocó en cómo se ven frente a la comunidad. De esta manera se le entregaron técnicas para el manejo de sus relaciones sociales y la nueva construcción de su identidad masculina", indica.

Sin embargo, Constanza aclara que los hombres que se recuperaron son los que cumplieron con todo el programa y que no poseían ningún trastorno sicológico ni resistencia al cambio.

Centros especiales
El Sernam también incorporó al hombre violento en el trabajo que realiza sobre femicidio y violencia. Para ello, desde el 2011 se crearon centros especiales para trabajar con agresores masculinos, por lo que hoy cada región del país cuenta con uno de ellos.
Según comenta Rubén Arenas, sicólogo clínico encargado de las centros de hombres del Sernam, "aquí la violencia no se trabaja como una enfermedad ni como una particularidad de la relación de un hombre con una mujer, sino como una expresión de una organización social patriarcal que privilegia al hombre sobre lo femenino, siendo él el llamado a controlar a otros estamentos. Por lo que la violencia es un proceso que se aprende socialmente a través de la formación".

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Considerando este aspecto es que los centros del Sernam buscan que los agresores des-aprendan esas conductas violentas y puedan establecer nuevas relaciones entre lo femenino y lo masculino. Pero para comenzar ese trabajo, quienes ingresan al centro deben ser capaces de hacerse responsables de su conducta y de advertir el daño que causan a la víctima.

Arenas señala que con la terapia que reciben los afectados –tanto la individual como la grupal– "la primera violencia que desaparece es la física, pero la que más cuesta es la sicológica, ya que está arraigada en la cultura machista, donde el control del hombre se confunde con amor". Una vez que terminan se les hace seguimiento a los participantes a través de contactos telefónicos y citaciones presenciales.

¿Resultados? A la fecha estos centros del Sernam han atendido a 5.000 hombres, de los cuales han egresado 500, mostrando cambios significativos y logrando extinguir la violencia física de su relación de pareja.

"Logré sanarme, despertar y reinventrame"

Hace dos años, Mario (43) ingresó a los centros del Sernam. Venía con la carga de haber ejercido violencia contra su mujer durante largo tiempo, por lo que ella lo había dejado. "Fue ahí cuando me pregunté si realmente era violento, porque no me daba cuenta. Llegué al centro y me pasaron unos cuestionarios; sin darme cuenta estaba llorando, porque de a poco me comencé a sentir identificado".

Agrega que "había tomado conductas de la sociedad, familiares, una forma de ser que estaba validada. Uno grita a una mujer en la calle y nadie dice nada. Hoy sé que eso no corresponde, me di cuenta que por lo que hice perdí a mi mujer y a mi familia".
Tras dos años de trabajo de terapia individual y grupal, Mario –quien hoy recuperó la relación con sus dos hijos– dice que "logré sanarme, despertar y reinventarme, y estoy disponible para dar mi testimonio de que sí se puede".

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