Catalina Parot: "A mucha gente en política se la come la ambición"

La ex ministra de Bienes Nacionales se afana, con la bravura de una local, en conquistar la diputación del distrito 38 en la VII región. Hasta allá la seguimos para ver cómo busca conquistar los votos de la tierra que la vio nacer, cómo se recupera de los amargos eventos que la sacaron sin miramientos de la postulación a la senaturía por Santiago Poniente, y cómo proyecta su mirada de mujer y política hoy.

 

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Por Pilar Huilcaleo Mateluna. Fotografías: María Elena Montecinos.

Nos encontramos en las profundidades de la VII región. La primavera apenas se asoma y el frío consigue morder nuestros pasos. A lo lejos una batucada, y al menos 10 jóvenes con banderas rojas intentan convocar a los vecinos. Un séquito de perros "guachos" olisquea y mueve su cola acompañando, siempre festivos, al grupo. Entre ellos, una mujer delgada, rubia, con chaqueta blanca, sonriente, que se mueve experta sobre una silla eléctrica.

Abraza, regala dulces, habla con los vecinos que se atreven a salir a su encuentro. Muchos de ellos la llaman "señora Catita", en recuerdo de los tiempos en que ella era la hija del patrón donde oficiaban de temporeros. Muchas mujeres la esperan con su listado variopinto de peticiones, blandiendo su voto como prenda de cambio. Varios se lamentan de las mentiras de la política, otros se confiesan decepcionados de todos los bandos. Catalina Parot lo reconoce, dice saberlo. Y se compromete a lo contrario, vuelve a sonreír, a abrazar, toma nota de lo que pudiera hacer para ayudar, y avanza.

Todos le preguntan cómo está, y se reconoce bendita tras el accidente del domingo 29  de septiembre en Providencia, del que sólo le queda la pena de ver a dos jóvenes morir. "Siempre he pensado que la vida es un milagro, que dura poco, y que uno la tiene como un milagro todos los días; el accidente me reafirma eso", explica. Al poco andar su silla se entrampa, pero ella ya conoce cómo son las cosas; retrocede y vuelve a arremeter, lo que pareciera una metáfora de su propio camino. Esta es la tercera vez que postula a un cargo público, y la segunda por esta circunscripción. Cuenta que el camino recorrido le ayuda y se siente confiada, pese a los problemas que pueda encontrar.

Acabamos de ver a una adulta mayor que vive sola en una casa a punto de caerse a pedazos y que está enferma… Hay tantas cosas urgentes por hacer. ¿Cómo asumes eso?
No lo asumo desde la perspectiva de la lástima…, porque he aprendido que a pesar de la pobreza y la soledad, hay capacidad de ser feliz. No por el hecho de que una persona esté sola, pobre o enferma, no tiene la posibilidad de ser feliz. Lo he visto, la felicidad surge. Ahora, esa realidad a mí me hace sentir profundamente responsable. Desde el momento que tuve una perspectiva de servicio público, que me pude preparar como abogada, que tuve el poder como Ministra, me siento con responsabilidad. De veras que si llego al Parlamento, y conociendo esta realidad, ayudaré a que esto cambie.

En este recorrido uno puede ver el Chile profundo, que no se condice con las tremendas cifras macro económicas. ¿Qué se ha hecho mal?
Creo que aquí se ha perdido el cable a tierra, el contacto con lo verdadero. Pienso que hemos hecho harto como Gobierno, pero nos hemos dedicado a promover demasiado el éxito desde las cifras macroeconómicas, desde una perspectiva general. Pero cuando uno conoce lo que pasa dentro de las casas, y miras a los ojos a la gente, sientes que queda mucho por avanzar. Y que tal vez el tipo de desarrollo que tenemos no es bueno para que realmente se solucionen los problemas. Pareciera que camináramos por dos carriles: el carril de la gente que está viviendo en el desarrollo, y aquella que se queda debajo de ese desarrollo, que nadie mira, que pareciera que no sirve, como un desecho humano, que nadie ve y que nadie toma en cuenta.

¿Cómo unir en un solo camino esos dos carriles?
Debemos terminar con esta desigualdad. No puede ser que el país en el largo plazo no se construya en paz ni con proyección de futuro, con esta realidad, donde una parte del país avanza y estamos muy cerca de ser desarrollados, mientras otra parte de nosotros, una parte importante de la sociedad, queda al margen. Este es el verdadero problema de Chile. En ese sentido, creo que Evelyn Matthei ha sido certera en decir que necesitamos un avance al estilo de sociedades avanzadas, como la alemana o la sueca, por ejemplo, donde se invierte mucho en la sociedad de bienestar. Pese a que existe una crisis muy grande en este tipo de sociedades, porque el presupuesto de la nación no alcanza a cubrir todos los costos de ella. Creo que esto se puede realizar asumiendo lo que se puede hacer y también poniendo los incentivos para que quien pueda asumir los incentivos en su vida, lo haga.

Valga el cliché, pero entre Santiago y regiones también hay dos "Chiles". ¿Cuáles son los principales problemas del sector de Talca y alrededores?
En este distrito hay muchas necesidades diferentes a las de Santiago, más básicas. Por ejemplo, acá en salud el problema no son las Isapres, sino que no hay especialistas en los hospitales públicos, donde la mayoría se atiende. El país debe invertir en especialistas, es urgente. Una persona llega con una otitis declarada y le dan hora para 6 meses más. ¡Eso no puede ser! Y otra cosa que se ve siempre, mujeres y hombres sin dentaduras. No tienen opción de ir a un dentista y se quedan sin dientes. ¡Hay tanta necesidad en la región! Hay dos Chiles, y debemos ocuparnos. Una persona que vive con 80 mil pesos no tiene cómo acceder a lo básico.

En el "casa a casa" la gente reclama. Hay mucha desconfianza respecto del político…
Sí. Tal vez es un tema institucional. Creo que el sistema binominal tiene mucho que ver con esto. A lo mejor algunos dirán, ¿será muy exagerado? Pero no. Porque resulta que los políticos sabían que la designación de los cupos dependía no de la gente, sino de las cúpulas del partido, estaban más preocupados de hacerse amigos de la cúpula que tener un vínculo con la gente. Y creo que en los últimos años se ha perdido ese cable a tierra, el contacto con la gente. Porque venían para la época de elecciones y después se olvidaban de la gente hasta los próximos cuatro años, cuando se volvía a hacer la misma campaña. Ellos saben que es mucho más importante estar bien con la directiva de los partidos, porque de eso depende su cupo, no de la gente. De ahí que viene una desafección muy grande con la política y este desencanto que notamos en la calle que se expresa.

¿Le dices esto a tus colegas?
¡Pero obvio! No en el Parlamento, pero sí en el partido. Lo que hicimos para mejorar este tema –y en eso el presidente Piñera ha dado saltos bien grandes– es aprobar la ley de inscripción automática y el voto voluntario, que yo creo que obliga a los políticos a tener otra actitud. Ahora deben trabajar para que la gente vaya a votar por ellos. Ese fue un primer factor importantísimo; el segundo fueron las primarias, claro que algunos partidos se las arreglaron para no tenerlas. Creo que hay que modificar la Ley de Primarias, para que la ciudadanía sea quien decida quiénes van a ser los candidatos. El presidente ha sido súper audaz, incluso tomando decisiones que dentro de nuestro propio sector le critican. Por ejemplo, el voto voluntario; podríamos decir que no nos fue tan favorable en las municipales, pero es una apuesta por la ciudadanía, es sano.

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