Pablo Longueira: el hombre de las verdades incómodas se confiesa

Debió ser difícil partir al final. Pero Longueira trabaja incesantemente para ponerse al día. Lo critican porque en TV no consigue verse simpático. Lo sabe, y ha aprovechado las instancias que se lo han permitido para mostrar su lado B, ese que le alaba tanto su señora y que probablemente tenga mucha razón: mal que mal ya lleva 30 años a su lado. Y es que Longueira suele ser el hombre de las verdades incómodas, pero con el compromiso que siempre sean verdades.

 

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Por Angélica Salas. Fotografías: Gonzalo Muñoz.

En tiempos en que la carrera presidencial está tan mediatizada, esto de ser "popular" es a lo que aspiran todos los candidatos. Claro que, además, hay que tener discurso para las reuniones cara a cara, ánimo de mover las caderas si hay música, bonita voz para la radio, ser clarito para los diarios, y tener "ángel" para la tele.

Y…, tiempo para prepararse. Pablo Longueira asumió de un minuto a otro su candidatura, por lo que en el camino le han salido críticos acérrimos que, curiosamente, más que reprocharle las ideas, le critican no verse bien en pantalla.

Longueira cierra nuestro ciclo de presentación de candidatos a la presidencia. Conversamos con este ingeniero que ha levantado como lema querer "Un Chile más justo".

El servidor público

Dice que partió en la política por casualidad; muy joven, como presidente del Centro de Alumnos de Ingeniería, y luego como presidente de la Federación de Centros de Estudiantes de la Universidad de Chile. Pero que su inquietud social venía de antes.

"Vengo de una familia de alto compromiso social, y estuve en un colegio que también desarrolló eso en mi (San Ignacio). Mis papás siempre fueron muy inclusivos con la realidad chilena, y más aún de aquel tiempo. Nosotros crecimos en una parcela en Melipilla, muy relacionada al mundo agrícola, y siempre con los ojos muy abiertos a la realidad. Y en el San Ignacio viví las misiones, los trabajos como obreros, involucrarse con la pobreza. Siempre tuve claro, desde muy pequeño, mi vocación de ingeniero. Y aunque no tuve un entorno político en mi familia, finalmente fui invitado a formar parte de un partido político. En ese sentido, Jaime Guzmán fue muy sabio e inteligente en convocarme en un partido de centro derecha comprometido con la pobreza, pues no existía uno con esa vocación. Y me cautivó. Me volqué al trabajo en poblaciones, participé en la erradicación de campamentos, en la formación de dirigentes: esa es para mí la época más bonita de mi trabajo político. Me he sentido, mucho más que siendo un político, siendo un servidor público en la política. Es una maravilla contribuir con un grano de arena a cambiar este país".

Desde 1989 Longueira ha corrido invicto en cada elección en la que ha participado, tanto a diputado como a senador; de hecho, él mismo reconoce que si alguna vez hubiese perdido una elección, probablemente no estaría aquí.

Pablo, ¿las cosas en la política son como dice Andrés Allamand, "sin llorar"?
No, para mí siempre ha sido llorando. No tengo esa mirada. Los que tienen esa visión son personas que entienden la política en un contexto totalmente distinto al mío. He llorado muchas veces; uno sufre, hay cosas de la política que no son fácil de llevar. Tengo una mirada de un compromiso con más sentido y con más sentimiento.

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